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Una lección de los estoicos: pensar “positivamente” nunca te llevará al éxito

Filosofía

Por: pijamasurf - 01/17/2017

La recuperación en nuestra época de la filosofía estoica nos lleva a ver los fracasos no como causas de angustia, sino como experiencias que debemos comprender como adversidades de nuestra propia vida

En el último medio año ciertos medios han prestado una atención especial al estoicismo, una escuela filosófica con casi 2 mil años de antigüedad cuyos integrantes se preguntaron qué hace virtuosa a una vida. Personajes en apariencia tan disímiles como Séneca y el emperador Marco Aurelio fueron algunos de los filósofos más destacados de esta forma de pensamiento.

Entre otras respuestas los estoicos encontraron que la virtud de la existencia no puede alcanzarse si se ignora la adversidad propia de la vida, y es posible que, paradójicamente, por ese motivo la filosofía estoica cause tanta admiración en nuestra época.

En efecto: culturalmente, nuestro presente proviene de un par de décadas en las que se insistió hasta el exceso en pensar “positivamente”. El llamado “optimismo” se erigió como una especie de obligación de ser feliz, un imperativo que si ya parecía sospechoso por sí mismo invitaba aún más al escepticismo por esa evasión patológica --que lo caracterizó-- de todo lo negativo de la vida. “No te preocupes: sé feliz”, cantaba Bobby McFerrin a punto de entrar en la década de los 90, un estribillo que se repitió de otras maneras en muchos otros ámbitos de la cultura de finales del siglo XX, la época de la “euforia perpetua” según la caracterizó Pascal Bruckner, cuando se instó a esconder debajo de la alfombra de la vida estados de ánimo como la tristeza, el enojo, la decepción o el fracaso.

Ahora, sin embargo, parece que el mundo está redescubriendo el valor de lo negativo en la vida, desde una postura que coincide con la de ciertas premisas estoicas. En especial, parece que después de un par de décadas de vivir en el ensueño de la inmediatez y la facilidad hay quienes se están dando cuenta de que la vida, después de todo, no es precisamente un ready-made, que no es posible vivir sin pagar el precio ni tomar decisiones sin enfrentar las consecuencias de ello, que es mejor aprender de las adversidades que intentar evadirlas, y otras ideas de ese tipo que ya se encuentran en la filosofía de los estoicos.

Entre las varias expresiones de esta tendencia destaca la de Ryan Holiday, un joven escritor de trayectoria singular pues, además de ser un colaborador habitual del New York Observer, fue director de marketing de la marca American Apparel. Holiday, además, recientemente publicó The Obstacle is the Way: The Timeless Art of Turning Trials into Triumph, un libro sobre la filosofía de los estoicos proyectada sobre uno de los mayores lastres de la actualidad: la angustia por el éxito.

Como sabemos –si es que nos hemos dado cuenta de ello– en las sociedades contemporáneas vivimos sumergidos en una obsesión por alcanzar el éxito, la cual, aunque sembrada desde fuera, nos la hemos apropiado, al grado de convertirla en un mandato que nos esforzamos por obedecer aunque ya ni siquiera sabemos quién nos lo impuso.

El problema, sin embargo, es que en el modo de vida auspiciado por el capitalismo dicho éxito nunca se alcanza realmente. Siempre hay más por hacer, más dinero por ganar, más mercancías por consumir, más puestos de trabajo hacia los cuales escalar, etc. Y esa es la fuente de la angustia, pues el ser humano se encuentra entonces entre una obligación que lo lleva hacia algo que es por definición inalcanzable y quizá incluso inexistente o imposible.

En este contexto, Holiday retomó el pensamiento de los estoicos para sugerir una posible salida al laberinto pesaroso de esta angustia: encarar la adversidad para encontrar el sentido que tiene dentro de nuestra propia existencia. En otras palabras, tomar cada “fracaso” no como tal sino como un hecho derivado de las circunstancias de nuestra vida, de nuestras decisiones y de nuestras omisiones.

¿Cuál es la ventaja de este cambio de perspectiva respecto de los “fracasos”? Entre otros, que así podemos deshacernos, poco a poco, de un término que proviene desde el exterior y que tiene implicaciones concretas. Fracasar, para muchos, implica sufrimiento, dolor, tristeza, miedo y, por encima de todo esto, inmovilidad. El fracaso paraliza porque se experimenta como algo que no se entiende, en buena medida por el origen mismo de la noción: ¿cómo entender algo que ocurre dentro del marco de nuestra existencia con una categoría tan general concebida en el exterior?

