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Dormir a la mitad del día puede llevarte más lejos de lo que pensabas.

Encontrar un momento a mitad del día para apartarse del ajetreo y dormir un rato puede parecer la pesadilla de cualquier workaholico o de un jefe obsesionado con la productividad pero, contrario a lo que se podría esperar, las siestas nos ayudan a mejorar nuestro rendimiento durante el día.

Un estudio de la Universidad de Düsseldorf muestra que una pequeña siesta puede mejorar los procesos de memoria y un estudio más de la NASA concluyó que los efectos de las siestas en pilotos de aviones optimizaban su desempeño físico y psicológico durante los vuelos y mejoraban su estado de ánimo.

De hecho, las siestas son muy importantes para los pilotos que realizan viajes largos pues mientras el piloto duerme, el copiloto dirige el vuelo esperando a que el primero descance y regrese completamente recargado.

Se sabe que las siestas también pueden potenciar el desempeño de los deportistas si se combinan con el entrenamiento y la alimentación adecuadas. Por algún tiempo el gurú del sueño, Nick Littlehales, utilizó esta opción para sustentar su participación dentro del club Manchester United. Adecuó una habitación para que los jugadores se tomaran siestas de media hora que, en definitiva, terminaron por ayudarles enormemente.

Una siesta puede suceder en cualquier lugar. Sólo basta encontrar el rincón adecuado para recostar la cabeza, ponerse cómodo y cerrar los ojos. Un ambiente agradable que nos permita relajarnos y dejar que todo el estrés se diluya en el mundo de los sueños. Se recomienda tomar al menos una siesta diaria de 20 minutos para gozar de sus varios beneficios.

Esta es la mejor zona del cuerpo para colocar una fragancia y oler bien todo el día

Buena Vida

Por: pijamasurf - 11/22/2016

El secreto de un maestro perfumista para maximizar la duración de un aroma en tu cuerpo

Usar perfume es una práctica que se remonta a las primeras civilizaciones de la humanidad. Como todos los animales nosotros también despedimos olores, no todos ellos agradables, algunos como resultado de nuestra actividad, otros como consecuencia de nuestra alimentación y algunos más como efecto del funcionamiento mismo del cuerpo. Estar vivos es, en cierta forma, oler de alguna manera, y quizá por esto mismo se inventaron los perfumes, porque otra parte importante de nuestra naturaleza es nuestra cultura.

Paradójicamente, el llamado olor corporal casi siempre termina por imponerse, pues, a fin de cuentas, su origen está en nuestro propio metabolismo, en contraste con una fragancia, que no es más que un añadido. De ahí la preocupación de ciertas personas por encontrar el método idóneo para extender el tiempo en que el perfume aromatiza el cuerpo.

De acuerdo con Steven Claisse, maestro perfumista en la firma Takasago, existe una zona en donde puedes rociar el perfume y maximizar la duración de su efecto. No en el cuello ni en el pecho ni en las muñecas, que son los lugares más usuales, sino en el ombligo.

Sí, como lo lees. Su justificación es que el centro de nuestro cuerpo es el lugar desde donde nuestro calor natural se irradia hacia el resto de nuestra anatomía y esto, en combinación con la composición química de los perfumes, provoca que la esencia aromática siga el mismo movimiento, en un flujo oloroso que nos cubre por completo.

Según Claisse, este efecto se cumple en otros puntos que también concentran calor corporal, como la parte interior de las rodillas o los codos, e incluso las pantorrillas (debido a la fricción que tienen cuando caminamos), pero ninguno tan efectivo como el ombligo.

¿Qué te parece? ¿Vas a poner en práctica este consejo?