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Miles de personas atendieron a su propio funeral en Facebook

Miles de personas se despertaron este viernes para descubrir que habían muerto. En una novela, el escritor Don DeLillo hace que una monja mencioné irónicamente que "cuando te mueres te conviertes en tu página web"; esta es la extraña realidad de la soteriología en nuestra época. Algo así experimentaron miles y quizás cientos de miles de personas el viernes pasado, cuando Facebook colocó un aviso en la página de gran número de sus usuarios diciendo "esperamos que las personas que aman a (insertar nombre aquí) encuentren solaz en las cosas que sus amigos comparten para celebrar su vida". La extraña sensación de atender a tu propio funeral.

Muchas personas bromearon sobre esto y algunas menos se mostraron indignadas, al no tolerar el humor negro de su propia muerte. Pero no se trataba de una broma de "April fools' day" o del Día de los Inocentes, sino de un error de programación. De hecho, el error incluso mató a Mark Zuckerberg.

Facebook pronto respondió que había sido un error con su servicio de recuerdo de las personas que han fallecido, el cual al parecer está siendo probado para activarse de manera automática o alguna función parecida. El "glitch" fue arreglado, no sin antes causar un poco de conmoción. O quizás era un universo paralelo en el que cientos de miles se suicidaron por el triunfo de Trump.

Los últimos hallazgos relacionados a este mecanismo redimensionan los adelantos tecnológicos de la antigua Grecia

Entre los restos de un naufragio, aquella cosa parecía tan sólo un bulto corroído sin importancia. Fue encontrado en las costas de Grecia, cerca de Anticitera. Luego de un análisis más detallado de la pieza, el arqueólogo Valerios Stais declaró en 1902 que se trataba del mecanismo de alguna clase de aparato de medición astrológica similar a un reloj; hoy es conocido como el mecanismo de Anticitera.

Stais perteneció a la minoría que defendía esta teoría; el resto de los estudiosos aseguraba que algo tan sofisticado no podía pertenecer a ese período. Era sencillamente imposible; esos mecanismos habían comenzado a usarse hasta mil 500 años después.

En 1951 el historiados británico Derek John de Solla Price comenzó un exhaustivo estudio del descubrimiento y fue hasta 1974 que pudo declarar que, en efecto, aquel aparato fue creado en la antigua Grecia entre los años 150 y 100 a. C. Concluyó esto luego de aplicar engranajes de bronce conectados a una manivela que hizo empatar con una de las carátulas del mecanismo. Diseñó los engranajes basándose en el sistema astronómico de la época, el ciclo metónico, un patrón de 235 meses que permitía a los astrónomos predecir eclipses.

En el 2009 se terminaron de identificar todas las piezas del aparato y se presentó un modelo virtual:

Al entender el funcionamiento total del mecanismo se pudo confirmar que era capaz de predecir la posición de los planetas con los que estaban familiarizados los griegos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), además de trazar la posición del Sol y las fases de la Luna, esto último aprovechando una piedra pulida con blanco y negro que las mostraba.
Andrew Carol, ingeniero de Apple, construyó un modelo a (gran) escala del mecanismo para enseñar su funcionamiento, utilizando piezas de LEGO:

En junio del 2016 un equipo internacional de expertos reveló nueva información derivada de pequeñas inscripciones en griego antiguo encontradas en algunas partes del mecanismo demasiado pequeñas como para ser leídas a simple vista, pues algunas letras medían poco más de 1mm. Hasta que llegó la tecnología de escáner adecuada resultaron legibles los más de 35 mil caracteres que explican el funcionamiento del dispositivo.

El mensaje comprueba las teorías sobre su funcionamiento, a la par de añadir un par de detalles fascinantes: el primero es que el texto habla sobre la llegada de algunos eclipses por color, lo que debe de significar que se les confería cierto valor adivinatorio. El segundo: parece que el dispositivo fue construido en la isla de Rodas por más de una persona y que no era el único de su tipo. Los antiguos griegos tenían conocimientos astronómicos y habilidades mecánicas mucho más adelantadas de lo que sospechábamos.