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Es hora de que los psiquiatras se den cuenta de que los fármacos dañan más de lo que ayudan

Salud

Por: Pijamasurf - 12/25/2016

Cada vez hay más personas con enfermedades mentales, pese a que cada vez se toman más antidepresivos y demás fármacos, los cuales evidentemente no están funcionando

La ciencia ama la frialdad de los números y, si nos atenemos a las estadísticas, parece evidente que los medicamentos psicotrópicos no están funcionando. Tal vez esto se debe a que la psiquiatría y en general los investigadores de medicamentos aman más el dinero de las farmacéuticas que las realidades de los números. 

En 2010, el investigador Robert Whitaker postuló en su libro Anatomy of an Epidemic que después de décadas de medicamentos para tratar enfermedades mentales éstos habían generado más efectos dañinos que positivos. Evidencia más reciente parece consolidar su hipótesis.

Datos del 2013 muestran que el 17% de los estadounidenses estaba tomando por lo menos un fármaco psiquiátrico, esto representa un aumento del 7% en menos de 5 años. Los antidepresivos encabezan la lista con hasta un 12% de adultos siguiendo un tratamiento con estos medicamentos.

El razonamiento para sostener esta enorme cantidad de prescripciones es que mejoran la salud mental. ¿Si no para qué tomarlos? Especialmente porque se ha demostrado que tienen numerosos efectos secundarios. Pero, en un reciente reporte, el profesor de psiquiatría de la Universidad de South Carolina, Edmund. S. Higgins, revela que en realidad la salud mental de los estadounidenses sigue deteriorándose, lo cual es "una verdad inconveniente" para el sistema médico. 

Higgins apunta que el nivel total de las enfermedades mentales se ha incrementado y los índices de suicido se encuentran en el nivel más alto en 30 años; el abuso de opiáceos está en un nivel de "epidemia" y el número de personas que falta al trabajo por enfermedades mentales ha aumentado radicalmente. Higgins lo atribuye a una "falta de precisión y objetividad en diagnosticar y tratar las enfermedades mentales" y llama a incorporar nuevas estrategias. La falta de objetividad quizás tenga que ver con lo fácil y provechoso que es para la industria lidiar con todos los problemas simplemente recetando un antidepresivo --una supuesta panacea que, de hecho, no es mucho más efectiva que el placebo.

El principio básico de la medicina hipocrática es primero no dañar al paciente (primum non nocere), es decir, dado un problema, intentar no hacer más daño, incluso no hacer nada si se corre el riesgo de dañar más. Por supuesto, aquí entra el juicio del médico y en ocasiones evidentemente es necesario arriesgarse a un tratamiento más agresivo. Pero en la actualidad es más cómodo simplemente suprimir síntomas y lidiar con los efectos secundarios después, algo que también es mejor para el negocio. 

Lo anterior no significa que los medicamentos psiquiátricos no tengan utilidad, sino que son usados en exceso y no son tan efectivos como se cree, por lo cual es importante incorporar otras estrategias. Recientemente un estudio mostró que la psilocibina (ingrediente activo de los "hongos mágicos") es altamente efectiva en tratar la depresión y la ansiedad en pacientes con cáncer). El problema de esto es que es ilegal y solamente se requiere una dosis para ser efectiva, por lo cual no es buen negocio. 

El periodista John Horgan en Scientific America, revisando los datos más recientes, concluye: "La psiquiatría estadounidense, en colusión con la industria farmacéutica, puede estar perpetrando el caso más grande de iatrogenesis (tratamiento médico dañino) en la historia". 

La tercera entrega de la columna Consexos y sexcretos: la historia del condón merece leerse.

Historias y cuentos…

El origen de la palabra “condón” es tan misterioso como el invento de la magnífica prenda que designa. Pudiera derivar del latín condus, que significa receptáculo, pero fuentes fidedignas señalan que el condón lleva este nombre en honor al doctor Condom, médico real, quien diseñó un artefacto de tela fina -su tocayo- para envolver y restringir las emisiones del pene travieso de su alteza, el disipado rey Carlos II de Inglaterra, monarca adicto a la cópula diversificada, quien por razones más políticas y pragmáticas que humanitarias, se resistía a llenar las calles de Londres con bastardos de la semilla real.

