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¿Por todos lados te felicitan y te desean lo mejor? Estas variantes te ayudarán a responder sin sonar repetitivo

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/28/2016

La expresión no cesa: atrévete a experimentar con toda su gama de posibilidades

Como sabemos bien, en esta temporada abundan los “buenos deseos”. En casi cada encuentro que tenemos las personas se despiden de nosotros con una felicitación, un abrazo, una manifestación explícita de que el año que comienza traiga lo mejor para nosotros.

Hasta cierto punto, esto puede ser causa de una ligera incomodidad, pues la multiplicación de estas situaciones nos deja sin respuestas originales o que al menos no nos hagan parecer repetitivos.

A continuación compartimos tres variantes, un tanto extravagantes, para corresponder a las felicitaciones de los demás con algo más que una fórmula de cortesía.

 

La variante del lenguaje corporal: No digas nada: da rienda suelta a tu expresión corporal.

A veces las fórmulas de cortesía son un obstáculo para expresar lo que de verdad sentimos. Si es el caso, deja que tu cuerpo se encargue de la respuesta: una mirada, un abrazo, una sonrisa, un gesto de aprobación o de sorpresa. Usualmente el cuerpo no miente, así que quién sabe, quizá incluso puede ser más sincero que tú.

 

La variante enigmática: “Lo que yo le deseo a usted es menos de la mitad de todo lo que yo querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo usted merece”.

Una respuesta inspirada en una línea de J. R. R. Tolkien, el famoso autor de El hobbit y El señor de los anillos. Es al inicio de esta última cuando uno de los personajes principales, Bilbo Baggins, pronuncia un discurso que en cierto momento deja confundidos a los invitados a su fiesta de cumpleaños. Sin duda la persona que te desee lo mejor quedará igualmente preguntándose qué le deseas en realidad.

 

La variante nihilista: “Gracias, aunque nada comienza ni termina realmente”.

Esta puede no ser una respuesta educada (de acuerdo con el protocolo social esperado), pero al menos desde un punto de vista filosófico y hasta un tanto científico, es sincera, en la medida en que el tiempo es una invención del ser humano, una ilusión colectiva necesaria para dar marco a la realidad en los límites de nuestra percepción.

 

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Hace 50 años el escritor fue anfitrión de la llamada fiesta del siglo, un baile de máscaras de ensueño

Reconocido por su trayectoria periodística y literaria, uno de los episodios más populares en la vida de Turman Capote (y quizá de los menos conocidos) es la legendaria fiesta, conocida como The Black and White Ball, que organizó el 28 de noviembre de 1966 en honor a su amiga Kay Graham.

Gozando aún de la fama recibida por su novela A sangre fría, Capote supo mezclar entre su lista de invitados a lo más distinguido de la época. Una fiesta muy particular por la diversidad de sus invitados: aquella noche se dieron cita personajes de la talla de Frank Sinatra, Andy Warhol, Gloria Vanderbilt, Harry Belafonte y más.

El Hotel Plaza albergó en su salón de baile a universitarios, aristócratas, estrellas de cine, artistas, intelectuales y amigos de Kansas del escritor --al que ayudaron durante la realización de su reportaje novelado. La vestimenta era estrictamente en blanco y negro, además de la máscara. La ocasión borró por completo los límites y barreras entre sus asistentes; personas de todas las edades y ocupaciones se dieron cita para disfrutar del sonido de la Peter Duchin Orchestra.

Una fiesta enorme para ser lunes, justo después del Día de Acción de Gracias, que ha inspirado muchísimas otras fiestas y que sobrevive gracias a la gran cantidad de material fotográfico. Te presentamos algunas de las fotografías más sobresalientes de aquella mascarada irrepetible.

 

La actriz Tallulah Bankhead llega a la fiesta.

 

De nuevo Tallulah saludando a algunos amigos.

 

Kay Graham saluda al unicornio.

 

¿Quién se esconde detrás de las máscaras?

 

Frank Sinatra y Mia Farrow a la espera.

 

Kay sorprendida, Truman emocionado.

 

La princesa italiana Luciana Pignatelli (izquierda). Peter Gimbel y la condesa Crespi representando a la aristocracia.

 

Henry Fonda llega junto a su quinta esposa, Mae Adams.

 

Andy Warhol y su álter ego.

 

El camino a la pista de baile está hecho de rumores.

 

Una superheroína muy sorprendida.

 

Rose Fitzgerald Kennedy ha llegado.

 

Una velada irrepetible.

 

Candice Bergen, el misterioso conejo.

 

El anfitrión hace gala de sus pasos de baile.

 

Creo que Andy se ha enamorado.

 

Sonriendo a la cámara junto a Lee Radziwill.

 

Truman espera su turno.

 

El ánimo aumenta conforme avanza la noche.

 

Pero todo lo que sube tiene que bajar.

 

Truman Capote, responsable de la fiesta y vigilante en sus ratos libres.