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La felicidad real está vinculada a aspectos que se encuentran en una vida muy sencilla

Según Peter Adeney, conocido como Mr. Money Moustache, el gurú de la frugalidad, una de las grandes ilusiones de nuestra sociedad, que además es intensamente promovida por el sistema económico, es que existe una correlación en tener productos de lujo y la felicidad. Si bien cierta cantidad de dinero no es indispensable pero sí muy útil para alcanzar una posible libertad y goce básico de la existencia, una vez que se tiene suficiente para resolver lo necesario, más dinero no produce más felicidad. Las siguientes cosas sí lo hacen (según la revisión de Adeney de la literatura científica):

 

-Amistad

-Libertad

-Salud

-Trabajo significativo

-Privacidad

-Filosofía de vida

-Comunidad

Todas estas cosas están resueltas en una vida primitiva, rústica, sencilla, conectada con el mundo natural, real de la comunidad (y no sólo virtualmente) --así que todas las demás cosas, todas las cosas con las que llenamos nuestras vidas son realmente excedentes. Tienen en común que no son cosas consumibles o que podamos comprar. Absurdamente gastamos la mayor parte de nuestra energía y tiempo en conseguir aquello que realmente no necesitamos y que no contribuye significativamente a hacernos más felices. Sería quizás más inteligente simplemente contentarnos con lo que ya tenemos y dedicarnos a administrarlo. 

"Vivimos en una trampa, los productos de lujo deberían tener una advertencia tipo EL DALÁI LAMA HA DETERMINADO QUE ESTE PRODUCTO NO AUMENTA LA FELICIDAD", bromea Adeney. Sin embargo, es una broma importante de recordar, especialmente cuando los expertos de finanzas, políticos y celebridades promueven la idea de que entre más lujosa sea nuestra vida más felices seremos.

 

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Prácticamente todo nuestro cuerpo está constituido de materia que provino de las estrellas, ¿cómo te hace sentir eso?

La posibilidad de estar literalmente conformados por "polvo de estrellas" es una de las ideas más científicamente poéticas que se hayan cultivado. A través de los siglos más de una voz advirtió esta constitución sideral en el ser humano: “Sé humilde pues estás hecho de tierra. Sé noble pues estás hecho de estrellas”, reza un antiguo proverbio serbio. A principios del siglo XX Aleister Crowley promovía la idea de que “cada hombre y cada mujer es una estrella”, mientras que ya en tiempos más próximos, el rockstar del cosmos, Carl Sagan, advirtió: “El cosmos esta también dentro de nosotros. Estamos hechos de la misma sustancia que las estrellas”.   

Si bien desde hace décadas la ciencia ya había insinuado la veracidad de esta idea, en 2010 un profesor de astronomía de la Universidad de Arizona, Chris Impey, fue categórico al confirmar que toda la materia orgánica que contiene carbono se produjo originalmente en las estrellas. El lienzo más antiguo del universo estuvo conformado principalmente por helio e hidrógeno, mientras que el resto de los componentes se crearon, y diseminaron, vía explosiones de supernovas –y así llegaría este polvo de estrellas a la Tierra. Todos los átomos pesados, incluidos oxígeno, nitrógeno y carbono, es decir buena parte de nuestra materia prima, fueron creados por una generación anterior de estrellas, latentes hace unos 4 mil 500 millones de años.

 

Somos, casi por completo, polvo de estrellas

Un análisis reciente de la información obtenida mediante el programa de exploración Sloan Digital Sky Survey logró ubicar, en 150 mil estrellas dentro de la Vía Láctea, los elementos que fungen como materia prima de la vida en la Tierra (carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y sulfuro). Lo anterior arrojó la conclusión de que el 97% de la masa del cuerpo humano está conformado por materia procedente de las estrellas.  

“Por primera vez podemos estudiar la distribución de elementos a lo largo de la galaxia. Los elementos que medimos incluyen a los átomos que conforman el 97% de la masa del cuerpo humano” afirmó en un comunicado de prensa del SDSS Sten Hasselquist, de la Universidad Estatal de Nuevo México.  

 

¿Qué se siente estar hechos de estrellas?

La posibilidad de intimar en el más profundo de los planos, la constitución misma, con seres que generalmente percibimos tan distantes e impersonales como los astros, tiene importantes implicaciones en la forma en la que nos autoconcebimos, así como en la manera en la que entendemos nuestra relación con el cosmos. El precepto cultural de que todo lo que “está allá afuera”, empezando por la naturaleza, existe aparte de mí, pareciera desplomarse, incluso racionalmente, si consideramos que estamos literalmente constituidos de materia astral.

 

Acariciar el cosmos

Llevando el juego reflexivo unos pasos más allá, podemos insinuar que al palpar a alguien estamos acariciando al cosmos, y que al contemplarnos al espejo hay en ese reflejo mucho más de lo que creemos. Además, y de la mano de otra premisa de Sagan que sentencia “Somos polvo de estrellas que piensa acerca de las estrellas”, llegamos a la posibilidad de que somos estrellas autodisfrutándose, o incluso podemos cortejar la idea de que contemplar las estrellas sea un ejercicio de introspección –lo cual, por cierto, hace aún más sugestiva nuestra existencia.

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis