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En vez de huir de la soledad o aplacar sólo sus síntomas, estas cinco cosas, cortesía de David Foster Wallace, realmente permiten encontrar un sentido y transfigurar nuestro malestar

David Foster Wallace, tal vez el más grande escritor de su generación en Estados Unidos, luchó toda su vida con la soledad, la ansiedad y la depresión. Aunque su lucha lo llevó finalmente al suicidio, dejó lúcidas impresiones sobre estas condiciones mentales que podemos usar para vencer los propios demonios y salir avante. 

Por momentos Wallace llegó a una brutal honestidad, sus entrevistas incluso llegan a ser incómodas para muchos ya que la verdad suele serlo y también porque revelan todo el proceso que atraviesa su mente al sentirse alienado e inadecuado (pese a ser una de las mentes más brillantes de su tiempo Wallace pensaba que no era suficientemente bueno).

En su texto This Is Water, Wallace escribió: "Si adoras el dinero y las cosas [materiales] --si en esto es en donde buscas el significado real de la vida --entonces nunca tendrás suficiente. Nunca sentirás que tienes suficiente. Adora tu propio cuerpo y la belleza y la atracción sexual y siempre te sentirás feo, y cuando la edad y el tiempo se empiecen a mostrar, morirás mil muertes antes de que finalmente te planten. En cierto nivel todos ya sabemos esto --ha sido codificado en mitos, proverbios, clichés, bromas, epigramas, parábolas: el esqueleto de toda gran historia. Pero el truco es mantener la verdad enfrente de nosotros en la conciencia diaria".

Tenemos aquí palabras que, como Wallace señala, ya hemos oído de alguna u otra forma mil veces pero que no debemos olvidar y deben de estar en la vanguardia de nuestra existencia, diariamente informando nuestras actitudes.

Wallace padeció diversos tipos de adicciones a las sustancias psicotrópicas, mayormente fármacos que por una parte eran vitales para que pudiera sobrellevar su depresión, pero siempre supo que estos no lograban realmente acabar con la soledad sólo la ocultaban. "Las drogas, las películas, las fiestas ruidosas --todas estas cosas hacen que huya la soledad al hacerme olvidar que mi nombre es Dave y que vivo en una caja de metro x metro de hueso que ninguna otra persona puede penetrar o conocer". Sin embargo, existen cosas que pueden "contrarrestar... transfigurar y tratar" la soledad de manera más sana y sustentable. Según Wallace, estas cinco formas pueden "confrontar y aliviar" la soledad. No se trata de huir y acallar los síntomas sino de enfrentarlos y sublimarlos.

 

-La ficción (leer cuentos o novelas o escribirlos)

-La poesía

-La música

-El sexo profundo y serio

-La religión

 

De nuevo, se trata de la más vieja receta para la salud del alma. Y es que Wallace como buen artista sabe que el arte cura, igualmente el amor (o el éxtasis erótico) y una vida con significado y trascendencia como puede ofrecer la religión. Tienen en común tanto el arte como la religión como el amor que nos dotan de un sentido estético y extático y que nos hacen sentirse que somos parte de algo o alguien más y que nuestra vida tiene sentido (puesto que no ocurre sólo en nuestra cabeza y sólo para nosotros). Todas estas cosas contrastan con el materialismo dominante de la vida moderna en el cual generalmente buscamos paliar nuestro malestar existencial.

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El sueño lúcido como una poderosa herramienta soteriológica y política

AlterCultura

Por: Héctor X - 02/06/2017

La práctica del sueño lúcido es un acto político que permite liberar el territorio de la mente

El primer territorio a liberar es nuestra mente.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional

 

Inevitablemente embarrados del pesimismo y del lavado de cerebro mediático que padecemos gran parte de la población humana, palabras como “revolucionario soñador”, “sueños de libertad”, “soñar despierto”, etc., rara vez provocan en muchos de nosotros poco más que hastío, frustración y risa; no obstante, queriéndonos curar de la obviedad de la habladuría popular, es oportuno que repensemos y revigoricemos la importancia que el sueño lúcido tiene como herramienta, además de soteriológica, política. 

