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Cuando tengas 61 años, ¿crees tener un cuerpo tan saludable como el de esta mujer? (FOTOS)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/12/2017

El cuidado del cuerpo es una condición necesaria para la vida plena.

Hoy en día y desde hace algunas décadas, se habla mucho del culto al cuerpo que impera en las sociedades occidentales, de cierto ideal de belleza que ideológicamente se intenta imponer en la mayoría y de las características de nuestro físico que, supuestamente, todos estamos obligados a cumplir o por lo menos a aspirar.

Eso existe, sin duda, en buena medida porque sirve como el correlato funcional de toda una maquinaria de producción y consumo enfocada al cuerpo: ropa, perfumes, cosméticos, gimnasios, suplementos alimenticios, etc.

Sin embargo, no menos cierto es que si se logra desprender de ese discurso dominante, es posible mirar el bienestar del cuerpo no como una derivación del modo de vida capitalista sino, en términos más elementales y hasta un poco subjetivos o filosóficos, como un efecto lógico de una vida llevada en plenitud. En su Teoría del cuerpo enamorado, Michel Onfray señala cómo en el desarrollo de la filosofía de Occidente –dominada por el platonismo y después por el neoplatonismo del que se apropiaron los teólogos católicos– la atención del cuerpo pasó a segundo término, como si fuese algo que no mereciera cuidado e incluso llegando al extremo de mortificarlo y limitarle sus placeres.

¿Pero no es esta una perspectiva equivocada? Después de todo, nuestro cuerpo es el vehículo del que disponemos para experimentar el mundo, y en no pocos casos la calidad de dicha experiencia está relacionada directamente con la salud física de la que gocemos.

Una prueba más o menos elemental de esa hipótesis se encuentra en las fotografías que ahora presentamos, las cuales muestran a Yazemeenah Rossi, una mujer de 61 años que, contra aquello que podríamos suponer por causa de su edad, posee un cuerpo saludable, en el sentido más amplio de esta categoría.

Las imágenes son parte de la campaña publicitaria de una marca de trajes de baño, en la cual se busca mostrar que los cuerpos existen más allá de la hipersexualización con que estamos más o menos habituados a mirarlos.

Asimismo, y quizá esto es lo más importante, dejan ver también que el bienestar es una especie de obra de arte que se ejecuta a lo largo de toda la vida. En este caso específico, Rossi es una mujer que ha cultivado la eudamonía: es artista, ha viajado, consume alimentos orgánicos (“mucho antes de que se pusieran de moda”) y, en general, cuida de sí.

Si antes hemos aludido a la filosofía no es por casualidad. Entre los antiguos griegos, un elemento imprescindible de la vida plena era la salud del cuerpo. Y quizá al ver estas imágenes podemos entender por qué lo decían.

 

También en Pijama Surf: ¿Qué es la eudaimonía y por qué es la clave del bienestar?

El largo y difícil camino de un adolescente que ha decidido dejar de masturbarse por 1 año, y lo que encontró

¿Con qué frecuencia visitas páginas porno? ¿Cada cuánto te masturbas? Uno de los escritores de highexistence.com asegura que tomó la drástica decisión, a los 16 años de edad, de no masturbarse ni mirar porno durante todo 1 año: 365 días de abstinencia completa. ¿Suena imposible, verdad?

Siempre recibió las mismas reacciones de sus conocidos luego de contarles: ¿En qué estaba pensando? La pregunta realmente importante, luego de lograrlo, es: ¿valió la pena? La razón por la que hizo esto fue motivado principalmente por su religión: de grande soñaba con ser un cura y sí, se inclinaba un poco hacia el fanatismo.

Tenía la firme creencia de que muchos se irían al infierno por hacer todas esas cosas “prohibidas” y “malas”, los juzgaba con dureza. En cambio, él era un santo ante los ojos de Dios: no usaba drogas ni alcohol, no tenía sexo premarital ni blasfemaba, pero sólo una cosa lo separaba de la perfección: la diabólica masturbación.

La culpa no tardaba en aparecer cada vez que usaba sus manos para obras lejanas al señor. Su cuerpo adolescente estaba en éxtasis pero su mente giraba una y otra vez en torno a los terribles castigos que le esperaban para toda la eternidad. Así que decidió que, de una buena vez por todas, perseguiría su carrera como cura dejando de menearla para siempre. Esta búsqueda trajo, de manera incidental, varios efectos positivos en su vida.

El primero fue que toda la energía sexual que no utilizaba se transformó en algo más. Al igual que el principio físico de la materia –que no puede ser creada o destruida, solamente transformada– la energía sexual termina por emerger, tarde o temprano, ya sea en forma de berrinches iracundos sin sentido o en actividades positivas y constructivas.

En su caso, se trató de tocar la batería cada vez que se le subía la calentura. Redirigió este impulso primario hacia la creatividad y ello pagó con creces: pasó de la mediocridad a ser un excelente baterista. Si rediriges tu pasión sexual al desarrollo de una habilidad esta mejora mucho más.

El segundo beneficio que encontró fue mayor poder sobre sí y libertad. Un adolescente fanático dejó de sentir culpa cada vez que se masturbaba, no se trataba de una adicción sexual sino una adicción a sentir culpa. Juzgaba con tanta dureza al mundo que luego de dejar ese hábito comenzó a darse cuenta de que necesitaba sentir esa culpa, que estaba adorando a un Dios basado en lo peor de él mismo: miedos, juicios, culpa.

Dejó de juzgarse tan duramente y comenzó a hacer lo mismo con otros. Se sentía más libre al ser y dejar ser. Pese a que esto sucedió en apenas algunos meses, decidió continuar con el experimento por 1 año completo (para después otorgarse un merecido desahogo).