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Este 2017, el Carnaval de Bahidorá se reafirmó como uno de los focos más importantes de creatividad y empatía

La primera noche del Carnaval de Bahidorá se anuncia como “El Umbral”, una fiesta para que los asistentes entren en sintonía con el ambiente permisivo del festival. La descripción podría parecer un poco exagerada si no se ha presenciado este evento antes –como era mi caso– pero arrancar Bahidorá con la idea de cruzar una dimensión y atestiguar nuevos horizontes pronto adquiere sentido.

Día 1. Cruzar hacia la libertad  

Desde el primer momento el Carnaval de Bahidorá es una celebración de la diversidad y la libertad. Durante El Umbral la gente ya conecta alrededor de una fogata o alrededor de un DJ que toca bajo los árboles. Es fácil hablar con las personas y entablar nuevos vínculos, pues no se siente tensión entre los asistentes.

La danza se convierte pronto, y hasta el último momento, en el principal vínculo entre quienes nos encontramos en Las Estacas, Morelos. Basta mirar un momento alrededor para encontrar brazos que trazan círculos en el aire, plumas que se elevan entre la multitud, aros de colores, malabares y slackline, junto con otros pasos de baile tan exóticos como naturales. Se siente el orgullo por la identidad de cada persona.

Luego de escuchar a Rubinskee, Oceanvs Orientals, Rampue y Mira, El Umbral termina alrededor de las 4:00am (¿habrán sido las 4:20 para concordar con el ambiente?). Ocurre un breve descanso y arrancan las actividades del Carnaval de Bahidorá. 

Día 2. Alinear el cuerpo para fluir mejor

Lo primero que encontramos fue una fiesta matutina en la Isla B; un espacio libre de drogas, alcohol, zapatos y celulares. Las actividades de este recinto de introspección corren a cargo de Semillero y buscan liberar la reflexión y la expresión corporal. Soy testigo del éxito de su cometido. Sinceramente, dormir en tienda de campaña no me genera el mejor humor: las piedras en la espalda, el frío por la noche y los calcetines que siempre que acampo extravío terminan por incomodarme. Sin embargo, la clase de yoga que tomamos en la Isla B logró estirar todos mis músculos hasta que perdieran gran parte de su tensión. Con cada asana, la instructora invita a fluir con la naturaleza que nos rodea, no sin antes pedirle permiso al lugar para realizar ahí las actividades. Un ritual con copal y oraciones fue el camino para contactar con los cuatro puntos cardinales antes de saludar al Sol.

La fiesta matutina que sigue a la clase de yoga se llena de energía con el pan de centeno y aguacate que obsequian a los que participamos, y la música, de nuevo, acompasa el resto de actividades que se encuentran en la Isla B: meditaciones guiadas, masajes quiroprácticos, terapia con cuencos tibetanos, sesiones de poesía experimental, talleres de percusión brasileña y de astrología, entre otros.

Una vez fuera de la Isla B, el festival continúa en armonía con la pluralidad. Veo desde trajes de baño muy ajustados hasta gente bailando con mamelucos y disfraces de Pikachu. Cada uno de los tres escenarios tiene un ambiente distinto y la fiesta sigue así por horas, hasta el amanecer. 

Día 3. Despiertan las criaturas danzantes

La mayoría de las personas no duermen durante el festival, y es que la noche está llena de estímulos que mantienen a la gente pasando de un escenario a otro hasta amanecer con la música de Nu. Confieso que caí por un par de horas, pero al despertar retomé el ritmo que al parecer una gran cantidad de danzantes no habían perdido.

Hacia el final del Carnaval me pregunto cómo puede convivir tanta gente sin tener accidentes ni malos entendidos (además habría que reconocer que todo el festival suele vivirse con los sentidos alterados). ¿Qué hay en el ambiente de Bahidorá que invita a respetar y dejar que el otro sea quien quiera ser? ¿Podríamos imitar estas formas de convivencia en la ciudad? 

El primer paso sería admitir que la convivencia en la ciudad se rige por la contención del caos, y que éste no pierde oportunidad para manifestarse. Para reducirlo, podríamos empezar por un cambio de actitud al estilo del #LlamadoBahidorá: 

Primer paso, vivir más como en un Carnaval (punto para Celia Cruz), y menos como en una eterna obligación. Así la actitud de las personas podría tender más a la calma y menos a la histeria.

En segundo lugar, debemos reinventar nuestra relación con el espacio. En Las Estacas hay naturaleza y, por obvio que pueda parecer, espacio para los seres humanos. En una ciudad diseñada para la industria automotriz y de bienes raíces, la conservación de la naturaleza se complica. Los efectos son varios, pero uno de los más potentes es, por ejemplo, la carencia de consciencia ecológica que nos caracteriza. En Bahidorá se obsequian ceniceros pequeños para no tirar las colillas al piso, se separa la basura, se invita a reutilizar y reciclar los desechos y se prefieren materiales biodegradables. Medidas aplicables a la cotidianidad. Por otro lado, aprovechemos los espacios que nos pertenecen y busquemos contactar con lo natural siempre que se pueda. 

