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Este video muestra la influencia en el cine de grandes maestros de la pintura

Arte

Por: pijamasurf - 02/16/2017

La herencia de la pintura en el cine va más allá de lo que imaginamos

Si algo nos enseña el cine es a mirar. Por su propia naturaleza y por los recursos que se desprenden de ésta, el cine nos obliga a mirar de cierta manera, a poner cierta intención en nuestra mirada, a observar ciertos elementos de formas muy determinadas. Esa, en parte, es la gracia del cine y el elemento que distingue a los grandes directores: la imprevisible mirada que ponen sobre un fragmento del mundo, descubriendo ahí lo que nadie nunca antes había visto.

En esto, sin embargo, el cine no es pionero, sino más bien el heredero de una tradición más antigua: la pintura. Antes que el cine, los pintores enseñaron a la humanidad a mirar el mundo: el color de las cosas, las posibilidades de la perspectiva, los juegos de la luz, etc. Cuando el cine surgió, ya los maestros de la pintura habían formado nuestra mirada.

Quizá por ello no es casual que, de tanto en tanto, ciertas obras pictóricas se cuelen a la gran pantalla, tal y como demuestra esta compilación realizada por Vugar Efendi, cineasta él mismo y, antes que eso, conocedor amplio tanto de cine como de pintura.

Cabe mencionar que este video es una segunda parte de otro realizado por Efendi hace algunos meses, el cual compartimos también a continuación.

La cultura, después de todo, es una especie de mar común en el que todos navegamos, en donde las obras emergen con conexiones secretas entre ellas, profundas y no evidentes.

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¿Hasta dónde nos lleva nuestro deseo de compartir lo que nos gusta y nos asombra?

Para muchos de nosotros es muy común ir al cine acompañados y quizá incluso cabría decir que en pareja. El cine es aún una de esas actividades de entretenimiento que, aunque muchos han vivido desde su invención, no sólo subsiste sino que incluso se realiza más o menos de la misma manera que hace 40 o 100 años. El cine es tan colectivo como antes lo fueron el teatro callejero o incluso la lectura de ciertos libros. Es, aún, algo que se hace con otros, en compañía y a veces en complicidad.

En una entrevista que después se convirtió en videoensayo, el director Richard Linklater sostiene que el gran elemento del cine es el tiempo –su percepción, su control, su manipulación– y es posible que esa sea una primera razón que, intuitivamente, nos hacer proponerle a alguien una ida al cine. Vamos porque sabemos que seremos testigos de algo, que ya no seremos los mismos después las 2 horas que pasemos en la sala, que algo habrá cambiado entre el yo que entró y el yo que terminó de ver la película. Y tal vez queremos constatar con alguien la realidad de ese cambio. Queremos corroborar con alguien que en efecto el tiempo pasó y que quizá no nos dimos cuenta de ello pero hay cambios muy específicos que así lo demuestran, ¿y qué mejor que sea otro quien nos ayude a reconocerlos?

En este sentido, el cine es posiblemente el mejor y más asequible medio de empatía. Si podemos llegar a sentir que nuestro propio tiempo se detiene, entra en una especie de paréntesis en donde suspende su marcha, es sólo porque estamos profundamente interesados en el tiempo de otro, seguimos el tiempo de otros, lo cual es otra forma de decir que seguimos una vida que no es la nuestra. El cine nos enseña a mirarnos en el espejo del otro y sentir como si fueran nuestros su tiempo y su vida. Una vez terminada la película, cuando volvemos a lo que somos y descubrimos que hay alguien más al lado nuestro, ¿no es esa la mejor oportunidad para aplicar lo aprendido?

¿No estamos mejor preparados entonces para mirar al otro como lo que es: una suma compleja de circunstancias que lo llevó hasta ese momento?

Si deseas preservar esa compañía con la cual puedes compartir el gusto por el cine, te sugerimos aprovechar esta oportunidad de mantenerte en contacto con los demás. Sólo haz clic en este enlace para conocer más al respecto.