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El largo y difícil camino de un adolescente que ha decidido dejar de masturbarse por 1 año, y lo que encontró

¿Con qué frecuencia visitas páginas porno? ¿Cada cuánto te masturbas? Uno de los escritores de highexistence.com asegura que tomó la drástica decisión, a los 16 años de edad, de no masturbarse ni mirar porno durante todo 1 año: 365 días de abstinencia completa. ¿Suena imposible, verdad?

Siempre recibió las mismas reacciones de sus conocidos luego de contarles: ¿En qué estaba pensando? La pregunta realmente importante, luego de lograrlo, es: ¿valió la pena? La razón por la que hizo esto fue motivado principalmente por su religión: de grande soñaba con ser un cura y sí, se inclinaba un poco hacia el fanatismo.

Tenía la firme creencia de que muchos se irían al infierno por hacer todas esas cosas “prohibidas” y “malas”, los juzgaba con dureza. En cambio, él era un santo ante los ojos de Dios: no usaba drogas ni alcohol, no tenía sexo premarital ni blasfemaba, pero sólo una cosa lo separaba de la perfección: la diabólica masturbación.

La culpa no tardaba en aparecer cada vez que usaba sus manos para obras lejanas al señor. Su cuerpo adolescente estaba en éxtasis pero su mente giraba una y otra vez en torno a los terribles castigos que le esperaban para toda la eternidad. Así que decidió que, de una buena vez por todas, perseguiría su carrera como cura dejando de menearla para siempre. Esta búsqueda trajo, de manera incidental, varios efectos positivos en su vida.

El primero fue que toda la energía sexual que no utilizaba se transformó en algo más. Al igual que el principio físico de la materia –que no puede ser creada o destruida, solamente transformada– la energía sexual termina por emerger, tarde o temprano, ya sea en forma de berrinches iracundos sin sentido o en actividades positivas y constructivas.

En su caso, se trató de tocar la batería cada vez que se le subía la calentura. Redirigió este impulso primario hacia la creatividad y ello pagó con creces: pasó de la mediocridad a ser un excelente baterista. Si rediriges tu pasión sexual al desarrollo de una habilidad esta mejora mucho más.

El segundo beneficio que encontró fue mayor poder sobre sí y libertad. Un adolescente fanático dejó de sentir culpa cada vez que se masturbaba, no se trataba de una adicción sexual sino una adicción a sentir culpa. Juzgaba con tanta dureza al mundo que luego de dejar ese hábito comenzó a darse cuenta de que necesitaba sentir esa culpa, que estaba adorando a un Dios basado en lo peor de él mismo: miedos, juicios, culpa.

Dejó de juzgarse tan duramente y comenzó a hacer lo mismo con otros. Se sentía más libre al ser y dejar ser. Pese a que esto sucedió en apenas algunos meses, decidió continuar con el experimento por 1 año completo (para después otorgarse un merecido desahogo).

Si permaneces sentado largas horas, ni el ejercicio podrá salvarte (pero no todo está perdido)

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 12/15/2016

Un estudio reciente revela los irreversibles daños de la vida sedentaria

Recientemente, la Revista del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos confirmó aquello que aqueja principalmente a los oficinistas: “quedarte sentado te puede matar”; ya que está asociado al cáncer, a la diabetes y a las enfermedades cardiovasculares.

Daniela Schmid y Michael F. Leitzmann, investigadores de la Universidad de Regensburg en Alemania, analizaron 43 estudios observacionales que reúnen más de 4 millones de respuestas de personas a las que se les interrogó sobre sus hábitos al sentarse, así como la incidencia del cáncer en ellos. Examinaron alrededor de 70 mil casos de cáncer y hallaron que “quedarse sentado” aumentó el riesgo de cáncer de colon en un 24%, de cáncer en el endometrio en un 32% y de cáncer en el intestino el riesgo se elevó a un 21%.

Los números no parecen, sin embargo, devastadores; la verdadera mala noticia es que, por más que te actives y pretendas cambiar este mal hábito, la actividad física no contrarrestará aquella conducta sedentaria y su relación con el cáncer. Los científicos notaron que quienes participaron en estas investigaciones y alcanzaron un buen nivel de actividad física corren el mismo riesgo que aquellos que se la pasan todo el día sentados en su lugar sin moverse.

