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La sexualidad puede convertirse en un sacramento
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La sexualidad puede convertirse en un sacramento

El ocultista británico Aleister Crowley, una de las figuras más influyentes en la magia sexual moderna, consideraba que "Dios es el instinto sexual", en una provocadora frase que en realidad es bastante razonable si se considera que la sexualidad es la versión microcósmica de la creación del universo. Crowley creía que la sexualidad era sagrada y debía tratarse como un "sacramento", algo que hacía literalmente ya que utilizaba el semen y los jugos vitales para preparar lo que llamaba "la galleta de la luz" dentro de la "misa del fénix".

Buena parte de esta veta sexual de Crowley probablemente fue desarrollada a partir de sus viajes a Asia, donde entró en contacto con prácticas yóguicas y tántricas. En el tantrismo hinduista se realiza lo que se conoce como el maithuna, la cópula tántrica en la que la pareja se asume como una divinidad, Shiva y Shakti en el caso más común. En el acto sexual tántrico se incorporan diferentes mudras, mantras y yantras para crear un estado de conciencia exaltado y las prácticas pueden ser dirigidas como oraciones para producir un efecto en el mundo o incluso como meditaciones para investigar la naturaleza de la conciencia (esto ocurre también en el tantra budista Karmamudra). A menudo se llega a estados de éxtasis donde se pueden producir realizaciones o epifanías de la naturaleza no-dual de la existencia. La mayoría de estas prácticas predican la retención del semen, lo cual no es lo mismo que evitar el orgasmo --y en el caso de la mujer el orgasmo femenino suele ser fuertemente alentado, incluso existen técnicas en las que el yogui absorbe el flujo orgásmico de la mujer, ya sea una eyaculación grosera o una sustancia sutil. En caso de que el practicante eyacule, se suele llevar el semen al tercer ojo, literalmente como bindu (palabra que significa "punto", como el que se usa como un adorno simbólico del tercer ojo, pero es también el punto desde el cual se origina el cosmos y es también la palabra que se utiliza para referirse al semen). En este sentido podríamos decir que parece apropiado guardar las "balas seminales" y utilizar la retención del orgasmo como una alquimia interna para cultivar la energía del cuerpo, lograr el misterio de que "la serpiente muerda a la Luna y le arranque el jugo de la inmortalidad" (lo cual es la descripción de un proceso alquímico de la kundalini). Quizás, y esto es pura especulación, en ciertos momentos, en una boda tántrica, en cierto momento propicio, se podría utilizar la eyaculación, cual relámpago, como una oración abierta, una ofrenda a la tierra, al sol, a la luna, a la amada o a cierta deidad. 

En la alquimia interna china incluso se habla de la extracción (o cosecha) de una "flor de oro" vaginal, unos días antes de la menstruación o 3 días después de iniciada la menstruación, la cual se produce utilizando ciertas técnicas de estimulación sexual. Dice un viejo texto: "El tiempo de obtener la medicina debe ser conocido. ¿De qué otra forma puede unirse el fuego con el agua?... Observa el movimiento de la marea y la aparición de la flor de oro. Cuando la marea llega, el agua inunda. No recojas la flor dorada si ya ha caído".

Aristóteles creía que el semen contenía un pneuma (o espíritu) y que su poder de engendrar venía de un calor que era análogo a las estrellas. Jugando poéticamente con esta idea quizás no somos sólo polvo de estrellas, sino que tenemos el mismo espíritu creativo de dar a luz. 

En Occidente el escritor Paschal Beverly Randolph, popular entre practicantes de la magia sexual moderna, escribió que el momento nupcial --el orgasmo-- es ideal para hacer una "oración". Esto sugiere que el orgasmo es la confluencia o condensación de la energía que es imbuida por el poder de la intención --la intención o voluntad que en diversos sistemas es equivalente a la magia misma. 

El psicólogo Wilhelm Reich en el siglo XX crearía todo un sistema de terapia y medicina basadas en el orgasmo y la liberación del élan vital. Reich incluso llegó al punto de ver la energía orgásmica (energía orgónica) como una sustancia física que cuando se concentraba podía observarse como una energía luminosa azul-violeta. El orgón de Reich parece ser una forma altamente sexualizada del qi o el prana de otras tradiciones. Reich no fue tomado muy en serio por los científicos occidentales e incluso se ha bromeado recientemente con que la razón por la que el cielo es azul es porque está lleno de una sexy energía azul (orgón).

