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Son mis nervios… y los tuyos

Sistemas nerviosos

La sexualidad y los nervios están íntimamente relacionados, por arriba y por abajo. Es por ello que se le dedica bastante espacio al tema, desde lo anatómico hasta lo eléctrico y lo químico. Hay que sacarle jugo al conocimiento para sacarse jugo a uno mismo, sólo hay que conocer la naranja en cuestión. El amor acecha… cada quien está a cargo de exprimir su propio destino.

Hablar de sistemas nerviosos en plural es reconocer que el cerebro y los nervios se dividen en varios componentes que, por mérito propio, merecen su lugar en la jerarquía más alta del funcionamiento humano.

Son actividades nerviosas desde la percepción sensorial cotidiana, la manifestación del instinto animal, la imaginación que turba o masturba, pasando por el más burdo berrinche, el coraje por no salirse con la suya ni con la del otro, la agresión gratuita, la traición porque se lo merece el infiel, y otras bajezas, hasta, trepando por la escalera de lo sublime alcanzar la conciencia de ser, la conexión entre corazones que deriva en la ternura, el enamoramiento incondicional, el orgasmo conjunto --¿mito o leyenda?-- y el éxtasis espiritual de una conciencia plena.

Recuerda que cada órgano, casi cada célula, tienen su representación en una especie de mapa que cubre la totalidad del territorio del encéfalo. Más que un sistema de coordenadas, se trata de la torre de control de los despegues y aterrizajes corporales, que recibe mensajes y ordena respuestas, para coordinar el funcionamiento armónico del organismo.

En efecto, todo lo que se te ocurra, son tus nervios. Sin embargo, te tengo una noticia: el cerebro no es un producto terminado desde el nacimiento cuya estructura es imposible de modificar. De ninguna manera estás indefenso ante tus emociones, ni eres esclava de tus pensamientos y víctima insalvable de tu educación. Con voluntad y esfuerzo podrás abandonar la incomodísima zona de confort de tus traumas y complejos. 

Se sabe, de algunas décadas para acá, que la producción de neuronas sigue a lo largo de la vida y que el cerebro es susceptible de remodelación constante. Lo que piensas, lo que sientes y, sobre todo lo que haces, moldean tu encéfalo casi como si estuviera hecho de plastilina. A esta posibilidad de transformación se le llama justamente neuroplasticidad.  

Pero para asimilar debidamente estos conocimientos, te conviene recordar que el principio es el mejor comienzo. Así pues… ¡Corte!

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Para fines de estudio se ha dividido convencionalmente al sistema nervioso en dos grandes ramas: el sistema nervioso central y el sistema nervioso autónomo.

El sistema nervioso central, también llamado de la vida de relación es, por así decirlo, la oficina neuronal que procesa los estímulos sensoriales y genera conclusiones que le permiten a cada cual relacionarse con su entorno como mejor le parece. Interpreta, piensa, jerarquiza… es la materia gris, la corteza cerebral. Pero esta estructura tan elogiada no abarca toda la inteligencia individual. Las más de las veces se apoya en sus recuerdos y sus temores o fantasías para tomar decisiones. A la mayoría de las personas las guían la inseguridad y el miedo. No eliges pareja racionalmente y si lo haces, apuestas al fracaso sexual y sentimental que acarrea la hipocresía, muy racional por cierto.

¿Por qué? Se afirma que, por cuestiones de supervivencia histórica, el pensamiento de nuestra especie se inclina por la versión más negativa de la realidad que tiene enfrente: piensas que con esa chava despampanante no se te va a parar o te vienes luego luego, algo te dice que a ese muchacho le gustan más chichonas, si tu novio se retrasó 1 hora lo más probable es que aprovechó para llevarse a otra al hotel, si tu novia te presenta a sus amigos varones seguro te engaña con todos ellos y los trajo para burlarse de ti en bola cuando tú no estés.

Y aunque cualquiera de estos cuentos puede ser sólo un cuento, o una mamada --en el sentido no sexual, destapa y desata emociones, que en ocasiones llevan a desengaños prematuros, disfunciones eréctiles, vergüenzas del propio cuerpo, acciones descabelladas y hasta violencias gratuitas.