Innumerables activistas y pensadores que reivindican los derechos humanos no han necesitado probar la abrumadora libertad que otorga el soñar lúcidamente para reclamar la libertad colectiva en la vigilia (pues cuando la opresión colectiva es demasiada, los motivos sobran para que la insumisión se imponga), sin embargo, es probable que, debido a ello, hayan pasado por alto una potente herramienta libertadora que podría sernos de utilidad a muchos que no conocemos la emancipación externa e interna. Ya verán los lectores qué queremos decir con el siguiente ejercicio mental: imaginémonos en una situación crítica en donde tenemos el deber de cumplir determinada ocupación, la más apremiante que nos podamos imaginar (la que quiera el leyente, puede ser desde el deseo de lavarse las manos por un trauma obsesivo compulsivo hasta evitar una eyección de armas nucleares por parte de algún psicópata gobierno, depende de lo que nos apure de ordinario, claro), pero de pronto sucede algo en nosotros o en el “exterior” que nos hace caer en la cuenta de que estamos soñando y que, a pesar del gran apuro por completar nuestra tarea, de nada servirá lograrla porque estamos soñando, y los sueños, sueños son.

Lo que los soñadores lúcidos suelen experimentar en este instante en que se dan cuenta de que no tiene importancia lo que hagan o no hagan, porque sueñan, es la libertad en sí, o, lo que es lo mismo y escribiendo como sartreanos, el hombre se realiza como tal, pues el hombre es libertad. Este momento de sublime maravilla en que, en un sueño lúcido, el humano se percibe como pura potencialidad libre (como una “nada”, diría Jean-Paul Sartre –si bien para Sartre no eran posibles los sueños lúcidos), cuando sabe que los límites de su capacidad de acción son directamente proporcionales a los límites de su acción mental, suele conmover demasiado al soñador, a grado tal que se despierta de la emoción y de nuevo se encuentra en la vigilia (pero ese no es problema porque, con práctica, serenidad y paciencia, la experiencia lúcida onírica puede extenderse tanto como se desee).

Así pues, admirables practicantes del yoga del sueño (práctica en la que soñar lúcidamente es el fundamento), tales como el propio XIV Dalái Lama, Chögyal Namkhai Norbu, Tenzin Wangyal Rinpoche, Allan Wallace, Michael Katz, Stephen Laberge, etc., enfatizan que la finalidad de la práctica es adquirir la sabiduría de que, no importando si estamos dormidos o despiertos, todo el despliegue interminable de experiencias que se manifiestan en nuestro continuo mental es una ilusión transitoria, es decir, el objetivo es trasladar la visión de que lo que vivimos en la vigilia es tan irreal como lo que vivimos en un sueño. 

Ahora, referido lo anterior, ¿qué repercusión política puede tener la libertad descubierta por el soñador lúcido? Que también se reconozca libre en la vigilia, que descubra que el estado, las leyes, las modas, las culturas, los ídolos, etc., no son más que meras sugerencias y que nadie tiene potestad para reprimir su elección, misma que siempre debe ser ejercida (por lo menos en la vigilia –ya que no nos vamos a meter ahora con la ética onírica) respetando siempre los derechos humanos (y hasta derechos de los no humanos). En los sueños lúcidos aún podemos visitar ese territorio libre, alegre y rebelde al que ni siquiera la intromisión represora de los gobiernos puede acceder (como sí lo hace ya con todas nuestras cuentas virtuales). Los sueños lúcidos pueden regalarnos la sabiduría de ese fruto prohibido que es el libre albedrío y que, contrario a la interpretación bíblica tradicional, seguramente no nos expulsará del paraíso, al contrario, nos devolverá a él, pues esa libertad nos permitirá ayudar a construir ese mundo en donde caben muchos mundos. 

 

Lecturas recomendadas

Dalái Lama, F. V. (2009). Dormir, soñar y morir: una exploración de la consciencia. 

Holecek, A, S.L. (2016). Dream Yoga: Illuminating Your Life through Lucid Dreaming and the Tibetan Yogas of Sleep.

Katz, M. (2011) Tibetan Dream Yoga: The Royal Road to enlightenment

Norbu, C.N. (2002). Dream Yoga and the Practice of Natural Light.

Wallace, A. (2012) Dreaming Yourself Awake: Lucid Dreaming and Tibetan Dream Yoga for Insight and Transformation. 

Wangyal, T. (1998). The Tibetan Yogas of Dream and Sleep.