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Este video muestra claramente que las drogas no son lo que causa las adicciones

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/22/2017

Cada vez es más claro que las drogas no son lo que produce la adicción a las drogas, es nuestra propia sociedad y la falta de vínculos íntimos humanos

Hace un par de años escribimos un artículo sobre la noción contraintuitiva de que las drogas no son realmente lo que causa las adicción a las drogas. Siguiendo el trabajo de Johann Hari y otros, como el psicólogo Gabor Maté, se puede concluir que la adicción a las drogas es un síntoma de una alienación profunda. 

Este, tema especialmente importante en una sociedad que lanza una guerra sin cuartel en contra de las drogas y las personas que las usan, ahora ha sido sintetizado en un ilustrativo video que argumenta en poco más de 5 minutos que el problema de las drogas es un problema de desconexión social y personal. 

Dice el video que uno piensa que es la heroína la que causa la adicción, pero esto es más complejo. Hay personas en hospitales que toman una forma de heroína (más pura) y sin embargo no se vuelven adictas. La idea difundida de que las drogas son inherentemente adictivas viene de un estudio en el que ratas enjauladas prefirieron consumir agua con cocaína y heroína a simplemente agua (y se volvieron adictas a las drogas). Pero Bruce Alexander notó un detalle importante de este experimento: las ratas eran puestas solas en las cajas. Todo esto cambia cuando el experimento se realiza en un parque de ratas (una especie de paraíso para ratas); entonces se les da agua normal y agua con cocaína, pero en el parque de ratas éstas no se vuelven adictas, no tienen sobredosis y apenas consumen el agua con droga. Esto tiene su parangón con humanos: muchos adictos a la heroína en la guerra de Vietnam simplemente dejaron las drogas al regresar a casa y estar ya con sus familias. 

Los seres humanos tienen una necesidad de formar vínculos sociales; cuando esta necesidad de vinculación no es satisfecha sanamente se reemplaza con cosas que la alivien, sean nuestros smartphones o sean drogas duras, según el video inspirado en el trabajo de Hari. La guerra contra las drogas sólo refuerza esto, ya que las personas que consumen drogas son marginadas, es decir, se les hace más difícil vincularse con los demás, lo cual en primera instancia fue lo que las hizo tomar drogas. En cierta forma estamos implementando una política suicida. "Lo opuesto de la adicción no es la sobriedad, lo opuesto es la conexión", dice el video. Así que mejor sería orientar nuestros multimillonarios esfuerzos en la lucha contra las drogas a integrar a los individuos y crear una especie de parque de ratas pero humano, donde la sensación de conexión humana haría que las drogas perdieran su atractivo.

Este 2017, el Carnaval de Bahidorá se reafirmó como uno de los focos más importantes de creatividad y empatía

La primera noche del Carnaval de Bahidorá se anuncia como “El Umbral”, una fiesta para que los asistentes entren en sintonía con el ambiente permisivo del festival. La descripción podría parecer un poco exagerada si no se ha presenciado este evento antes –como era mi caso– pero arrancar Bahidorá con la idea de cruzar una dimensión y atestiguar nuevos horizontes pronto adquiere sentido.

Día 1. Cruzar hacia la libertad  

Desde el primer momento el Carnaval de Bahidorá es una celebración de la diversidad y la libertad. Durante El Umbral la gente ya conecta alrededor de una fogata o alrededor de un DJ que toca bajo los árboles. Es fácil hablar con las personas y entablar nuevos vínculos, pues no se siente tensión entre los asistentes.

La danza se convierte pronto, y hasta el último momento, en el principal vínculo entre quienes nos encontramos en Las Estacas, Morelos. Basta mirar un momento alrededor para encontrar brazos que trazan círculos en el aire, plumas que se elevan entre la multitud, aros de colores, malabares y slackline, junto con otros pasos de baile tan exóticos como naturales. Se siente el orgullo por la identidad de cada persona.

Luego de escuchar a Rubinskee, Oceanvs Orientals, Rampue y Mira, El Umbral termina alrededor de las 4:00am (¿habrán sido las 4:20 para concordar con el ambiente?). Ocurre un breve descanso y arrancan las actividades del Carnaval de Bahidorá. 

