*

X
Las filosofías que se derivan de la India tiene un objetivo central: entender la conciencia y transformar al individuo; la filosofía occidental se limita a la mera intelectualización de la experiencia.

Aunque en Occidente se asume someramente que el primer verdadero brote de la razón --ciencia o filosofía-- se dio en Grecia (olvidando que los griegos siguieron lo que ya habían ideado otras culturas), la realidad es que los primeros grandes filósofos provienen del Valle Indo. Ciertamente hoy la academia se interesa por las filosofías de la India como un objeto de investigación e incluso la ciencia empieza a incorporar algunas de sus "tecnologías" de manera secular (como la meditación vertida en "mindfulness"), pero en gran medida se piensa que sus conocimientos, si bien son notables dentro de una visión histórica, hoy en día han sido superados por el progreso tecnoracional, y son vistos como un resabio del pensamiento mágico que el materialismo científico ha dejado atrás.   

La ciencia materialista y la neurofilosofía moderna consideran que la experiencia subjetiva no tiene el mismo valor que el conocimiento objetivo y por ello relegan el estudio de la conciencia (la cual es un epifenómeno del cerebro). La filosofía occidental moderna sí estudia la conciencia pero solamente desde una perspectiva teórica-lingüística (aunque existen honrosas excepciones); los filósofos no suelen experimentar consigo mismos ni hacen de su filosofía como un arte de vida. Ni tampoco generan su filosofía a partir de su experiencia de la conciencia, sino simplemente de lo que aprenden en las universidades y de lo que la academia considera adecuado para discutirse. Esta es la gran diferencia entre la filosofía occidental moderna, dueña del rigor académico pero mayormente estéril en lo referente a las potencias de transformación vital, y de la tradición filosófica de la India, de la cual se derivan  principalmente  el hinduismo (un término paraguas, un tanto impreciso, que incluye a numerosas manifestaciones religiosas), el jainismo y el budismo. La gran aportación de la filosofía de la India, al menos desde los Upanishads (hace unos 2800 años), es que dirige toda su atención al estudio de la mente y sus procesos; la conciencia es el gran sujeto de estudio, y no la materia, el gran objeto de estudio de Occidente. Y es por ello que Occidente en cierta forma está siendo colonizado espiritualmente por Oriente con el yoga, el tantra, la meditación budista y demás disciplinas que producen experiencias significativas bajo una clara metodología y que toman en cuenta nuestra experiencia subjetiva (que es lo que realmente importa para una persona). Para los filósofos de estas tradiciones que nacen en la India, la filosofía no tenía ni tiene sentido si no logra transformar al individuo, sino lo acerca a la liberación del sufrimiento (en todas las filosofías de la India hay un equivalente al concepto de moksha). Un ejemplo de esto es la famosa parábola budista que señala que una vez que se ha cruzado la orilla, se debe abandonar la balsa (la doctrina) que ha permitido lograrlo (el bagaje intelectual no tiene sentido como carga, sólo como vehículo). La tendencia de hacer de la filosofía mero discurso lingüístico, ya la había notado Sócrates --quien según Platón definió la filosofía como un entrenamiento para la muerte-- cuando criticó a los sofistas. Así que nuestra tradición occidental ciertamente tiene esta noción de una filosofía orientada a la transformación, donde el conocimiento no puede ser separado de la conducta y se comprueba como cierto en la medida en la que el individuo tiene experiencias que lo transforman. El filósofo francés Pierre Hadot parece hacer referencia a esto al definir la filosofía helénica esencialmente como una serie de "ejercicios espirituales", los cuales:

corresponden a un cambio de visión del mundo y a una metamorfosis de la personalidad. La palabra "espiritual» permite comprender con mayor facilidad que unos ejercicios como estos son producto no solo del pensamiento, sino de una totalidad psíquica del individuo que, en especial, revela el auténtico alcance de tales prácticas: gracias a ellas el individuo accede al círculo del espíritu objetivo.