Recientemente Cat Cabral, una sacerdotisa wicca señala que la magia sexual "no habla de cómo ser sexy o aumentar la libido. Sino que se trata de manifestar y conducir la energía sexual para obtener resultados reales". Hay toda una subcultura de realizar hechizos a través del acto sexual, del orgasmo o de los fluidos sexuales que luego son consumidos o utilizados en rituales. Esto es también muy común en los caminos de mano izquierda del tantrsimo (como el kaula). No debería ser necesario decir que en esto debe procederse con sumo cuidado y siempre con la protección y guía de un maestro, de otra manera seguramente se producirán resultados desastrosos o una franca pérdida de tiempo. Prácticas tántricas como estas son guardadas dentro de una tradición justamente por sus peligros. Dicho eso, la sexualidad sí puede beneficiarse fácilmente de un componente de intención mágica, sin la necesidad de los ritos e iniciaciones, y la forma más básica de hacerlo es simplemente encauzarla hacia el amor, la luminosidad y el éxtasis. Todo en la vida se puede hacer como una oración o como una meditación, y esto por supuesto no excluye a la sexualidad. Por el contrario, debido a que en la sexualidad entramos en contacto de manera más directa y desnuda con la energía creativa, es una plataforma ideal para tener una experiencia significativa incluso  "cósmica", de unidad y resonancia con esa mecha creativa que es la vida misma. Para esto técnicas sencillas como mantener un ritmo de respiración o repetir un mantra pueden ser útiles, no pensando en los aspectos mágicos o religiosos, sino solamente para llevar al cuerpo a un estado de relajación energética desde el cual la percepción pueda refinarse y la atención controlarse para acceder a toda la profusión del pulso erótico. 

 

Twitter del autor: @alepholo

 

Imagen: Vivian Shih

Esta habilidad es sumamente importante en el mundo moderno, donde todos estamos sujetos a la agitación y al estrés colectivo.

En todas las tradiciones, la meditación y la práctica espiritual están ligadas al cultivo del silencio. El silencio y la relajación tienen una relación de retroalimentación muy importante con la práctica. Para avanzar más rápido es muy útil poder acceder a un espacio propicio en el que predomine la tranquilidad y la mente no se vea agredida por constantes estímulos externos difíciles de controlar. El silencio es realmente una bendición. 

Dicho eso, todos sabemos que las condiciones de la vida moderna no proveen fácilmente un espacio silencioso y tranquilo para meditar. Ante la marcha frenética de la productividad y el progreso, el silencio se ha convertido en una rareza, en una especie de lujo que en realidad es una necesidad. Y es justamente por esto —por el enorme estrés al que estamos sometidos que más debemos meditar y buscar crear al menos un silencio interno. Como se dice popularmente: medita 20 minutos al día y si ni siquiera puedes encontrar 20 minutos al día entonces medita una hora, porque realmente lo necesitas.

Así las cosas, ya que no es fácil y ni siquiera deseable renunciar del todo al mundo, debemos de incorporar nuestra meditación al ruidoso tren de la existencia cotidiana. El monje theravada alemán Nyanaponika Thera, en su clásico The Heart of Buddhist Meditation, explica que uno debe no debe irritarse o molestarse por la ocurrencia de pensamientos indeseables”, sino que debe tomarlos en sí mismos como los objetos de la meditación o de la atención plena (mindfulness). Y si la irritación surge y persiste entonces uno debe darse la oportunidad de contemplar en estas reacciones los propios obstáculos o venenos de nuestra mente. Esto puede parecer una tortura: meditar sobre aquello de lo cual justamente queremos liberarnos —y por lo cual probablemente empezamos a meditar en primer lugar. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el estado de autoobsevación de la meditación y el estado de verse sacudido por una emoción como el enojo, la lujuria o la aversión. Lo que la meditación budista instruye es a observar las aflicciones de nuestra mente cuando surgen, como un científico observaría desapegadamente el torrente sanguíneo en su laboratorio o algún otro objeto bajo el microscopio (en este caso el microscopio es la atención plena, el samadhi). El científico no se convierte en aquello que observa. Así uno va creando una sana distancia entre su atención y sus emociones y se permite notarlas sin frustración ni involucramiento.