Día 2. Alinear el cuerpo para fluir mejor

Lo primero que encontramos fue una fiesta matutina en la Isla B; un espacio libre de drogas, alcohol, zapatos y celulares. Las actividades de este recinto de introspección corren a cargo de Semillero y buscan liberar la reflexión y la expresión corporal. Soy testigo del éxito de su cometido. Sinceramente, dormir en tienda de campaña no me genera el mejor humor: las piedras en la espalda, el frío por la noche y los calcetines que siempre que acampo extravío terminan por incomodarme. Sin embargo, la clase de yoga que tomamos en la Isla B logró estirar todos mis músculos hasta que perdieran gran parte de su tensión. Con cada asana, la instructora invita a fluir con la naturaleza que nos rodea, no sin antes pedirle permiso al lugar para realizar ahí las actividades. Un ritual con copal y oraciones fue el camino para contactar con los cuatro puntos cardinales antes de saludar al Sol.

La fiesta matutina que sigue a la clase de yoga se llena de energía con el pan de centeno y aguacate que obsequian a los que participamos, y la música, de nuevo, acompasa el resto de actividades que se encuentran en la Isla B: meditaciones guiadas, masajes quiroprácticos, terapia con cuencos tibetanos, sesiones de poesía experimental, talleres de percusión brasileña y de astrología, entre otros.

Una vez fuera de la Isla B, el festival continúa en armonía con la pluralidad. Veo desde trajes de baño muy ajustados hasta gente bailando con mamelucos y disfraces de Pikachu. Cada uno de los tres escenarios tiene un ambiente distinto y la fiesta sigue así por horas, hasta el amanecer. 

Día 3. Despiertan las criaturas danzantes

La mayoría de las personas no duermen durante el festival, y es que la noche está llena de estímulos que mantienen a la gente pasando de un escenario a otro hasta amanecer con la música de Nu. Confieso que caí por un par de horas, pero al despertar retomé el ritmo que al parecer una gran cantidad de danzantes no habían perdido.

Hacia el final del Carnaval me pregunto cómo puede convivir tanta gente sin tener accidentes ni malos entendidos (además habría que reconocer que todo el festival suele vivirse con los sentidos alterados). ¿Qué hay en el ambiente de Bahidorá que invita a respetar y dejar que el otro sea quien quiera ser? ¿Podríamos imitar estas formas de convivencia en la ciudad? 

El primer paso sería admitir que la convivencia en la ciudad se rige por la contención del caos, y que éste no pierde oportunidad para manifestarse. Para reducirlo, podríamos empezar por un cambio de actitud al estilo del #LlamadoBahidorá: 

Primer paso, vivir más como en un Carnaval (punto para Celia Cruz), y menos como en una eterna obligación. Así la actitud de las personas podría tender más a la calma y menos a la histeria.

En segundo lugar, debemos reinventar nuestra relación con el espacio. En Las Estacas hay naturaleza y, por obvio que pueda parecer, espacio para los seres humanos. En una ciudad diseñada para la industria automotriz y de bienes raíces, la conservación de la naturaleza se complica. Los efectos son varios, pero uno de los más potentes es, por ejemplo, la carencia de consciencia ecológica que nos caracteriza. En Bahidorá se obsequian ceniceros pequeños para no tirar las colillas al piso, se separa la basura, se invita a reutilizar y reciclar los desechos y se prefieren materiales biodegradables. Medidas aplicables a la cotidianidad. Por otro lado, aprovechemos los espacios que nos pertenecen y busquemos contactar con lo natural siempre que se pueda. 

Por último, probemos convivir con empatía. Si aquella mujer que bailaba con un disfraz de Pikachu decidiera hacerlo en metro Tacubaya, ¿podríamos comprenderlo? ¿Qué pasa si le restamos solemnidad a la voz de nuestro ego y simplemente permitimos que la gente fluya? Valoremos y –en tiempos de Trump– fomentemos la diversidad. 

Aunque no asistí al Carnaval de Bahidorá en años anteriores, se rumora que la edición de este año fue mucho más grande y con más integrantes. Esperemos que el éxito siga llegando a los organizadores de Bahidorá porque, año con año, es necesario pasar unos días fuera de la rutina; sin horario, pero siempre bailando.

 

Fotografías: Pablo H.

Twitter de la autora: @OliveraMagaly