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La ciencia muestra que definitivamente el multitasking no es muy productivo

De manera llamativa, hace algunos años se pensaba que el multitasking era algo positivo entre ciertos grupos (quizás algo que era difundido por compañías de tecnología o una cultura empresarial poco inteligente que buscaba explotar a los trabajadores). Y aunque la habilidad de hacer dos cosas o más a la vez puede ser útil en muchas ocasiones, como regla el multitasking es una pésima estrategia de aprendizaje o productividad.

En los últimos años diversos neurocientíficos han hecho estudios con personas haciendo multitasking y medido el tiempo que tardan en realizar múltiples tareas, el número de errores que cometen y demás efectos relacionados. La American Psychology Association ha determinado que cambiar de una tarea a otra tiende a reducir la productividad en cerca del 40% y se cree que se pierden unas 16 horas a la semana por hacer multilabores. "El multitasking parece más efectivo en la superficie, pero en realidad hace que las cosas tarden más e involucra más errores". 

El psicólogo David E. Mayer de la Universidad de Michigan sostiene que el multitasking aumenta en un 50% el número de errores que tenemos en promedio al llevar a cabo una tarea. Además, interfiere con el aprendizaje, pues la información no se asimila a nivel profundo. Así que si estudias usando tu teléfono, ya sabes.

Otros estudios sugieren que un 2% de la población es eficiente realizando multitasking, pero estas son las personas que menos tendencia tienen ello, es decir tienen una gran capacidad de focalizar su atención, probablemente porque la han aprendido a cultivar evitando el multitasking.

Hace 50 años el escritor fue anfitrión de la llamada fiesta del siglo, un baile de máscaras de ensueño

Reconocido por su trayectoria periodística y literaria, uno de los episodios más populares en la vida de Turman Capote (y quizá de los menos conocidos) es la legendaria fiesta, conocida como The Black and White Ball, que organizó el 28 de noviembre de 1966 en honor a su amiga Kay Graham.

Gozando aún de la fama recibida por su novela A sangre fría, Capote supo mezclar entre su lista de invitados a lo más distinguido de la época. Una fiesta muy particular por la diversidad de sus invitados: aquella noche se dieron cita personajes de la talla de Frank Sinatra, Andy Warhol, Gloria Vanderbilt, Harry Belafonte y más.

El Hotel Plaza albergó en su salón de baile a universitarios, aristócratas, estrellas de cine, artistas, intelectuales y amigos de Kansas del escritor --al que ayudaron durante la realización de su reportaje novelado. La vestimenta era estrictamente en blanco y negro, además de la máscara. La ocasión borró por completo los límites y barreras entre sus asistentes; personas de todas las edades y ocupaciones se dieron cita para disfrutar del sonido de la Peter Duchin Orchestra.

Una fiesta enorme para ser lunes, justo después del Día de Acción de Gracias, que ha inspirado muchísimas otras fiestas y que sobrevive gracias a la gran cantidad de material fotográfico. Te presentamos algunas de las fotografías más sobresalientes de aquella mascarada irrepetible.

 

La actriz Tallulah Bankhead llega a la fiesta.

 

De nuevo Tallulah saludando a algunos amigos.

 

Kay Graham saluda al unicornio.

 

¿Quién se esconde detrás de las máscaras?

 

Frank Sinatra y Mia Farrow a la espera.

 

Kay sorprendida, Truman emocionado.

 

La princesa italiana Luciana Pignatelli (izquierda). Peter Gimbel y la condesa Crespi representando a la aristocracia.

 

Henry Fonda llega junto a su quinta esposa, Mae Adams.

 

Andy Warhol y su álter ego.

 

El camino a la pista de baile está hecho de rumores.

 

Una superheroína muy sorprendida.

 

Rose Fitzgerald Kennedy ha llegado.

 

Una velada irrepetible.

 

Candice Bergen, el misterioso conejo.

 

El anfitrión hace gala de sus pasos de baile.

 

Creo que Andy se ha enamorado.

 

Sonriendo a la cámara junto a Lee Radziwill.

 

Truman espera su turno.

 

El ánimo aumenta conforme avanza la noche.

 

Pero todo lo que sube tiene que bajar.

 

Truman Capote, responsable de la fiesta y vigilante en sus ratos libres.