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El filósofo emperador Marco Aurelio sobre cómo motivarte en la mañana para ir a trabajar

Filosofía

Por: Pijamasurf - 01/09/2017

La sabiduría milenaria de los estoicos

El emperador romano y filósofo estoico Marco Aurelio legó uno de los grandes testimonios de sabiduría práctica en sus Meditaciones (o Pensamientos). Para los estoicos era fundamental llevar una vida de significado, lo cual consistía en una especie de alineación con el sentido que tiene la naturaleza, en la cual encontraban una inteligencia rectora. Esto puede ser muy oportuno para nuestra vida moderna donde a veces nos extraviamos y padecemos de una falta de sentido, de un profundo ennui existencial.

En el amanecer, cuando tienes problemas para levantarte de la cama, dite a ti mismo: "Tengo que ir a trabajar --como ser humano. ¿De qué me puedo quejar, si voy a hacer aquello por lo cual nací --las cosas por las cuales vine al mundo? ¿O acaso para esto fui creado, para resguardarme bajo las sábanas y quedarme abrigado?

¿Así que naciste para sentirte "bien"? ¿En vez de hacer las cosas y experimentarlas? No ves a las plantas, los animales, los pájaros, las hormigas, las arañas y las abejas realizando sus tareas individuales, poniendo orden al mundo, de la mejor forma que pueden? ¿No estás dispuesto a hacer tu trabajo como ser humano? ¿Por qué no estás apresurándote a hacer lo que tu naturaleza te pide?

Marco Aurelio recuerda que las personas "que realmente están poseídas por lo que hacen, prefieren dejar de comer y dormir a dejar de practicar su arte". Pero este "arte" no se trata de la labor privilegiada de una élite diletante o tocada por el genio, sino de todo ser humano alineado con su propia naturaleza, independientemente del giro de su trabajo. "¿Acaso ayudar a los demás es menos valioso para ti? ¿No vale la pena tu esfuerzo?". El filósofo emperador hace hincapié en el sentido comunitario, incluso holístico de la vida.

Cuando te cueste trabajo levantarte de la cama en la mañana, recuerda que tu característica defiinitoria --lo que define a un ser humano-- es trabajar por los demás. Incluso los animales saben cómo dormir. Y es la actividad característica la cual es más natural --la más innata y satisfactoria.

Y toda esta lección puede sumarse en la siguiente frase: "no te amas lo suficiente, puesto que de hacerlo amarías tu propia naturaleza también". El gran estoico nos llama a reconciliarnos con nosotros mismos, que es lo mismo que reconciliarse con el cosmos y su sabiduría.

Una concisa y preciosa historia sobre el cielo y el infierno y la naturaleza de la mente

En su libro Welcoming Flowers from Across the Threshold of Hope, el maestro budista Thinley Norbu Rinpoche cuenta la siguiente historia:

Érase una vez un maestro zen que fue interpelado por un guerrero samurái, quien le pidió que le enseñara el significado del infierno y del cielo. Cuando el maestro le respondió: "Nunca le enseñaré algo a alguien tan ignorante y violento como tú", el samurái se enfureció, alzó su espada y estuvo apunto de matarlo. Entonces el maestro dijo: "Eso es el infierno". Inmediatamente, el samurái entendió, tiró su espada en reconocimiento e hizo una reverencia al maestro con fe. Entonces el maestro dijo: "Eso es el cielo".

Thinley Norbu comenta que el Buda enseñó que todas las formas de sufrimiento y todas las fuentes del mal pueden cesar, una vez

que son reconocidas como las propias concepciones negativas... si el ego es purificado a través de la práctica y la realización, la mente dualista es reducida y por lo tanto el aferrarse y las pasiones que se generan son reducidas, así también el karma es reducido. Cuando el karma cesa, de tal forma que todos los fenómenos negativos cesan, eso es llamado nirvana. 

Podemos entender entonces la historia de la siguiente manera: el infierno es la consecuencia de la ignorancia que se refleja en actos negativos que producen karma negativo. El infierno (o el sufrimiento que produce la ignorancia) es siempre el resultado de nuestros actos y de la intención de nuestra mente. El cielo es el resultado del karma positivo. Ahora bien, hay un matiz que se debe mencionar, y es que el budismo diferencia entre los cielos o mundos de los dioses, en los que existe puro placer pero que, sin embargo, están sujetos al karma y a la ilusión del samsara, y el nirvana, que está libre de toda condición y es el resultado de la sabiduría, de comprender que todos los fenómenos que experimentamos son consecuencia de nuestra mente. Luego podemos extender esto y extrapolar que el cielo es la gratitud, la fe, el reconocimiento; el infierno: la ignorancia, la violencia, la arrogancia, etcétera.

En el mismo texto, Thinley Norbu, gran maestro del vajrayana, señala:

Según las enseñanzas budistas, la fuente del mal no es el mundo. La fuente del mal es el pensamiento dualista, o el principio egoísta de la mente que se aferra a las cosas, y el mundo es sólo un reflejo de la propia mente... Para la mente de sabiduría del Buda, no existe el mal, pero para las mentes dualistas de los seres sensibles, la idea del mal debe purificarse.  

Esto es ejemplificado en un diálogo que tiene el famoso yogui Milarepa con un espíritu o demonio en una cueva. Al encontrarse en su cueva con el espíritu de una roca Milarepa intentaba exorcizarlo, cuando el espíritu le contestó:

Si el concepto de enemigo no surge como consecuencia de tu propia mente delusoria, entonces, ¿sería yo, un espíritu de la roca, un enemigo? De hecho, este demonio del hábito nace de tu propia mente delusoria. Si no te das cuenta de que tu mente es vacuidad, entonces puede haber muchos demonios a mi lado. Pero si te das cuentas de la naturaleza de tu propia mente, entonces todas las malas circunstancias se convierten en tus amigos. E incluso yo, un espíritu de la roca, seré también tu sirviente.

Entonces se dice que Milarepa recordó las palabras de su maestro Marpa, quien le había mostrado que todos los fenómenos emergen de la propia mente, la cual es vacuidad, igual al dharmakaya, el Cuerpo de la Realidad Absoluta. Y así el espíritu desapareció. Todo infierno, todo mal, no es más que un estado mental que desaparece cuando se comprende la naturaleza de la propia mente.

 

Twitter del autor: @alepholo