Condom fue doctor, mas no inventor: el condón es más antiguo que el médico inglés que lleva su nombre… su uso es tan viejo como el conocimiento de que el sexo es el mecanismo de reproducción de las especies.

Ya los egipcios, desde hace 3 mil años usaban tramos de tripa animal, anudados en la punta, “donados” por camellos, peces y otros animales, con el propósito de disfrutar del polvito del desierto sin riesgo de embarazarse.

En las cuevas de Combarelles, Francia, se hallaron pinturas rupestres, obra de artistas que vivieron entre los siglos I a. C. y II d. C., o antes, las cuales muestran un pene “bien parado y trajeado”, listo para entrar en acción en acogedoras y cálidas cavernas humanas.

Sin duda, como método anticonceptivo el condón es el precursor y a lo largo de la historia se ha significado como gran favorito de las prima donnas.  El célebre Casanova, famoso conquistador de pubis angelicales en el siglo XVIII-XIX, aunque al principio se mostró renuente, reconoció en sus memorias que usaba condones de seda para no adquirir compromisos con damas comprometidas, ni pleitos por cuestiones de paternidad con maridos o consortes celosos.

Pero el Casanova original y otros Donjuanes que heredaron su vocación y apellido, han sido conscientes, desde el Renacimiento, del papel protector del impermeable para pene, no sólo contra maridos, sino también contra las no menos peligrosas infecciones. El propio doctor Condom ya mencionado, lo repartió a soldados para que no contrajeran el entonces mal llamado “mal francés”, la sífilis. 

En efecto, en el siglo XVI el gran médico Falopio -el mismo que le da nombre a las trompas femeninas que conectan los ovarios con el útero- demostró que al usar protección vergadera se reducía de manera importante el contagio de la sífilis, maldición infecciosa mortífera que asolaba a la Europa amorosa renacentista.

El Doc Falopio siguió de cerca la vida sexual de mil 100 varones, usuarios consuetudinarios del condón, durante varios años, y reportó que ninguno de ellos adquirió sífilis, por cierto, enfermedad no nativa de Francia, sino importada de América por los conquistadores e incurable en aquel entonces.

Esta venturosa noticia científica, junto con el afán de controlar la natalidad indeseable de manera eficaz, trajeron consigo el boom del preservativo a partir de 1700, generalizándose su uso y mejorando sustancialmente su fabricación a partir de textiles diversos y otros materiales.  La incidencia de la sífilis se redujo sustancialmente en todo el planeta.

En 1843 Goodyear y Hancock vulcanizaron el caucho y lograron refinar el hule hasta volverlo elástico. Se fabricaron a partir de ese momento llantas y también protectores para diferentes partes del cuerpo, de distintos grosores. Muy burdos, a qué más que la verdad. Ahí comenzó el mito de que “coger con condón es como fajar con guantes”. La investigación para perfeccionar el condón no se detuvo, aunque tardó casi 1 siglo en fructificar.

En 1930 se desarrolló el látex, una variedad de plástico líquido que al enfriarse resiste estiramientos de hasta ocho veces su tamaño sin romperse y que a la fecha es el principal material para la fabricación de condones, guantes quirúrgicos que respetan la sensibilidad táctil, y otros objetos. El preservativo se adelgazó para que en las relaciones entre heterosexuales engordara el placer, no la mujer.

A partir de la década de 1990, el posmodernismo liberaloide y las citas por Internet, entre otros factores, trajeron consigo la propagación de enfermedades venéreas desde peligrosas hasta letales: gonorrea, condiloma, sífilis, clamidiasis, micosis como la candidiasis, y los temidos y ultrarresistentes virus: el virus de la inmunodeficiencia humana VIH, el herpes genital y el papiloma humano VPH.