Por último, probemos convivir con empatía. Si aquella mujer que bailaba con un disfraz de Pikachu decidiera hacerlo en metro Tacubaya, ¿podríamos comprenderlo? ¿Qué pasa si le restamos solemnidad a la voz de nuestro ego y simplemente permitimos que la gente fluya? Valoremos y –en tiempos de Trump– fomentemos la diversidad. 

Aunque no asistí al Carnaval de Bahidorá en años anteriores, se rumora que la edición de este año fue mucho más grande y con más integrantes. Esperemos que el éxito siga llegando a los organizadores de Bahidorá porque, año con año, es necesario pasar unos días fuera de la rutina; sin horario, pero siempre bailando.

 

Fotografías: Pablo H.

Twitter de la autora: @OliveraMagaly

El último pensamiento puede determinar la calidad de nuestro sueño a la vez que puede usarse para practicar yoga en los sueños y cobrar lucidez

Hoy en día muchas personas tienen hábitos poco conducentes a un buen dormir y menos aún a la exploración lúcida de los sueños. Se considera que lo importante es simplemente dormir --conciliar el sueño como sea y apagar la mente-- sin pensar en la forma en la que hacemos esto, ni reparar en la riqueza posible del mundo onírico. Muchas personas se quedan dormidas viendo televisión o llevan sus celulares o tabletas a la cama y lo último que ven es una de esas pantallas brillantes. Además de que esto afecta los ciclos de melatonina que permiten dormir bien, de alguna manera también estos hábitos in-forman nuestros sueños, cruzando el umbral como fantasmas mentales y programando el contenido de nuestros sueños.

Como los antiguos navegantes que zarpaban a lo desconocido y se encomendaban a santos o a deidades, al dormir uno puede realizar una pequeña oración y/o meditación como programación y purificación para tomar un buen camino. El maestro budista Chökyi Nyima Rinpoche señala:

Justo antes de quedarse dormido siempre hay un pensamiento final. Podemos intentar que ese último pensamiento sea uno noble y benevolente. Si lo hacemos, la cualidad de ese pensamiento puede permear todo nuestro sueño... podemos decir, desde un punto de vista espiritual, que nuestro sueño se vuelve un sueño virtuoso. Si tu último pensamiento es egoísta o hasta hostil, entonces quedarse dormido con eso en la mente satura todo el proceso de sueño con emociones poco sanas. Esto es una idea muy simple, pero es una importante. Sin mucha dificultad... podemos asegurarnos de que una parte significativa de nuestra vida se vea saturada de bondad.

Y es que resulta absurdo y francamente inconsciente abandonarse sin más, sin esperanza de recuerdo o provecho, a la oscuridad de los sueños, cuando en realidad no es tan difícil llevar con nosotros la lámpara de la conciencia. Andrew Holecek, en su libro Dream Yoga, hace énfasis en la importancia del último pensamiento del día:

Tomando un concepto del yoga del bardo: el último pensamiento que tienes antes de quedarte dormido tiende a reencarnar como el primer pensamiento o sensación en tu próximo estado de conciencia. Si puedes gentilmente sostener un pensamiento, intención o sensación antes de dormirte, ese pensamiento, intención o sensación tiende a surgir en tus sueños.

El sueño es la continuidad de nuestra mente, una zona porosa y permeable a los pensamientos y acciones de la vigilia, si bien más sensible a registros sutiles. Así podemos disolver la frontera dualista entre el sueño y la vigilia y tratar de tejer un contínuum no-dual, que permita construir una estado mental estable orientado a la paz y la sabiduría. Desperdiciar ese tercio de nuestra existencia, donde además podemos indagar la realidad bajo preciosas condiciones especiales, es casi imperdonable desde la perspectiva del espíritu.

Holecek recomienda realizar ciertas prácticas de limpieza y cultivo de virtud previas para prepararnos para el sueño, quizás de la misma manera que nos prepararíamos para un encuentro con un ser querido (el alma que en el misticismo es la amada) o que nos aseguraríamos de calmar nuestra mente antes de una cita importante. "Una buena higiene para dormir en el sentido espiritual tiene que ver con irse a dormir con un estado mental limpio para que puedas tener sueños claros y limpios". Después de hacer ejercicio o ensuciarse en la lluvia o en el lodo, generalmente una persona se bañaría antes de dormir. Esta misma higiene tiene sentido en su aspecto mental o espiritual. 

El lector que quiera hacer de su diaria incursión "oneironáutica" podría ensayar esta invocación de Guru Rinpoche: "Cuando te vas a dormir cultiva el Espíritu del Despertar (bodhicitta) pensando, 'Por el bien de todos los seres sintientes a lo largo y ancho del espacio practicaré el samadhi ilusorio, y lograré la perfecta budeidad. Para este propósito entrenaré en mis sueños" (Natural Liberation, trad. de Alan Wallace).