Las suposiciones y creencias personales son obstáculos aguafiestas, que impiden abrir el corazón, las piernas, o la erección a relaciones prometedoras. Triste conclusión: el miedo rige la conducta humana y constituye, como dice Don Juan Matus (Las enseñanzas de Don Juan, FCE), el primer enemigo del hombre --y la mujer-- de conocimiento. Dos profesores rígidos y autoritarios, el temor y el paradigma social, manipulan el cerebro y le dan su forma inicial. Y como ni llorar es bueno, usa la neuroplasticidad para fabricarte un cerebro a la altura de tu mejor versión de ti. Toma tiempo, pero rinde y libera desde las sensaciones, las impresiones, las conclusiones y las relaciones --sexuales también.

El sistema nervioso autónomo, la otra subdivisión del sistema nervioso, por definición es independiente y además se caracteriza por ser rebelde a la voluntad y un auténtico sobreviviente de sus propios errores. Abarca la mayor parte del llamado circuito de recompensa cerebral y en gran medida se rige mediante el sistema de ensayo y error. Al elegir tu fuente de placeres te conviene irte con cautela y respeto.

El sistema autónomo se divide a su vez en dos partes bien definidas: el simpático y el parasimpático. Puede decirse que en esta pareja complementaria el simpático es la parte intensa, mientras el parasimpático representa la tranquilidad. Ambos activan el sistema de recompensa, si bien producen satisfacción por carreteras distintas. 

El simpático funciona a base de las sustancias que te aceleran al máximo y te colocan en el filo de la butaca o al borde de un ataque de nervios. Se trata de moléculas tales como la dopamina, la adrenalina y la noradrenalina, las cuales activan la respuesta ataque, huida o parálisis.

Resumiendo: cuando enfrentas riesgos reales o imaginarios, personas atractivas, instancias sexuales que te llevan hasta la frontera de tus nervios, las sustancias en cuestión te impulsan a agredir, correr o congelarte. La dopamina y la adrenalina te erizan el cuero y te generan la sensación continua de que algo va a pasar, como: acostones memorables o frustrantes, peleas, sexo crudo, carne tártara, excitación desechable.    

El parasimpático por su parte se nutre de la serotonina, sustancia creadora de concordia externa, comprensión de motivos, paz interna y autoestima. Es la reina de los estados de ánimo. Los medicamentos antidepresivos de la “generación Prozac” (fluoxetina) incrementan la cantidad de serotonina en la sinapsis y con ello convencen a sus usuarias y usuarios de que todo marcha bien, aunque su vida sea aburrida, desabrida e insoportable.

Advertencia: la depresión va en aumento a nivel mundial y se afirma en varios medios que las personas que consumen antidepresivos se deprimen tanto por su padecimiento original como por saberse consumidores de fluoxetina o similares. Viejo truco de las farmacéuticas para enganchar a la gente depresiva, que es jueza implacable de si misma. Mejor prueba un poco de ternura y reconoce tu neuroplasticidad.   

Nota: en concentraciones excesivas, la serotonina provoca alucinaciones, tanto visuales como afectivas. El MDMA o éxtasis es una sustancia psicoactiva que se considera creadora, más que participante, de la cultura rave --pues se consumía principalmente en esas fiestas trasnochadas que alcanzaron su apogeo hace un par de décadas.

La célebre “tacha” ordeña grandes cantidades de serotonina de las terminales neuronales donde se encuentra, con lo cual induce alucinaciones sensoriales y afectivas, que provocan que quienes se meten en la ruta del éxtasis alucinen que los cinco elementos, las piedras, las plantas, los animales y, claro está, todas las personas que comparten la experiencia, son un solo ser, amor puro, armonía universal.

Por cierto, tanto a la tacha --cuya fórmula es metilen-dioxi-metanfetamina, por eso MDMA-- como a otros compuestos psicoactivos como la psilocibina, el LSD, el DMT, por mencionar algunos, se les descubren continuamente propiedades terapéuticas interesantes para una diversidad de trastornos anímicos. Si te interesa el tema te recomiendo la página de MAPS (Multidisciplinary Association of Psychedelic Studies).

Los sistemas nerviosos, junto con el resto de los sistemas orgánicos, crean la mente, que ha sido definida recientemente como “un proceso relacional y corpóreo que regula el flujo de energía y de información” (Daniel J. Siegel, Mindsight, Paidós, 2011, p. 89).