Este peligroso panorama venéreo hizo que las recomendaciones para el uso del condón se incrementaran y que los fabricantes se esmeraran en el perfeccionamiento del producto, para quitarle el apelativo de “matapasiones”. 

Los estudios demuestran que la protección que brinda el condón para el SIDA alcanza el 85%, para el papiloma, 70% y para las infecciones bacterianas más comunes, más de 90%. Vale la pena ¿verdad?

En la actualidad, si bien el látex sigue siendo el producto más socorrido como materia prima de condones, han aparecido fundas genitales de poliuretano, cuyo entramado molecular estrecho, al parecer no lo atraviesan los virus, y también hay preservativos de piel de cordero, que son bastante costosos, odiosos para veganos y similares, y que carecen de ventajas prácticas sobre el condón normal. Si acaso serán útiles para personas alérgicas al látex, que son muy pocas, pues se trata de un material hipoalergénico. 

El condón defiende a la pareja sexual de bichos y preñeces no deseadas; es un producto bastante accesible y noble. Es de bajo riesgo, lo peor que puede pasar es que se quede atorado por retirarse a destiempo, o que se rompa.

Hay variedades de preservativos para todos los gustos: ultrasensibles, de colores y sabores…En alguna época se fabricaron condones de cuero y hasta de marfil (en Japón). También hay condones femeninos, pero su uso no está tan difundido, porque son menos prácticos. ¿Te látex?

 

Consexo:

Mujer: La pena estorba a la felicidad mucho más que un condoncito en la bolsa. Si tu pareja piensa mal de ti porque tú lo traes, y te dice que sólo una nalgapronta compra condones, o que no confías en él, que si piensas que no se baña, o que anda de pitoflojo, y demás ideas retrógradas de macho imbécil, hazle ver que el sexo es responsabilidad de ambas partes, y que a él, como caballero y usuario, le toca comprar los globitos la próxima vez. Así demostrará que te quiere de veras y no sólo de rodillas y empinada. Protégete, protéjanse. Y como dijo una chica muy sabia: Más vale prevenir que abortar.

Además, como ya leíste, el condón es tu aliado y te defiende de las enfermedades venéreas, que son peligrosas y demasiado frecuentes por precipitación o desenfado. Por ejemplo, el virus del papiloma humano, gran amigo de la promiscuidad, anda por todas partes, habita en casi el 25% de las partes nobles de las personas de cualquier preferencia sexual a nivel mundial y aumenta en gran porcentaje la probabilidad de padecer cáncer de matriz o del pene.

Y el nefasto VPH puede aparecer de manera repentina, en plena cópula. Así aprovecha para propagarse. Y aunque parezca mentira, hay evidencia de que las personas infectadas por enfermedades “secretas” resultan más apetecibles como manjares sexuales para los demás, por razones misteriosas. Así cundió la sífilis hace unos siglos y posiblemente también el VIH y sus primos Herpes y VPH, en las últimas décadas del siglo XX. 

 

Conclusión: El condón es un auténtico ángel de la guarda. Si quiere echar un polvo o un palo aventurero, pónganse la gabardina, para protegerse de una posible tormenta de consecuencias escalofriantes y pendencieras, no aptas para menores ni para quienes apuestan por la libertad. 

 

Varón: prepárate y presérvate para la aventura. Si estás en algún affair, aventura de Internet, acostón, o desliz amoroso extramarital, en aras del respeto y la higiene, disfruta a gusto, usen preservativo. Si ganó la sorpresa y no hay condones a mano, es posible gozar del sexo sin penetración vaginal, e incluso conteniendo la eyaculación o regando la semilla en otros territorios.

Si eres tan alivianado como presumes en tus chateos y chaqueteos, suelta el orgullo que traes colgando entre las piernas. Cuando tu novia compró los globos de la guarda, dale las gracias y contágiate de conciencia social… paga tú el cuarto. Hay que ser equitativos…