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No toda la cerveza proviene de la cebada, asómbrate con el ingrediente inesperado de ésta

Buena Vida

Por: Pijamasurf - 01/02/2017

En la historia de la cerveza hubo un momento decisivo: el de la irrupción decisiva de este cereal.

Al pensar en cerveza, muchos de nosotros tenemos una idea fija: que su principal ingrediente de fermentación es la cebada. Esto no es casual, pues existen registros de civilizaciones de la antigüedad (como la sumeria o la china) en los que se utilizó dicho ingrediente para crear algunas de las primeras formas de cerveza.

Con todo, en la evolución misma de la bebida se encontró que no sólo se podía hacer cerveza a partir de la cebada. En particular, fue en la Edad Media, en la región germánica, donde un grupo de cerveceros comenzó a experimentar con la fermentación del trigo para producir cerveza, en buena medida por la mayor presencia de este grano, en comparación con la cebada. El resultado fue una cerveza de sabor distintivo que además destacó también por su color más bien claro, en un momento en que las cervezas “oscuras” eran prácticamente las únicas conocidas.

Las cervezas de trigo nacieron así, como una prueba, o quizá sea mejor decir que a partir del deseo de aprovechar lo mejor posible las circunstancias del presente. Por las características del grano, estas cervezas son de alta fermentación, lo cual a su vez las hace más ligeras y refrescantes. En su tiempo, este último rasgo fue una feliz coincidencia, pues dado el calendario de cultivo y cosecha, las cervezas de trigo estaban disponibles únicamente en verano, lo cual las volvía una compañía excelente para los días estivales, calurosos y ardientes.

Ahora, claro, se tienen prácticamente en todo el año, pero en cierta forma conserva en su esencia esa alusión a algo especial, poco común, como si beberse una cerveza de trigo estuviera reservado para una ocasión extraordinaria o hiciera de esa misma ocasión algo fuera de lo habitual.

Recientemente en México, Grupo Modelo lanzó al mercado una edición especial de su Cerveza Modelo, hecha a base de trigo. Si deseas experimentar esta notable tradición de manufactura cervecera, te invitamos a encontrarla en los centros de comercialización conocidos.

El largo y difícil camino de un adolescente que ha decidido dejar de masturbarse por 1 año, y lo que encontró

¿Con qué frecuencia visitas páginas porno? ¿Cada cuánto te masturbas? Uno de los escritores de highexistence.com asegura que tomó la drástica decisión, a los 16 años de edad, de no masturbarse ni mirar porno durante todo 1 año: 365 días de abstinencia completa. ¿Suena imposible, verdad?

Siempre recibió las mismas reacciones de sus conocidos luego de contarles: ¿En qué estaba pensando? La pregunta realmente importante, luego de lograrlo, es: ¿valió la pena? La razón por la que hizo esto fue motivado principalmente por su religión: de grande soñaba con ser un cura y sí, se inclinaba un poco hacia el fanatismo.

Tenía la firme creencia de que muchos se irían al infierno por hacer todas esas cosas “prohibidas” y “malas”, los juzgaba con dureza. En cambio, él era un santo ante los ojos de Dios: no usaba drogas ni alcohol, no tenía sexo premarital ni blasfemaba, pero sólo una cosa lo separaba de la perfección: la diabólica masturbación.

La culpa no tardaba en aparecer cada vez que usaba sus manos para obras lejanas al señor. Su cuerpo adolescente estaba en éxtasis pero su mente giraba una y otra vez en torno a los terribles castigos que le esperaban para toda la eternidad. Así que decidió que, de una buena vez por todas, perseguiría su carrera como cura dejando de menearla para siempre. Esta búsqueda trajo, de manera incidental, varios efectos positivos en su vida.

El primero fue que toda la energía sexual que no utilizaba se transformó en algo más. Al igual que el principio físico de la materia –que no puede ser creada o destruida, solamente transformada– la energía sexual termina por emerger, tarde o temprano, ya sea en forma de berrinches iracundos sin sentido o en actividades positivas y constructivas.

En su caso, se trató de tocar la batería cada vez que se le subía la calentura. Redirigió este impulso primario hacia la creatividad y ello pagó con creces: pasó de la mediocridad a ser un excelente baterista. Si rediriges tu pasión sexual al desarrollo de una habilidad esta mejora mucho más.

El segundo beneficio que encontró fue mayor poder sobre sí y libertad. Un adolescente fanático dejó de sentir culpa cada vez que se masturbaba, no se trataba de una adicción sexual sino una adicción a sentir culpa. Juzgaba con tanta dureza al mundo que luego de dejar ese hábito comenzó a darse cuenta de que necesitaba sentir esa culpa, que estaba adorando a un Dios basado en lo peor de él mismo: miedos, juicios, culpa.

Dejó de juzgarse tan duramente y comenzó a hacer lo mismo con otros. Se sentía más libre al ser y dejar ser. Pese a que esto sucedió en apenas algunos meses, decidió continuar con el experimento por 1 año completo (para después otorgarse un merecido desahogo).