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Este podría ser el truco fundamental para vencer la procrastinación en el trabajo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/21/2017

¿Tienes mucho trabajo pero nada de ganas de hacerlo? ¿Prefieres postergar todo y mejor ver una y otra vez los memes que circulan en Facebook? Este truco es para ti

En ocasiones anteriores hemos escrito en Pijama Surf sobre la condición inevitable del trabajo. De una u otra forma todos tenemos que trabajar, y no porque esa sea la “ley de la vida” o, como se mira en la tradición judeocristiana, porque sea una obligación fatídica (“el trabajo lo hizo Dios como castigo”, decía una vieja canción de mediados del siglo XX), sino por el hecho que nuestra evolución como especie nos llevó a transformar el medio en el cual nos desarrollamos –y hasta donde se sabe, somos la única en haber hecho de ese recurso la clave de nuestra supervivencia. Y esa transformación es, en buena medida, la esencia del trabajo, la razón última por la cual trabajar es inevitable.

Con todo, no menos cierto es que en ocasiones, o con cierta frecuencia, no tenemos ánimo para trabajar. La monotonía de nuestras labores, el aburrimiento que a veces nos asalta, la acedia o la fatiga, el deseo de hacer otra cosa, o razones mucho más mundanas: el desvelo de la noche anterior, la borrachera que nos sorprendió un día entre semana, el descubrimiento súbito de que afuera el día está hermoso pero nosotros estamos encerrados en una oficina… Que no se culpe a nadie de, a veces, no tener ganas de trabajar.

¿Cómo conciliar ambas realidades? ¿Cómo encontrar un acuerdo entre la necesidad de trabajar y la renuencia a hacerlo?

Una posible solución a ese conflicto podría encontrarse en un experimento realizado recientemente por psicólogos de la Universidad Case Western Reserve situada en Cleveland, Estados Unidos, en el cual analizaron el conocido fenómeno de la procrastinación (postergar la realización de nuestras labores lo más posible, mientras nos distraemos con nimiedades) a la luz de una variación: la fecha de entrega de una tarea obligatoria.

Los psicólogos tomaron a varios estudiantes universitarios y les asignaron una misma labor: escribir un ensayo académico sobre un tema específico. Pero a diferencia de lo que usualmente sucede, para entregar su texto no se les asignó un día de entrega, sino un plazo que comprendió varios días. Asimismo, antes y después de la escritura del ensayo, los investigadores tomaron registro de indicadores de salud que, de acuerdo con estudios previos, están asociados a la procrastinación y el estrés que ésta genera: presión arterial, niveles de glucosa, niveles de hormonas como el cortisol, entre otros.

El resultado quizá podría parecer obvio a muchos, porque seguramente es bien conocido: las personas que esperaron hasta la víspera de la fecha de entrega para escribir su ensayo presentaron muchos más síntomas asociados con el estrés que quienes lo terminaron dentro de cualquier otro día del plazo a excepción del último. En cuanto a las calificaciones, también fueron lo esperado: las puntuaciones más bajas para aquellos que entregaron hasta el último día y las mejores para quienes entregaron primero.

¿Qué nos puede decir este experimento sobre nuestra propia procrastinación y sobre el intento de encontrar ánimo para trabajar?

Por encima de todo, que ningún beneficio tiene sentido si implica complicarte la vida innecesariamente. ¿O crees que sí? ¿Crees que de verdad necesitas no dormir toda la noche por cumplir con una tarea que pudiste haber realizado con más tiempo? ¿Crees que necesitas toda esa angustia que conlleva hacer las cosas de último minuto, con la sensación creciente de que no vas a lograrlo? ¿Y todo esto sólo porque tu procrastinación pudo más que tú? ¿Por qué complicarte así la vida?

En el experimento, los estudiantes que esperaron hasta el último día del plazo de entrega no sólo se estresaron y por ello vieron minada su salud, sino que además ni siquiera tuvieron una buena calificación en su ensayo, por razones más o menos obvias: ¿quién con el tiempo encima puede hacer un buen trabajo?

Optar por una vida más sencilla, libre de angustia innecesaria e inútil, puede ser el “truco” fundamental para vencer el desánimo por el trabajo.

Y en términos más concretos, puedes recurrir a otras estrategias: haz planes con tus amigos, adopta una rutina de ejercicio, sal con tu pareja, emprende un proyecto propio, sé voluntario en alguna institución de asistencia, ve al cine o a un museo, aprende un nuevo idioma, construye un mueble para tu casa, decide que esa tarde saldrás a tu hora para caminar un poco bajo los últimos rayos de sol…

En pocas palabras, date cuenta de que tu trabajo es eso: un trabajo. Importante para tu vida, sin duda, pero no tu vida en sí.

Si tu vida es más que tu trabajo, ¿no crees que es justo dedicarle a éste únicamente el tiempo que requiere?

 

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¿Por qué nos enamoramos de personas físicamente parecidas a nosotros?

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/21/2017

Existe un claro patrón que muestra que nos sentimos más atraídos a personas físicamente similares a nosotros

Es relativamente sabido que las personas tenemos una inclinación a enamorarnos de otras con quienes nos parecemos físicamente. Incluso se ha sugerido que conforme el tiempo avanza, las parejas van pareciéndose cada día más. Esto parece haber sido ya comprobado por la ciencia, perspectiva desde la cual se explica este fenómeno como "cópula de afinidad selectiva" o, dicho en otras palabras, que inconscientemente elegimos como pareja a ciertos individuos considerando las predisposiciones genéticas que compartimos con ellos. 

Un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad de Queensland en Australia y publicado en la revista científica Nature Human Behaviour examinó las similitudes genéticas entre casi 25 mil parejas. Entre los hallazgos más notables que resultaron de esta investigación está el hecho de la correspondencia de altura entre hombres y mujeres. Lo mismo se registró, aunque en menor medida, en lo que se refiere a la masa corporal. 

Estudios anteriores ya habían advertido este fenómeno, particularmente entre animales. Desde ranas y caracoles hasta aves, los investigadores han notado que entre muchas especies se privilegia a las parejas que son físicamente similares –en algunos casos, incluso conductualmente. De acuerdo con un estudio realizado hace un par de años se encontró también una correspondencia entre niveles educativos y condiciones socioeconómicas, lo cual podría justificarse simplemente apelando a los círculos sociales y de intereses afines en los que se mueve una persona (generalmente muy similares a su círculo original), pero en el caso de las correspondencias físicas este fenómeno resulta mucho más interesante. 

Tal vez lo más relevante de esta confirmación científica sobre el hecho de que buscamos parejas físicamente similares (considerando, obviamente, que hay muchas excepciones pero que se trata de un claro patrón) es el hecho de hacer consciente la cantidad de variables inmersas en esa danza en la que nos sentimos atraídos por otra persona. En realidad, al momento de buscar pareja están activas muchas más variables de las que imaginamos y quizá la mayoría son completamente inconscientes.