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Escucha esta playlist con música de todos los países prohibidos por Trump (cortesía de Four Tet)

Arte

Por: Javier Barros del Villar - 01/30/2017

La exquisitez de esta playlist contrasta abruptamente con la ignorancia del presidente de Estados Unidos

Al pensar en Donald Trump, y en los principales ingredientes que componen su discurso, obviamente saltan a la vista algunos como la agresividad, la nula templanza, la explotación de lugares comunes y la descalificación. Pero quizá por encima de todos los anteriores, algo que caracteriza a este hábil y pendenciero empresario convertido en presidente es su abismal ignorancia.

Es notable el esfuerzo que emplea Trump en desconocer los aportes de diversos grupos, por ejemplo árabes o mexicanos, a la cultura, economía y, en general, a la identidad estadounidense. Y en su discurso no sólo los ignora (en sentido genuino) sino que busca culparlos, y criminalizarlos, de las diversas deficiencias del sistema por el cual su país se ha regido en las últimas décadas –lo cual es un artificio bastante recurrido a lo largo de la historia en situaciones similares.

Precisamente por esto, por su ignorancia, es que la medida adoptada por Kieran Hebden (mejor conocido por su proyecto Four Tet) resulta tan atinada. Desde hace unos meses el británico inauguró una playlist pública, que ahora está nutriendo con música proveniente de todos aquellos países cuyos ciudadanos no pueden entrar a Estados Unidos por órdenes de Trump. Entre líneas esta iniciativa resalta la riqueza cultural y el sensible bagaje que yace atrás de cada una de estas culturas –pequeños paraísos a los que el mandatario no puede acceder pues su ignorancia no se lo permite.  

La tradición musical de los países árabes, quizá encabezada por iraníes e iraquíes, se cuenta sin duda entre las manifestaciones más refinadas del imaginario sonoro. El apartado de la playlist, que ya suma 10 tracks, comenzó a confeccionarse, de acuerdo con el sitio Thump, cuando Hebden se dio cuenta de que, por ejemplo, ya no podría grabar un álbum con su amigo el músico sirio Omar Souleyman (como lo hizo hace unos años en Brooklyn). La simple apertura de la selección, con un track de Taqsim Maqam Ajam –uno de los más destacados exponentes contemporáneos de la escuela musical de Irak– basta para dimensionar las delicias de las que Estados Unidos se automargina con sus nuevos vetos.  

Así que no queda mucho más que procurar una inmersión en latitudes musicales de Irán, Sudán, Siria y Somalia, entre otras naciones prohibidas y comprobar cómo la playlist contrasta hermosamente con el oscurantismo que Trump promueve. En resumen se trata de una bala precisa, de seda, dirigida al corazón del rancio odio que hoy se enarbola desde la Casa Blanca.  

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

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"La La Land" nos recuerda que el cine de Hollywood ha sido siempre una gran máquina productora de fantasías

La historia del cine es indisociable de lo que acontenció en los estudios de Hollywoood, tanto, que a partir de las producciones de esa industria surgió incluso una forma específica de hacer cine, una especie de ethos que aun repartido en distintos géneros –comedia, terror, acción, etc.– otorga una suerte de unidad a todas esas cintas, una especie de “denominación de origen” como la que tienen ciertas bebidas alcohólicas o algunos alimentos.

En este sentido, el género musical fue en cierto momento uno de los sellos distintivos del cine hollywoodense y también una realización del espíritu que lo animaba: el cine como materialización de ciertas fantasías específicas o, para decirlo de manera un tanto más cínica, el cine como una máquina que nos muestra qué desear y cómo desearlo. Las películas musicales son la cima de esa intención, el fantaseo supremo en torno a cómo debe ser el amor, la relación de pareja, el desarrollo de una relación, etcétera.

Estos párrafos nos sirven para compartir ahora una videoedición notable en la que se comparan ciertas escenas de La La Land (Damien Chazelle, 2016) con las películas musicales clásicas a las que se hace homenaje en dicho filme. Como sabemos, por estos días La La Land está llamando considerablemente la atención, especialmente entre la audiencia, toda vez que se ha ganado ya los reconocimientos de la crítica.

Y es que el cine también es eso: una gran máquina en donde los sueños se encuentran en circulación constante, presentes y olvidados, recuperados a veces, atentos al instante en que un descuido nos hace volver a soñar de esa manera.