*

X

Okunoshima, la isla japonesa habitada por conejos y ex armamento químico

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/30/2016

El resultado del megalaboratorio de armas químicas de Japón en la Segunda Guerra Mundial son miles de conejos, amos de la isla

Japón, siempre tan asombroso, tenía que ser el lugar del mundo que guarda una isla habitada por piezas de arte (en Naoshima) o un pueblo donde los zorros son los pobladores.

Japón poético, impregnado de zen, haikús y zakura, aunque también por la tecnología y la adicción por el trabajo, es un lugar paradójico y hasta cierto punto incomprensible para Occidente. Y en este país de las 3 mil pequeñas islas, existe otro sorprendente y peculiar fenómeno: su isla colmada de conejos entre las ruinas de laboratorios químicos de guerra.

Okunoshima fue el megalaboratorio japonés durante la Segunda Guerra Mundial para elaborar armas químicas cuyos efectos eran probados en los animales. Al finalizar la guerra terminó este proyecto; los trabajadores, entonces, liberaron a decenas de conejos que se propagaron hasta habitar una de las islas más extraordinarias aun en Japón.

 

bunny island 4

bunny island 5

bunny island 7

bunny island 8

bunny island 9

 

Padre de la ecofilosofía advierte que sólo los más valerosos sobrevivirán estos tiempos críticos

Ecosistemas

Por: Pijamasurf - 11/30/2016

El filósofo Henryk Skolimowski sostiene que la ecología y la espiritualidad están estrechamente vinculadas y que se avecinan tiempos muy difíciles

Henryk Skolimowski es un filósofo polaco con un doctorado de la Universidad de Oxford, quien acuñó el término "ecofilosofía" en los 70 en un intento de hacer notar que el problema ecológico es esencialmente un problema filosófico.

En el sitio de Skolimowski se explica:

En nuestro mundo complejo, no podemos limitarnos al medio ambiente físico. Trabajar sobre los problemas ambientales es importante pero no suficiente. Para sanar el mundo, necesitamos sanar nosotros mismos; necesitamos resonar armoniosamente con todos los seres vivos; necesitamos hacer nuestras mentes compasivas; necesitamos seguir valores que aseguran la justicia.

La ecofilosofía sostiene que el mundo es un santuario, y nosotros somos sus reverentes guardianes, responsables de su bienestar. La ecofilosofía sostiene que lo ecológico y lo espiritual son uno. 

La editorial Atalanta acaba de publicar un libro de Skolimowski, La mente participativa, un texto abundante en ideas y en diálogos multidisciplinarios donde se retoman figuras como Karl Popper y Pierre Teilhard de Chardin, el padre de la espiritualidad ecológica y del fascinante concepto de la noósfera. Skolimowski sugiere que nuestro concepto de persona debe reemplazarse para incluir un entendimiento de una sensibilidad en interacción constante con todo el medio ambiente. Es decir, que el ser humano es interdependencia y está dentro de una madeja de evolución y diversidad que debe hacer consciente para que se tomen "esfuerzos participativos" y así favorecer la vida a largo plazo. La concepción egoísta-individualista del mundo no sólo es una cortedad de visión, es también la más profunda ignorancia, ya que al destruir el entorno --buscando el bienestar personal-- nos destruimos a nosotros mismos. “Necesitamos crear formas participativas de vida que vayan más allá de las maneras de participación que ejemplifican el bingo o el carrusel del consumo”, afirma Skolimowski.

Le ecofilosofía toma de diversas tradiciones espirituales como el budismo, el cristianismo y el hinduismo para concebir una ética cósmica. Así, también reconoce que estamos inmersos en un ciclo sumamente complicado, el cual necesariamente hará surgir de las profundidades del ser humano la chispa de una nueva civilización:

Hemos nacido en tiempos difíciles y, de forma justificada, podríamos sentir lástima de nosotros mismos. […] Los períodos críticos como el nuestro destruyen muchas almas menores, pues suponen un reto para nuestra esencia última, [pero] aquellos que la asuman prevalecerán y darán testimonio de la fibra indestructible de la condición humana.