*

X

Personas sinestésicas son clave para comprender nuestra relación con el tiempo

Ciencia

Por: PijamaSurf - 12/28/2016

La habilidad de percibir el tiempo espacialmente podría explicar cómo construimos nuestra idea de la temporalidad incluso antes de inventar los números

Calendarios, relojes, agendas, no hay duda de que nos hemos ocupado largamente de construir herramientas que nos permitan cuantificar el tiempo y administrar su paso. Estos recursos le dan espacio y visibilidad a esa materia escurridiza e intangible.

Algunas personas poseen la capacidad de percibir el tiempo no sólo de manera abstracta sino concreta pues lo experimentan en términos espaciales, es decir, cuando piensan en lo que harán en algunos meses o lo que hicieron hace algunos años suelen observar esos días transcurridos o por transcurrir de manera visual.

El doctor Vilayanur Ramachandran de la Universidad de California, junto con varios colegas, ha realizado un experimento para estudiar este particular fenómeno llamado sinestesia de calendario. Con ello trata de establecer si estas personas están teniendo efectivamente experiencias visuales al momento de concebir la temporalidad. Por ejemplo uno de ellos, llamado ML, ve los meses como si ocuparan una “V” frente a él y en cada sección de la letra observa los nombres de cada mes en fuente helvética.

Ramachandran pidió en varias ocasiones a ML que dibujara su calendario utilizando un apuntador láser, y todo coincidía en cada ocasión. También observó que el objeto se contraía o expandía de acuerdo a la distancia de ML respecto a la pantalla sobre la que señalaba.

Hizo varias pruebas entre sinestésicos y no sinestésicos pidiéndoles que nombraran los meses del año al revés, cosa que tomó 4.48 segundos a quienes no tenían esta habilidad en comparación con los 1.88 segundos que le llevó a los sinestésicos, sugiriendo que es precisamente porque estos últimos podían “leer” las respuestas desde su propio calendario.

Luego utilizó el conocido efecto de expansión de imágenes que ocurre al mirar fijamente una espiral durante 20 segundos para luego colocar la vista sobre otra imagen. Este efecto es consecuencia de la forma en que nuestro cerebro procesa el movimiento; esto no funciona si sólo se mira una pantalla en blanco, como fue el caso del experimento. Con ello se comprobó que, al igual que sucede con cualquier otro objeto, los calendarios de los sinestésicos también se expandían por efecto de la espiral. Después intentaron imaginar una manzana y repetir la experiencia, pero aquélla no se expandió. Esto sugiere, de acuerdo con Ramachandran, que estos calendarios no son lo mismo que una imagen mental.

Algunos otros sinestésicos, como EA, experimentan esta visión de forma distinta; en su caso, se trata de un aro que le atraviesa el pecho y que corresponde a diciembre. Al moverse el calendario mantiene su posición y al voltear la cabeza hacia la izquierda los recuerdos ocurridos en meses que corresponden a la derecha suelen ser más difíciles de pensar y viceversa, es decir, se trata de un caso extremo de cognición corporal, la idea de que nuestro cuerpo y su relación con el entorno tienen el poder de afectar la manera en que suceden nuestros pensamientos, habla y emociones. En el caso de EA el cambio se encuentra en su cuello y ojos. Está por estudiarse si todos poseemos, en mayor o menor medida, esta condición.

El hecho de que algunos perciban el tiempo de manera espacial sugiere que todos estamos conectados por alguna especie de mapa del tiempo y el espacio. Es relativamente reciente en la historia de nuestra evolución la adquisición del lenguaje matemático, los números y el tiempo. Quizás los calendarios sean algo que, de cierta forma, preexistía en nuestro cerebro incluso antes de comprender estos conceptos. Según muestran las imágenes de escaneos cerebrales las áreas que controlan la noción de sí, el manejo de números, el mapeo del mundo y los recuerdos están ligadas y suelen activarse en conjunto.  

Budismo y ciencia: un diálogo interdisciplinario entre científicos y contemplativos (VIDEOS)

Ciencia

Por: Pijamasurf - 12/28/2016

Un agasajo para la mente se llevó a cabo en India hace un par de días: The Emory Tibet Symposium, Bridging Buddhism & Science.

Del 18 de diciembre al 20 de diciembre se llevaron a cabo una serie de fascinantes diálogos en Mundgod, Karnataka, India, en los que científicos occidentales y contemplativos budistas (algunos geshes, el equivalente a doctores en filosofía) se encontraron para dialogar sobra la naturaleza de la mente, el origen del universo y en general sobre la condición humana. Bajo el nombre de The Emory Tibet Symposium, Bridging Buddhism & Science, las conferencias son realmente un banquete para el intelecto y pueden ser vistas en sus seis sesiones en el sitio de Live Stream (aquí hemos embebido tres de estas sesiones) (!los videos tienen autoplay, así que es necesario ponerles pausa!).

Al inaugurar el diálogo, el Dalái Lama pidió a los científicos que investigaran su teoría de que la fuente de la paz interna es la compasión, la generosidad, la calidez humana... En esto, señaló, las personas religiosas y las seculares se unen de manera no-sectaria, ya que todos buscan encontrar la fuente de la paz interna. Sin embargo, en esto la ciencia se encuentra con un escollo ya que se ha edificado de tal manera que está dirigida a entender la materia y el mundo externo, aunque es importante también estudiar la conciencia y las causas de la felicidad.

En la primera intervención, el profesor de filosofía y físico Michel Bitbol, citó a su colega Fransico Varela, quien había sugerido que descubrir el budismo sería un segundo Renacimiento en la historia cultural de Occidente (de la misma manera que el redescubrimiento de los textos griegos lo fue en el Renacimiento europeo). Bitbol explicó que la física cuántica puede entenderse desde una perspectiva similar a lo que en el budismo se llama pratityasamputpada, surgimiento dependiente, y que incluso las partículas subatómicas pueden considerarse como arco iris (el ejemplo predilecto de la filosofía budista para explicar la vacuidad y la coemergencia o interdependencia de todos los fenómenos), ya que surge sólo relacionalmente, de la confluencia de sol, agua y una perspectiva particular.

Realmente los diálogos no tienen desperdicio y son una digna manifestación del espíritu tradicional de debate que existía en las universidades budistas, desde Nalanda hasta los monasterios del Tíbet y hasta la fecha. Y es que el budismo y la ciencia, además de haber realizado algunas observaciones similares sobre la naturaleza de la realidad, comparten una primera importancia en los datos empíricos --se ha dicho que el Buda desarrolló una ciencia interna o una ciencia de la mente, si bien esto para muchos científicos es reducible a mera psicología, o actualmente a algo así como fitness de la mente. Por supuesto, la gran diferencia entre el budismo y la ciencia materialista, es que para el budismo la conciencia es primordial y la mente existe desde siempre, siendo la materia un producto de la conciencia, que surge justamente como un límite por la ignorancia de su propia naturaleza limitada.