 

 

¿Por qué pasa esto?

Cuando eres sedentario, sólo quemas 1 rezagada caloría por minuto y no podemos ignorar que la obesidad y el sobrepeso son importantes factores de riesgo para múltiples enfermedades crónicas. Dado que la obesidad puede generar en tu cuerpo resistencia a la insulina, además de inflamaciones corporales, el riesgo de cáncer aumenta en las personas que están por encima de su peso corporal promedio, subrayaron los autores del estudio. También hicieron mención de la relación que hay entre la obesidad y el déficit de vitamina D, lo cual está asociado a un alto riesgo de padecer cáncer de colon.

Al estar sentado, aquellos músculos encargados de mantener tu postura, como los cuadríceps o los glúteos, no harán absolutamente nada; pero cuando estás activo, ellos producen un montón de beneficios a nivel molecular. Marc Hamilton, director del Programa de Fisiología de la Inactividad del Centro de Investigaciones Biomédicas Pennington de Luisiana dijo en una reciente videoconferencia que “cuando están trabajando, estos músculos generan una actividad eléctrica que enciende la luz de lo saludable en ellos”. O sea, cuando estás largo tiempo sentado, pones en off estos beneficios a tu salud.

Una de las víctimas --bastante estudiada-- de este apagón es la lipoproteinlipasa, enzima que Hamilton compara con “una aspiradora de grasas en el torrente sanguíneo”. Para probarlo, mantuvo a ratas por 24 horas en forzoso estado de inactividad y observó que la lipoproteinlipasa prácticamente no presentó actividad alguna (cerca de 95% menos de lo normal). Esto provocó que más del 75 % de las ratas perdieran en sus músculos la habilidad para remover las grasas nocivas, así como para eliminar el colesterol malo (HDL colesterol).

Además, observó Hamilton, con unas pocas horas de estar las ratas “sentadas” pierden un gen encargado de controlar la inflamacion y coagulación de la sangre, necesario para mantener saludable el sistema cardiovascular. Lo preocupante, afirma en un artículo de la revista Runners World, es que al día siguiente de haber estado sentadas el gen no parece regresar ni con ejercicios, y enfatizó que “sentarse todo el día, en estos tiempos, es el nuevo tabaquismo, hasta para los runners”.

 

 

¿Qué se puede hacer?

Algunos estudios han revelado que por medio de pequeños estiramientos del cuerpo (sólo parándote o dando mínimas caminatas), puedes alcanzar valiosos beneficios. En 2008, fue publicada en la revista Diabetes Care una investigación donde los investigadores de la Universidad de Queensland en Australia equiparon a 168 personas adultas con acelererómetros para contabilizar y registrar todos sus movimientos por un lapso de 7 días. Aquellos que frecuentemente rompieron la inmovilidad de estar sentados lograron reducir su cintura, disminuyeron el índice de masa corporal, los triglicéridos y la tolerancia a la glucosa cuyo valor es de gran relevancia para determinar el grado de obesidad, así como la salud y el buen funcionamiento del metabolismo. El tiempo promedio de sus estiramientos fue sólo de 4 minutos y medio.

Identificar cuánto tiempo y con qué frecuencia se deben realizar estos estiramientos y caminatas todavía es motivo de investigación. Algunos estudios recientes muestran signos de mejoría en el metabolismo con sólo caminar 1 minuto y cuarto cada 30 minutos para los que invierten 9 horas de su día sentados en la oficina y sólo 2 minutos de ligera caminata por cada 20 minutos de estar sentado inmóvil para los que ocupan 5 horas, medio tiempo laboral en EEUU.

Para finalizar, estar sentado no tiene por qué ser lo determinante, aunque sigamos esperando la receta, respaldada científica y numéricamente, para reducir el daño a nuestra salud. Por lo pronto, podemos introducir simples pero significativos cambios a nuestra rutina laboral que nos hagan levantarnos del escritorio y activar nuestro cuerpo: hacer caminatas, cambiar el escritorio por uno para trabajar de pie, tomar más breaks durante el día, cambiar el metro por la bici o dejar el carro más lejos de la oficina. O puedes tomar el extravagante pero funcional ejemplo de Dan Kols, articulista de New York Magazine, quien harto de la inmovilidad de sentarse mandó a volar el asiento de su automóvil.