El samadhi ilusorio es la concentración durante el estado onírico y el dominio del cuerpo del sueño. Guru Rinpoche sugiere que el sueño puede usarse para precipitar nuestro propio despertar, el cual tiene el motivo esencial de servir para el despertar de los demás. Los sueños como un terreno sagrado, un "laboratorio" (palabra que sugiere tanto el lugar donde se labora como el lugar donde se ora). Para hacer disponible el sueño como espacio de labor espiritual es necesario reconocer el sueño como sueño, hacerlo consciente o lúcido. Al hacer esto uno entra en una dimensión de posibilidades casi infinitas, como uno de esos espacios paralelos en The Matrix en los cuales Neo realiza un entrenamiento acelerado descubriendo la naturaleza ilusoria de la realidad. 

En la tradición del budismo tibetano se recomienda mantener una visualización antes de quedarse dormido, una de las que se suelen usar es visualizar una A (puede ser tibetana, sánscrita, latina, etc.) en la garganta o una perla roja en este mismo punto. En la incipiente ciencia occidental de los sueños lúcidos se usan a veces dream signs, objetos mentales o señales particulares con las que el practicante trabaja a la manera de "memoria prospectiva" para detonar el sueño lúcido. Un ejemplo de esto es la peonza (o trompo) de la película Inception. Uno puede visualizar cierto objeto con la intención de reencontrarlo en el sueño y, cuando esto sucede, la identificación suele detonar la lucidez. 

No sólo los budistas han visto el sueño explícitamente como un espacio de integración y desarrollo espiritual. En Occidente, el filósofo neoplatónico Sinesio observó que los sueños eran indicadores de nuestro progreso espiritual y llamó a limpiar el espejo de la fantasía o de la imaginación para que pudiera reflejar la divinidad. Uno de los últimos grandes alquimistas de Occidente, René Schwaller de Lubicz, dijo:

El segundo antes de caer en el sueño es el momento más valioso del día, cuando el córtex cerebral se apaga y tú sigues en una conciencia despierta. Realmente es el estado meditativo perfecto, y las asociaciones hechas en ese estado no obedecen reglas lógicas; pueden traer consigo verdaderas revelaciones al liberarse de la rutina de los significados racionales. Como la mente ha abandonado el control, pero no la conciencia, deja el campo abierto al complejo emocional que usualmente yace suprimido y atado por la mente. Date cuenta que la presencia última de la más alta función intelectiva, aunque en un estado completamente pasivo, es esencial porque sin esa presencia simplemente estás dormido y soñando, y nadie nunca ha logrado nada en un estado de sueño profundo... Algunos estados de conciencia pueden compararse con sueños, pero si han de servir a la conciencia, deben ser una agudización, no una obnubilación.

Aunque lo que refiere aquí Schwaller tiene que ver más con el estado hipnagógico, "aquel que lleva al sueño", el cual recomienda usar como práctica contemplativa, no hay duda de que el cultivo de una relajación aguda (no obnubilada) en los momentos antes de quedarse dormido tendrá un efecto positivo en el sueño global. Schwaller exhorta a pasar de la inteligencia racional a lo que llama inteligencia del corazón, esto es, cortar el pensamiento discursivo y dejar que se "inscriba la vibración emotiva".

La práctica de los sueños, ya sea de los sueños lúcidos o del yoga tibetano de los sueños, es importante también porque es la forma que tenemos para ensayar nuestro paso de la vida a la muerte. Como dijo Shakespeare en La tempestad: "Estamos hechos de la misma materia de los sueños y nuestra breve vida cierra su círculo con otro sueño". Quizás el aprender a reconocer que estamos soñando, lo cual es favorecido por la atención y la intención que llevamos a nuestros últimos momentos antes de quedarnos dormidos, sea una forma de practicar el reconocimiento también del sueño de la muerte --el sueño que sigue al sueño de la vida. Al morir, según enseña el budismo tibetano, entramos a un mundo transitorio o intermedio, llamado bardo, el cual está compuesto de nuestro propio contenido mental o karma. La conciencia que llevamos al bardo y la forma en la que interactuamos con los fenómenos que producimos allí determinan nuestra siguiente reencarnación o incluso nuestra trascendencia del ciclo de muerte y renacimiento. Lo fundamental en esto, al igual que en un sueño lúcido, es notar que lo que estamos experimentando está siendo generado por nuestra propia mente. Al igual que en los sueños, nuestros últimos pensamientos en vida pueden ser determinantes en la generación de los fenómenos del bardo, ya sean más puros y claros o más opacos y nebulosos y por lo tanto difíciles de ver su realidad. Al final todo se trata, en la vigilia o en el sueño, en la vida o en la muerte, de despertar, que es lo mismo que reconocer la luz de la propia conciencia y erradicar la ignorancia que es la fuente del sufrimiento. Como dice Guru Rinpoche en el Bardo Thödol (el mal llamado Libro tibetano de los muertos): "la ignorancia es no reconocer que la luz que ves es el despliegue de tu propio ser".

 

Twitter del autor: @alepholo