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Ahora puedes ganar mucho dinero con tus fotos (gracias a Google)

Arte

Por: pijamasurf - 02/05/2017

¿Estás listo para monetizar tus mejores fotografías? Google podría pagarte entre 25 y 175 dólares por foto

Hoy se produce una incontable cantidad de fotografías diariamente. Millones de personas, la mayoría equipadas con teléfonos, capturan momentos, escenarios y personajes alrededor del mundo, y lo hacen con un ritmo hasta hace poco inimaginable. Seguramente entre tu gran archivo fotográfico tienes algunas imágenes memorables, especialmente buenas, que enmarcan a la perfección algún destino, un objeto en particular o un momento imposible de describir sólo con palabras. 

Ahora podrás monetizar esa fina selección de tus fotografías gracias a una alianza entre la app Snapwire y Google. Snapwire es un banco de imágenes que vincula a gente y compañías con potenciales fotógrafos (que puede ser cualquier persona que tenga buenas imágenes). Y además de tener un banco permanente de imágenes, da la posibilidad de que alguien que desee una foto específica la solicite y acompañe su solicitud con una oferta monetaria. Cualquier usuario ya registrado en Snapwire puede responder a la solicitud y así ganar dinero, sólo que ahora Google abrirá miles de solicitudes, y por lo tanto muchas oportunidades de monetizar tus fotos –básicamente se trata de responder a la necesidad que tiene el buscador de actualizar imágenes de, por ejemplo, destinos populares, o satisfacer búsquedas de usuarios que por ahora no arrojan ningún resultado. 

El procedimiento es sencillo:

Te registras en Snapwire.

Consultas las solicitudes hechas por Google (y de paso puedes checar las hechas por muchos otros potenciales clientes).

Subes las fotografías de tu archivo que correspondan con las solicitudes, y si Google las selecciona obtendrás entre 25 y 175 dólares por cada una. 

Esos cientos o miles de fotografías almacenadas en tu computadora ahora podrían traerte buenas ganancias. Ojalá este sea el comienzo de una tendencia en la que el contenido que generamos los usuarios, ese que aprovechan muchas plataformas, entre ellas obviamente Facebook o Instagram, empiece a generar un beneficio para sus autores.

"La La Land" puede considerarse un musical atípico que toma distancia de las cintas clásicas del género para acercarse a mirar la forma en que se ama actualmente

El siguiente texto contiene spoilers sobre la cinta La La Land.

“–Así es Los Ángeles: todo se venera pero nada tiene valor”.

De inicio podría parecer irónico que esta sea una de las afirmaciones más notables en La La Land (Damien Chazelle, 2016), una película que por sí misma podría tomarse como ejemplo de esa veneración que el protagonista masculino, Sebastian (Ryan Gosling), señala con desdén.

¿Qué puede ser, si no una obra de veneración, un musical hecho en pleno siglo XXI? ¿Qué si no una cinta que además se complace en incorporar alusiones y recreaciones explícitas a cintas clásicas del género como Singin' in the Rain (Kelly & Donen, 1952) o West Side Story (Robbins & Wise, 1963)?

Con todo, La La Land no es solamente una cinta de homenaje, no es un mero tributo que se navegue con ingenuidad o nostalgia por esa tradición un tanto dorada de los musicales hollywoodenses. Por el contrario. Si destaca como obra cinematográfica, en buena medida se debe a que toma distancia de esa misma ingenuidad sobre la que se levantaban y se sostenían los musicales, y esa distancia, además, es el asunto fundamental de la cinta: la historia de amor contada.

A diferencia de sus antecesoras, en donde se cuentan historias de amor triunfante, consumado, dúctil, la de La La Land es un historia más bien común, una que inicia por azar, florece con la alegría propia del enamoramiento, y termina por razones comprensibles para quienes la vemos actualmente. Una historia mucho más común que aquéllas, de hecho, más usual, más cercana a lo que sabemos que sucede todos los días: el amor comienza, crece, florece, pero también es posible que termine en una banca cualquiera, una tarde impensada. En este sentido, la cinta de Chazelle se aleja del amor romántico que en los musicales clásicos ocurría en los reinos estrellados del "Vivieron felices para siempre" y, en cambio, se acerca a esta forma de amor que parece tan característica del nuevo milenio, en donde ante la adversidad, se opta por la renuncia. En vez de enfrentar las adversidades propias de amar a otra persona, el sujeto contemporáneo da un paso atrás y se retira.

En cierto sentido, esto hace de La La Land un musical atípico, un musical que no es un musical de acuerdo con lo que se esperaría de una cinta del género. Pero si esto es así, ¿entonces qué lugar tienen los números musicales de la película, cómo entenderlos dentro del marco de ésta?

Tal vez sean accidentes, en un sentido aristotélico, o quizá, desde una perspectiva lacaniana, metáforas. Los números musicales en la cinta dan cuenta de aquello que sólo puede encontrar expresión por medio de otra cosa. Con cierto radicalismo podemos decir que nada existe sino a través de las representaciones que hacemos de ello, de eso imaginario con lo cual estructuramos nuestra realidad para experimentarla. Lo real se hace realidad únicamente cuando se convierte en metáfora: ¿qué quedaría de los números musicales si se les quitara la música?

El amor, a la luz de esta premisa, es la fantasía suprema, pues sólo ocurre dentro de un marco imaginario que le da forma y lo posibilita –y Chazelle aprendió muy bien la lección de que el cine ha sido, casi desde siempre, uno los principales proveedores de ese marco, una fuente continua de enseñanza sobre las formas posibles del amor.

“Todo se venera pero nada tiene valor”, dice Sebastian a propósito de Los Ángeles, pero sin duda es una afirmación que alude a toda nuestra época. Es posible que La La Land sea una demorada pregunta en torno al valor del amor en nuestro tiempo. ¿Qué tanto valor tiene ahora? ¿Dónde está depositado ese valor? ¿En qué disposición estamos para preservarlo?

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

 

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Del mismo autor: ¿El amor es siempre una metáfora, un hablar de otra cosa? (Sobre una secuencia de “Annie Hall”)