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La felicidad real está vinculada a aspectos que se encuentran en una vida muy sencilla

Según Peter Adeney, conocido como Mr. Money Moustache, el gurú de la frugalidad, una de las grandes ilusiones de nuestra sociedad, que además es intensamente promovida por el sistema económico, es que existe una correlación en tener productos de lujo y la felicidad. Si bien cierta cantidad de dinero no es indispensable pero sí muy útil para alcanzar una posible libertad y goce básico de la existencia, una vez que se tiene suficiente para resolver lo necesario, más dinero no produce más felicidad. Las siguientes cosas sí lo hacen (según la revisión de Adeney de la literatura científica):

 

-Amistad

-Libertad

-Salud

-Trabajo significativo

-Privacidad

-Filosofía de vida

-Comunidad

Todas estas cosas están resueltas en una vida primitiva, rústica, sencilla, conectada con el mundo natural, real de la comunidad (y no sólo virtualmente) --así que todas las demás cosas, todas las cosas con las que llenamos nuestras vidas son realmente excedentes. Tienen en común que no son cosas consumibles o que podamos comprar. Absurdamente gastamos la mayor parte de nuestra energía y tiempo en conseguir aquello que realmente no necesitamos y que no contribuye significativamente a hacernos más felices. Sería quizás más inteligente simplemente contentarnos con lo que ya tenemos y dedicarnos a administrarlo. 

"Vivimos en una trampa, los productos de lujo deberían tener una advertencia tipo EL DALÁI LAMA HA DETERMINADO QUE ESTE PRODUCTO NO AUMENTA LA FELICIDAD", bromea Adeney. Sin embargo, es una broma importante de recordar, especialmente cuando los expertos de finanzas, políticos y celebridades promueven la idea de que entre más lujosa sea nuestra vida más felices seremos.

 

Un controvertido método de exploración sexual diseñado para compartir sensaciones y experiencias sin necesidad de coito

La gran mayoría de las prácticas sexuales de Occidente se han concentrado de manera exclusiva en el placer masculino. Ya sea desde el completo desconocimiento de la anatomía femenina o la satanización del placer de la mujer, nuestras sociedades han heredado prácticas machistas difíciles de desarraigar.

Siguiendo la marcada tendencia a adoptar prácticas y estilos de vida inspirados en las filosofías orientales (adaptadas para el mundo occidental), Nicole Daedone y Robert Kandell crearon en 2001 OneTaste, empresa fundada en San Francisco y dedicada a la investigación y enseñanza de la técnica de meditación orgásmica.

Esta técnica se centra en el orgasmo femenino como punto de encuentro, comunicación y vinculación entre dos personas, el acariciante y la acariciada. Para practicarla se construye un nido con almohadas en el que la mujer, de aquí en adelante la acariciada, practicando diferentes posiciones asociadas a distintas propiedades y efectos posteriores en el cuerpo, se recuesta, sin ropa del ombligo para abajo, para que su acariciador –pidiendo permiso, concentrado en la sensorialidad de su acompañante, comunicándole cada movimiento– coloque suavemente su dedo en el clítoris de su compañera y durante 15 minutos cronometrados exploren las sensaciones que se producen. Posteriormente se entabla un diálogo para que ambas partes verbalicen y describan su experiencia al otro.

Todo esto está basado en la idea de que nuestras prácticas sexuales tienden a estar enfocadas en lograr un objetivo: el orgasmo. Esta ruta es progresiva y ascendente, concentra una gran cantidad de energía para luego liberarla sin más y, como describe su página oficial, dejarte “empobrecido”. Esta visión del sexo, a la que llaman orgasmo 1.0, proviene de la sexualidad masculina, de acuerdo con los seminarios que describe Jaeger en su artículo para Evening Standard.

En cambio, la meditación orgásmica está basada en la ruta compleja de los orgasmos femeninos, una montaña rusa de sensaciones sin meta o principio, el vuelo de una mariposa que recorre el mundo sin brújula o mapa. Intuitivo y dinámico, ellos lo conocen como estado orgásmico u orgasmo 2.0, un estado de conciencia al que se llega a través del empuje sexual.

Según sus propios estatutos la organización busca “crear un lugar limpio y bien iluminado donde la sexualidad, las relaciones y la intimidad puedan ser discutidos de manera abierta y con honestidad”.

Combinan nociones de sexo tántrico para extender la gama sensorial de sus practicantes; meditación para dar cuenta de la estaticidad del cuerpo y yoga para tomar conciencia del cuerpo en movimiento.

Luego de su gran éxito han abierto sucursales en otras seis ciudades de Estados Unidos, Inglaterra y Australia. Para muchas, se trata de una alternativa saludable y benéfica para sostener una vida sexual plena; para otras es el inicio evidente de una manía y una extraña forma de culto pues en sus prácticas sólo han encontrado una manera fácil de despersonalizar el encuentro erótico, recubrirlo de una espiritualidad impostada y hacer un culto unilateral del placer femenino.