Entender el fracaso como un hecho de nuestra vida nos plantea otro tipo de obligación o, mejor dicho, de responsabilidad, y no para con un sistema o un agente exterior sino simplemente para con nosotros mismos. Abrazar las experiencias adversas como parte de nuestra vida y, en especial, de nuestra formación como personas; discernir qué de esa adversidad podemos resolver y qué escapa a nuestro margen de acción.

Aceptar, como los estoicos, que la vida siempre ha tenido sus adversidades y que ante éstas lo verdaderamente importante es responder a esas circunstancias, hacer algo respecto de nuestra propia existencia. 

Ciertas actividades estimulan tu mente de manera especial, logrando liberar tu potencial

Es interesante cómo solemos hablar mucho sobre ciertas prácticas, sistemas de alimentación y ejercicios que podemos adoptar para desarrollar nuestro máximo potencial a nivel físico. Sin embargo, cuando se trata de la mente, por lo general actuamos como si nuestras capacidades intelectuales estuvieran limitadas a lo que consideramos fruto de nuestra genética. de tal manera que lo mejor que podemos hacer es aceptar lo que tenemos. Claro que esto no es así; en realidad los descubrimientos de las últimas décadas en el área de la neurociencia han revelado la existencia de la neuroplasticidad, es decir la capacidad de nuestras neuronas para formar nuevas conexiones entre ellas permitiéndonos aprender cosas nuevas, pero también modificar la forma en la que usamos nuestro cerebro en general. Hay muchas formas de ejercitar el cerebro; estas son algunas de las actividades que pueden ayudarte a expresar el máximo potencial de tu mente: 

 

1. Leer

Leer sobre diferentes temas y desde diferentes perspectivas estimula la inteligencia, pero también reduce el estrés. Además los lectores experimentan muchas emociones y formas de ver el mundo, así que aprenden mucho más y con mayor facilidad. ya que unir la información a los sentimientos hace que la podamos recordar y usar con mayor facilidad posteriormente. 

 

2. Tocar un instrumento musical 

Nietzsche alguna vez dijo que “la vida sin música seria un error” y al parecer estaba en lo correcto, pues la música tiene un profundo efecto en el cerebro, ya que tiene la capacidad de invocar un abanico de emociones distintas, así como alcanzar o acceder a ciertos estados mentales. Además ha sido comprobado que tanto escuchar como tocar un instrumento musical estimula la memoria a la par de inculcar paciencia, perseverancia y concentración. 

 

3. Ejercitar el cerebro

Como mencionamos al principio, de la misma manera en que los músculos del cuerpo pueden ser ejercitados, también nuestra mente necesita algo de ejercicio para mantenerse en ópticas condiciones, así que puedes armar rompecabezas, jugar acertijos o dedicarte al sudoku para darle un poco de mantenimiento a tu mente. pues estas actividades enseñan al cerebro a responder de manera más  creativa, además de detectar opciones distintas y adoptar diferentes perspectivas. 

 

4. Aprender nuevos idiomas

Aprender un nuevo idioma puede abrirnos un mundo de relaciones y experiencias a nivel social pero también abre algunas dimensiones en nuestra mente, porque su proceso de aprendizaje tiene que ver con el análisis de numerosas estructuras gramaticales y la memorización de nuevas palabras. De acuerdo con diversos experimentos las personas con mayores habilidades verbales y lingüísticas también suelen ser buenas realizando planes, tomando decisiones y resolviendo problemas creativamente. 

 

5. Viajar

Cuando se menciona un viaje lo primero que viene a la mente de la mayoría de las personas es “vacaciones”, pero en realidad una travesía implica un esfuerzo tanto físico como mental, ya que cada lugar que visitas tiene muchas cosas nuevas que ofrecerte y también exige que aprendas algunas más. Asimismo, convivir con personas diferentes y una cultura distinta a aquella en la que creciste te obliga a ver el mundo de diferentes maneras. Por otro lado, salir de una rutina predeterminada hace que te concentres más en lo que estás haciendo, lo cual a su vez contribuye a un entendimiento más profundo tanto de las personas como de las circunstancias.