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¿Cómo sería la tumba de Nefertiti si los arqueólogos la hallaran?

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 02/28/2017

Nefertiti (1370-1330 a. C.) fue la reina y consorte del padre de Tutankamón, Akenatón

Algunos lo calificarían como “el descubrimiento del siglo” pero para Franco Porcelli, director de la Universidad Politécnica de Turín, en Italia, se trata de un proyecto que va más allá de la popularidad: es la clave para comprender su influencia y poder durante la 18a dinastía en el Antiguo Egipto. 

Porcelli y su grupo de arqueólogos se adentrarán a la tumba de Tutankamón y sus recámaras secretas en la búsqueda de la legendaria reina Nefertiti. Conocida por liderar una revolución religiosa hace 3 mil 300 años, Nefertiti es la reina que siempre se ha buscado pero nunca encontrado. Inclusive, en el 2015, Nicholas Reeves, arqueólogo británico de la Universidad de Arizona, sospechó que en la recámara del rey existían dos puertas ocultas que estaban “pegadas” una con la otra, las cuales conducirían a la posible tumba de la reina. Nunca logró comprobarse dicha hipótesis. 

Nefertiti (1370-1330 a. C.)  fue la reina y consorte del padre de Tutankamón, Akenatón. A ella se le atribuye haber implementado una época monoteísta en el Antiguo Egipto, cuyas reformas fueron consideradas rígidas para su época. Se cree incluso que ella reinó sola, convirtiéndose en una de las mujeres más poderosas de su era –y de la historia de la humanidad. 

Para Porcelli, aun si su tumba o las recámaras de Nefertiti son capaces de explicar la sucesión de poder, darían información valiosa sobre la época y la región:

Me siento personalmente con esperanza. Mientras más textos, tablas o inscripciones encontremos, mayor será la cantidad de detalles o insights sobre estos maravillosos años cuando los Grandes Poderes del antiguo Este Cercano estaban interconectados, desde Hittites –Turquía– hasta Babilonia en Mesopotamia. 

En caso que esta investigación se lleve a cabo, sería el tercer intento en que se hace uso de la tecnología moderna para encontrar la tumba de esta famosa reina. Hay quienes dicen que “la tercera es la vencida”.

Este 27 de febrero inicia el nuevo año en el calendario lunisolar tibetano. Será el año de la mujer, el pájaro y el fuego

Este lunes 27 de febrero se celebra el Año Nuevo tibetano, el año 2044 de su calendario y el cual estará regido por el signo del pájaro, el elemento fuego y el género o energía femeninos. La astrología tibetana coincide en este sentido con la astrología china: este año para los chinos está regido por el gallo de fuego yin. 

El maestro budista Tony Karam explica el significado de este festival:

El festival del Losar es considerado el más significativo de todos los festivales tibetanos, siendo celebrado también en otros países como la India, Bután y Nepal. Es caracterizado por su música, danzas y un espíritu festivo en general. Uno puede ser testigo de diferentes tradiciones y rituales para marcar la ocasión religiosa. Se celebra durante 15 días, de los cuales los primeros tres son los más significativos. Los budistas lo hacen como una victoria del bien sobre el mal, simbolizando una purificación y renovación de todo; Losar es un tiempo para hacer votos y crear nuevas aspiraciones de cambio.

Tradicionalmente, en esta festividad el Dalái Lama consulta al oráculo de Nechung, reforzando la dirección en el dharma. 

Esta festividad incluye a las cuatro grandes escuelas tibetanas y a la religión indígena del Tibet, el bön, que ha incorporado también ciertos rasgos budistas o cuyas profundas similitudes se pierden en la noche del tiempo. Tenzin Wangyal narra así una de las celebraciones:

Durante el Losar, la celebración tibetana del Año Nuevo, no tomamos champán para celebrar. En cambio, vamos a una fuente de agua local a realizar un ritual de gratitud. Hacemos ofrendas a los nagas, los espíritus del agua que activaron el elemento agua en el área. Hacemos ofrendas de humo a los espíritus locales asociados con el mundo natural alrededor de nosotros. Creencias y conductas como las nuestras evolucionaron hace mucho tiempo y son vistas como primitivas en Occidente. Pero no son sólo proyecciones de los miedos humanos hacia el mundo natural, como algunos antropólogos señalan. Nuestra forma de relacionarnos con los elementos se origina de la experiencia directa de su naturaleza sagrada interna y externa que han tenido grandes maestros y personas comunes. Llamamos a estos elementos tierra, agua, fuego, aire y espacio.