Lamentablemente esta tradición se ha ido marginando en Occidente a lo largo de los siglos, como siempre, con notables excepciones como lo fueron los alquimistas, los rosacruces y diversas manifestaciones de filosofía oculta (que por definición existe al margen del saber establecido). Jay Garfield, en un reciente artículo en el New York Times argumenta que si la filosofía no se diversifica deberíamos de llamarla lo que realmente es: filosofía eurocéntrica. Esto es lo que se enseña en las universidades bajo el nombre general de filosofía: filosofía eurocéntrica. La filosofías de Oriente se enseñan, a veces fuera del departamento de filosofía, sólo como estudios culturales, como si fueran labor museográfica y carecieran de vigencia. Y, sin embargo, si nos guiamos en la fecundidad que tienen las filosofías orientales para galvanizar a la gente que entra en contacto con ellas, parecen muchos más vitales que la filosofía occidental moderna, la cual resulta mayormente inaccesible e incluso cuando se logra dominar su lenguaje especializado no se observan grandes diferencias en la la vida de una persona. De nuevo, resalto que existen excepciones pero como tema general la filosofía occidental moderna no está muy preocupada con transformar la conciencia (y con ello la experiencia de mundo de las personas) y producir ejercicios y aplicaciones prácticas. 

El historiador alemán Heinrich Zimmer notó este énfasis en su Filosofía de la India:

Pero la principal preocupación --en notable contraste con los intereses modernos de los filósofos occidentales-- ha sido siempre no la información sino la transformación: un cambio radical de la naturaleza humana y, con él, una revelación de su manera de entender tanto el mundo exterior como su propia existencia: transformación tan completa como es posible, y que, si tiene éxito, equivaldrá a una total conversión o renacimiento.

Jaideva Singh, un importante traductor de textos del tantrismo de Cachemira, escribe en su introducción al Pratyabhijnahrdayam:

En la India no hay tal cosa como un filósofo de escritorio. La filosofía en este país no es sólo una forma de pensamiento, sino también una forma de vida. No nace de la ociosidad o la curiosidad, ni tampoco es un mero juego intelectual. Cada filosofía aquí es una religión, y cada religión tiene una filosofía. El filósofo aquí nunca fue un imponente profesor dictando cátedra a una clase que teje telarañas teóricas en su estudio, sino aquel que era llevado por un profundo anhelo interno a saber los secretos de la vida, aquel que vivía laboriosos días de disciplina espiritual y que veía la luz a través de la transformación de su vida. Movido por la compasión por sus prójimos, intentaba luego interpretar la verdad que había experimentado de manera lógica para que pudiera servir a otros hombres. 

Singh agrega que en el tantrismo, la filosofía que era impartida debía de ser "vivida y probada en el laboratorio del ser". En cierta forma las filosofías de la India, particularmente aquellas que incorporan todos los ámbitos de la existencia (y no niegan el cuerpo ni renuncian al mundo), como el tantrismo (ya sea budista, shaiva, shakta, vishnaiva y demás), están más cerca de la ciencia que la filosofía occidental moderna. La gran razón por la cual la ciencia materialista se ha encumbrado como el saber dominante es que produce tecnología. Estas filosofías antiguas también produjeron tecnologías, poderosas herramientas de introspección, el equivalente a un telescopio para sondear el Ser y conquistar la mente. Pero, mientras que la tecnología moderna generalmente está motivada por el deseo del crecimiento económico, la tecnología espiritual de estas filosofías estaba motivada por el deseo de crecimiento interno y bienestar duradero. En una era materialista, adicta a mirar hacia afuera y a conquistar lo externo, estas tecnologías son consideradas menos importantes.

Twitter del autor: @alepholo

 

Te podría interesar:

¿El paganismo es la religión perfecta para los millenials?

Filosofía

Por: pijamasurf - 11/01/2016

El paganismo no es una religión como tal, sino una suma de diferentes prácticas espirituales que pueden adaptarse personalmente con gran flexibilidad

La función de las religiones en la vida de la gente puede abordarse desde puntos de vista comunitarios, políticos, económicos, e incluso como genuina necesidad espiritual de trascender lo inmediato, hacer contacto con una naturaleza divina profunda, o la vivencia del relato vital que los practicantes decidan. Las religiones tradicionales (pensando en el catolicismo, el cristianismo, el judaísmo y el islamismo, "religiones del libro") tienen en común un culto a una forma divina tardía (el dios masculino todopoderoso), por lo que podemos considerarlas religiones “jóvenes” con respecto a cultos más antiguos.

Es a este tipo de cultos antiguos que se aplica la palabra “paganismo” al explicar la creciente afiliación de estudiantes y jóvenes en Occidente a ceremonias Wiccan, a la lectura de Magick, al regreso a las fuentes prehispánicas provenientes de pueblos mayas, huicholes, zapotecos, incas, mapuches o apaches, por nombrar sólo algunos, así como a formas híbridas de conocimiento espiritual, como el paganismo humanista, el neopaganismo, la Iglesia de Satán, el ecopaganismo, y muchos, muchos grupos más. Estos cultos tampoco –ni mucho menos– fueron descubiertos por los millenials, sino que han sido practicados a través de linajes ininterrumpidos, secretos en ocasiones, abiertamente en otras (como los Wiccan del ejército estadounidense) durante siglos.