Difícil de entender e imposible de ubicar es la mente, pues se halla en continua transformación y se convierte, por la energía e información que incorpora instante a instante, justamente en el espacio de acción donde cualquier transformación es posible. Toda tu vida puede cambiar si tu cambias tu manera de vivirla, así como tu perspectiva de tus posibilidades de cambio. Y esto incluye a la esfera sexual, que se ha culpado de todas las aflicciones humanas desde tiempos de Freud, quien es ¡el autor más citado de todos los tiempos! 

De hecho, recuerda que la mente es capaz de reconfigurar el cerebro mediante acciones innovadoras, respuestas flexibles, energía expresiva y aprendizajes aquí y ahora, gracias a la neuroplasticidad. La mente crea el cerebro para crearse a sí misma: es un proceso ingobernable, que sigue sus propias leyes, mucho más cósmicas que humanas. La sexoplasticidad puede ser uno de los beneficios de una mente refrescante. ¿Cómo te quedaron los genitales?

 

Lectura recomendada: Norman Doidge, El cerebro que se cambia a sí mismo.

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Es hora de que los psiquiatras se den cuenta de que los fármacos dañan más de lo que ayudan

Salud

Por: Pijamasurf - 01/16/2017

Cada vez hay más personas con enfermedades mentales, pese a que cada vez se toman más antidepresivos y demás fármacos, los cuales evidentemente no están funcionando

La ciencia ama la frialdad de los números y, si nos atenemos a las estadísticas, parece evidente que los medicamentos psicotrópicos no están funcionando. Tal vez esto se debe a que la psiquiatría y en general los investigadores de medicamentos aman más el dinero de las farmacéuticas que las realidades de los números. 

En 2010, el investigador Robert Whitaker postuló en su libro Anatomy of an Epidemic que después de décadas de medicamentos para tratar enfermedades mentales éstos habían generado más efectos dañinos que positivos. Evidencia más reciente parece consolidar su hipótesis.

Datos del 2013 muestran que el 17% de los estadounidenses estaba tomando por lo menos un fármaco psiquiátrico, esto representa un aumento del 7% en menos de 5 años. Los antidepresivos encabezan la lista con hasta un 12% de adultos siguiendo un tratamiento con estos medicamentos.

El razonamiento para sostener esta enorme cantidad de prescripciones es que mejoran la salud mental. ¿Si no para qué tomarlos? Especialmente porque se ha demostrado que tienen numerosos efectos secundarios. Pero, en un reciente reporte, el profesor de psiquiatría de la Universidad de South Carolina, Edmund. S. Higgins, revela que en realidad la salud mental de los estadounidenses sigue deteriorándose, lo cual es "una verdad inconveniente" para el sistema médico. 

Higgins apunta que el nivel total de las enfermedades mentales se ha incrementado y los índices de suicido se encuentran en el nivel más alto en 30 años; el abuso de opiáceos está en un nivel de "epidemia" y el número de personas que falta al trabajo por enfermedades mentales ha aumentado radicalmente. Higgins lo atribuye a una "falta de precisión y objetividad en diagnosticar y tratar las enfermedades mentales" y llama a incorporar nuevas estrategias. La falta de objetividad quizás tenga que ver con lo fácil y provechoso que es para la industria lidiar con todos los problemas simplemente recetando un antidepresivo --una supuesta panacea que, de hecho, no es mucho más efectiva que el placebo.

El principio básico de la medicina hipocrática es primero no dañar al paciente (primum non nocere), es decir, dado un problema, intentar no hacer más daño, incluso no hacer nada si se corre el riesgo de dañar más. Por supuesto, aquí entra el juicio del médico y en ocasiones evidentemente es necesario arriesgarse a un tratamiento más agresivo. Pero en la actualidad es más cómodo simplemente suprimir síntomas y lidiar con los efectos secundarios después, algo que también es mejor para el negocio. 

Lo anterior no significa que los medicamentos psiquiátricos no tengan utilidad, sino que son usados en exceso y no son tan efectivos como se cree, por lo cual es importante incorporar otras estrategias. Recientemente un estudio mostró que la psilocibina (ingrediente activo de los "hongos mágicos") es altamente efectiva en tratar la depresión y la ansiedad en pacientes con cáncer). El problema de esto es que es ilegal y solamente se requiere una dosis para ser efectiva, por lo cual no es buen negocio. 

El periodista John Horgan en Scientific America, revisando los datos más recientes, concluye: "La psiquiatría estadounidense, en colusión con la industria farmacéutica, puede estar perpetrando el caso más grande de iatrogenesis (tratamiento médico dañino) en la historia".