Todo esto aplica de igual manera a los ruidos y fenómenos irritantes externos y es que para el budismo no existe una separación absoluta entre lo externo y lo interno, ambos son correlativos, expresiones de la naturaleza de la mente que todo lo engloba. Dice Nyanaponika Thera:

Si, por ejemplo, hay un ruido perturbador, uno puede notarlo brevemente como un “sonido”; si fue inmediatamente seguido por una molestia por la perturbación, uno debería de registrar esto también como “mente con enojo”. Después de eso uno debería de regresar a la meditación que fue interrumpida. Pero si uno no logra hacer esto en el primer intento, el mismo procedimiento debe ser repetido, Si el ruido es muy alto y persistente y evita que te mantengas atento al tema de tu meditación, uno puede, hasta que el ruido cese, continuar tomándolo como el objeto de la meditación, específicamente como una de las bases de los seis sentidos dentro de la Contemplación de Objetos Mentales: “El meditador nota el oído y el sonido y se da cuenta de la molestia que surge en dependencia de ambos…” En las fluctuaciones del sonido uno puede observar el surgimiento y la disolución; en su ocurrencia intermitente, su originación y desaparición, y su naturaleza condicionada se vuelve clara.

La clave está en la capacidad de no fusionarse cognitivamente con el ruido o con algún tipo de perturbación externa, sino solo notarla. Si podemos darnos cuenta de ella y volver a concentrarnos en nuestra meditación, esto es lo que debemos de hacer, ya que avanzaremos más rápido en ese tema o técnica que estamos empleando. Si no podemos hacer esto por cuestiones de la magnitud de la perturbación o por nuestra falta de absorción meditativa, al menos debemos de ser capaces de mantener cierta distancia con el objeto y no perder nuestra atención. No debemos de olvidar que estamos meditando, que estamos ejerciendo el control de nuestra atención; si tenemos este “mindfulness”, realmente no es muy importante hacia que objeto lo dirigimos, ya sea el ruido de una máquina en la calle o de nuestra respiración o de un símbolo sutil. Lo fundamental es no añadir de nuestra propia cosecha mental a los fenómenos, por ejemplo, no estar escuchando el ruido de un martillo y a la vez estar pensando que “miserable soy, quiero meditar pero hay un maldito ruido de un martillo que no me deja, es tan fuerte y molesto”. En este caso el fenómeno captura nuestra atención. En cambio, si uno es capaz de observar de manera desapegada, estos fenómenos aparentemente inconvenientes pueden ser muy instructivos. Por ejemplo se puede apreciar la impermanencia de todas las cosas o la ausencia de una existencia inherente en un sonido como el de una bomba de agua que aparentemente es constante pero que si se observa minuciosamente uno se dará cuenta que está compuesto de muchas oscilaciones, que lo que es constante es su surgir y su desaparecer y que de hecho el sonido no está en la bomba en sí misma, sino en toda una serie de condiciones que contribuyen a que nuestro cerebro así lo perciba, es interdependiente toda una serie de causas y condiciones y sin ellas no existiría. Asimismo, lograr establecer una meditación en un ambiente poco favorable sirve como base para hacer de la meditación un estado continuo, mantener el flujo de la atención plena en las actividades diarias, lo cual es uno de los objetivos esenciales, ya que de poco sirve si uno sólo puede alcanzar un estado de paz mental sentado meditando aislado e inmediatamente lo pierde al entrar en contacto con el mundanal ruido. 

Dice Nyanaponika Thera:

En la conciencia de las sensaciones perturbadoras uno se detiene en el mero acto de darse cuenta de su presencia sin nutrir estas sensaciones y así fortalecerlas con lo que uno añade a los puros hechos, esto es, las actitudes mentales de autorreferencia, excesiva sensibilidad, auto-conmiseración, rencor, etcétera. 

Aquí el venerable Nyanaponika Thera claramente distingue entre aquello que puede ser perturbador —el ruido de una sierra eléctrica, una migraña, el recuerdo de la muerte de alguien, etcétera y nuestra elaboración y ruminación sobre este evento dentro del espacio de nuestra conciencia. En realidad el sufrimiento no existe en los meros fenómenos, ya sean externos o internos, es siempre el resultado de nuestro merodeo sobre los mismos, de nuestra identificación con ellos y de nuestro aferramiento conceptual vinculatorio a los mismos. Según Nyanoponika Thera, tomando por supuesto del Canon Pali, el gran escollo que enfrentamos y que nos mantienen en la rueda del sufrimiento es nuestra falta de capacidad de ver la impersonalidad de las cosas —es sólo porque nos identificamos con un yo fijo y estable, el cual oponemos a todos los objetos del mundo, que abrimos toda una dimensión de sufrimiento, sin ese yo sólido y separado nada se puede adherir a nosotros: somos libres.

Para complementar esta práctica se recomienda estudiar el eslogan de entrenamiento de la mente lojong del budismo tibetano conocido como "tomar las adversidades como el sendero".  

Twitter:@alepholo