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Un sistema para transformar los signos y aspectos planetarios de la carta natal en música que puede ser usada como un mantra personal

Desde Pitágoras, uno de los primeros filósofos de la historia --él mismo acuñó la palabra "filosofía", la música ha tenido un vínculo con las matemáticas y con las estrellas. Pitágoras consideraba que los planetas en sus movimientos matemáticos podían asociarse con un sonido, lo que llamó "la música de las esferas". Posteriormente diversos astrólogos elaborarían sobre este concepto pitagórico añadiendo al alfabeto de correspondencias, el cual precede incluso a Pitágoras, una relación entre los astros y las notas musicales, agregando así a esta doctrina de signaturas que mantiene que existe una relación entre los planetas, los colores, los metales, las plantas, las partes del cuerpo, los elementos, los humores y demás.

El astrólogo argentino Néstor Echarte sugiere que existe la posibilidad de "extraer los sonidos que identifican a ese mandala", es decir, la carta natal como expresión geométrica del alma, "a la manera de un mantra único". En este sentido Echarte basa su trabajo en la explicación sobre El Arqueómetro de Ernesto Roca, donde se vincula el zodiaco con diferentes terapias, ya sea la musicoterapia o la cromoterapia, las gemas, los metales y las flores.


 

En un artículo muy amplio (que recomendamos leer) explica cómo transformar la carta natal en música, inclusive haciendo mención de una serie de softwares que pueden ayudar a convertir a nuestros astros en un sello musical. En la conformación de la partitura musical, "la representación en el pentagrama del teclado con las notas equivalentes a los signos zodiacales, pertenecen, en principio a la primera octava", aunque esto no significa que no se pueda luego experimentar con diferentes ocatavas, sobre todo para representar aspectos astrológicos o tránsitos.

Los esquemas de estas correspondencias no suelen utilizar a los planetas transaturninos (Urano, Neptuno y Plutón), que no eran conocidos en épocas antiguas; sin embargo, se pueden incorporar desde el concepto de "octava superior". Al traducir un aspecto entre dos planetas se obtiene un "acorde"; aspectos que involucran más de dos planetas se pueden volver secuencias de notas "como si se tratara de un arpegio o una pequeña melodía".


 



Un ejemplo de cómo se puede empezar a transformar los signos y los planetas en notas es dado por Echarte usando el caso de la carta natal de Argentina, que es tomada como si fuera una persona:

En el caso de la Argentina encontramos dos dispositores finales. Uno de ellos es claramente el planeta Saturno que en la carta se encuentra en el signo de Acuario, por lo que la combinación de DO# y LA# sería la representación del mismo. El otro dispositor final es un ciclo repetitivo entre los planetas Júpiter en el signo de Escorpio y Plutón en el signo de Piscis siendo importantes y representativos por encontrarse además en disposición mutua. La combinación de las notas DO y SOL por Júpiter en Escorpio y las notas SI (en una octava superior) y SI (primera octava) por Plutón en Piscis hablaría claramente sobre esta secuencia de disposición final.

Si logramos hacer de manera coherente la conversión podremos obtener nuestra propia pieza musical que de alguna manera signifique nuestra naturaleza. "Una vez obtenidos los distintos archivos de audio finales, éstos me servirán para utilizarlos de distintas maneras, tanto terapéuticas como motivacionales, dependiendo esto de las diferentes lecturas y necesidades que pueden surgir del análisis y evaluación de una Carta Natal", dice Echarte.

Este dios gnóstico puede ser justo lo que necesitamos para sacarnos de la era de la ignorancia en la que vivimos

Magia y Metafísica

Por: Pijamasurf - 01/24/2017

Conoce a Dinanukht, un extraño dios mitad libro mitad hombre que pasa el tiempo leyéndose a sí mismo, pero que alguna vez realizó un viaje a los mundos superiores en busca del conocimiento supremo

Anteriormente hemos argumentado que vivimos en la "era de la ignorancia" y, de manera predecible para una era oscura, no lo estamos notando. En resumidas cuentas esto se debe a que si bien estamos apilando cada vez más información y desarrollando más tecnología, esto no se traduce en sabiduría ni en mejorar la calidad de nuestras vidas de manera significativa (generamos hedonismo, pero no eudemonía).

Recomendamos leer los artículos sobre la era de la ignorancia. Dicho eso, he aquí una divertida opción para combatir la falta de imaginación con en el retorno a las antiguas tradiciones mezclado con una dosis de humor. Presentamos al dios Dinanukht, un dios que es mitad libro y mitad humano y que pasa el tiempo en las aguas leyéndose a sí mismo. Dinanukht aparece en una historia de la secta gnóstica de los mandeístas. Los gnósticos son una religión mística cristiana que con el tiempo fueron considerados como herejes por la Iglesia; su creencia más descollante es que nuestro mundo es la contracreación de un demiurgo que tomó el papel del dios verdadero, atrapando la luz divina y creando un mundo ilusorio. El gnóstico más ilustre de tiempos recientes fue Philip K. Dick, cuya obra anticipó la idea de The Matrix.  

Dinanukht tiene una experiencia semejante a la narrada por diversas religiones en las que el alma asciende por los cielos. Al viajar hacia las esferas superiores, llega al último mundo antes del mundo de la luz.  "Ahí todas las contradicciones están almacenadas y las almas de aquellos mandos que no han nacido en la Tierra. Dinanukht quiere seguir ascendiendo, pero se le informa que debe regresar a decirle a los demás lo que ha visto". Se encuentra con una divinidad que le dice, como aniquilando el principio de dualidad que rige el mundo de los gnósticos: "Yo soy la vida que existe desde el principio. Soy la verdad que existe desde antes del principio. Soy el fulgor. Soy luz. Soy muerte. Soy vida. Soy oscuridad. Soy luz. Soy el error. Soy la verdad. Soy la destrucción. Soy la creación" (cita de The Elemental Thing, de Elliot Weinberger).

Miguel Conner del sitio gnóstico The God Above God, escribe que  "Dinanukht no sólo es intrigante sino que es relevante en un tiempo en el que la autoexploración y la lectura están siendo estranguladas por el típico feed inane de Facebook o por más fotos de celebridades en Instagram". Con cierto humor tecnoludita, Conner dice que podríamos imaginar una película de ciencia ficción en la que este dios-libro peleara con Kindle en una épica lucha por el alma cultural de la humanidad. 

Se podría argumentar que la humanidad no necesita más dioses (ya tenemos el iPhone y tenemos dioses que son volcados en contra de los hombres por los hombres), pero no se puede negar que la representación de este dios gnóstico es genial e incluso viral. Es mucho más cool que todos los Kindles del mundo.