El “pagano” no es necesariamente el ateo: el término latino “paganus” se refiere a quienes vivían en los “pagus”, en las aldeas lejanas de las ciudades. La palabra adquiere su connotación de alguien contrario al cristianismo durante el siglo IV o el V, cuando Roma permite a los cristianos desarrollar su culto a cambio de que pagaran impuestos a las arcas imperiales. Los “paganus” pagaban sus impuestos en el altar, como cualquier súbdito no cristiano del imperio, pero con las reformas de Teodosio el pagano adquirió su connotación negativa actual: el pagano es, antes que otra cosa, un no cristiano que mantenía contacto con cultos anteriores, como la devoción de los penates o dioses familiares.

Según Michael Strmiska, profesor visitante de estudios religiosos de la Universidad de Masaryk, “el atractivo del paganismo moderno es que es una alternativa a las religiones tradicionales, como el cristianismo.” Desde luego, “no todos los paganos aceptan la etiqueta de "pagano", pero desde un punto de vista académico, su denominador común es un intento de recrear y revisitar el precristianismo".

Estimaciones de los últimos censos en Estados Unidos calculan que existen entre medio y un millón de estadounidenses que se identifican a sí mismos como paganos. Probablemente no se trate de una minoría representativa ni siquiera, pero muchos ya empiezan a organizar jornadas y eventos en torno a sus creencias, así como grupos de estudio y clubes dentro de universidades, lo que coloca al fenómeno en la órbita de los millenials.

Procesión Wiccan en Inglaterra


¿Una religión para millenials?

Y es que si lo consideramos un momento, los millenials son un grupo poblacional amplio, a menudo malentendido aunque muy atacado —justo como los paganos del siglo IV. Como los paganos, los millenials tienden a sentirse ajenos a las formas de trabajo y de entender el éxito, el mundo, el amor y todas las categorías de las generaciones previas, por lo que también es comprensible que poco a poco buscaran formas de representarse la espiritualidad de una manera “personalizada” y propia.

En cuanto a religión, los intereses de los millenials no se centran únicamente en las influencias familiares o de su entorno inmediato, sino que han crecido enterándose de otras formas de culto religioso en todo el mundo como algo que se da por sentado. Si nuestros abuelos o bisabuelos creían en un mundo tajantemente católico, cristiano o protestante, los jóvenes de hoy saben que el árbol de las religiones tiene una pluralidad asombrosa de ramas, y que de todas se puede aprender un poco.

Bandera de los paganos queer

Los neopaganismos actuales, pues, serían un destilado de sabidurías ancestrales, no siempre seguidas con rigor, pero puestas en el crisol de la fe como creencias vivas, que finalmente es lo que mantiene las religiones como fuerzas de cohesión actuante en el mundo.

El "Humanismo pagano" es una de las versiones más pujantes de esta tendencia. El editor del sitio web homónimo, John Halstead, fue criado como mormón, pero afirma que el paganismo ni siquiera refuerza la necesidad de creer en dioses como tales. “Lo que me llevó al paganismo”, afirma Halstead, “fue una serie de cosas, una de las cuales fue una conciencia creciente entre la gente, religiosa y no, sobre el cambio climático y nuestra responsabilidad para con la Tierra… Es una religión que me pareció consistente con el estado actual de la ciencia de nuestros días”.

En ese sentido, los paganos utilizan un lenguaje “teísta”, esto es, que se refiere al Sol, las estaciones y la naturaleza como si se trataran de seres o entidades divinas. Su filiación con movimientos ambientales y ecológicos los vuelve también una probable fuerza política en el futuro próximo, cuando la situación medioambiental se agudice (de hecho, ya realizan acciones en torno a celebraciones como el día del planeta en Europa, Canadá y Australia). 

Margot Adler, sacerdotisa Wiccan, escribió sobre el futuro del paganismo que no debe convertirse finalmente en una religión más, pues “nuestro movimiento sigue siendo importante en parte por su crítica a las religiones monoteístas y patriarcales. ¿Se perderá o se debilitará esa crítica cuando el paganismo tome el lugar que le corresponde como una religión establecida?” Sólo sus practicantes podrán determinarlo.

Con información de Inverse.