*

X
"La La Land" puede considerarse un musical atípico que toma distancia de las cintas clásicas del género para acercarse a mirar la forma en que se ama actualmente

El siguiente texto contiene spoilers sobre la cinta La La Land.

“–Así es Los Ángeles: todo se venera pero nada tiene valor”.

De inicio podría parecer irónico que esta sea una de las afirmaciones más notables en La La Land (Damien Chazelle, 2016), una película que por sí misma podría tomarse como ejemplo de esa veneración que el protagonista masculino, Sebastian (Ryan Gosling), señala con desdén.

¿Qué puede ser, si no una obra de veneración, un musical hecho en pleno siglo XXI? ¿Qué si no una cinta que además se complace en incorporar alusiones y recreaciones explícitas a cintas clásicas del género como Singin' in the Rain (Kelly & Donen, 1952) o West Side Story (Robbins & Wise, 1963)?

Con todo, La La Land no es solamente una cinta de homenaje, no es un mero tributo que se navegue con ingenuidad o nostalgia por esa tradición un tanto dorada de los musicales hollywoodenses. Por el contrario. Si destaca como obra cinematográfica, en buena medida se debe a que toma distancia de esa misma ingenuidad sobre la que se levantaban y se sostenían los musicales, y esa distancia, además, es el asunto fundamental de la cinta: la historia de amor contada.

A diferencia de sus antecesoras, en donde se cuentan historias de amor triunfante, consumado, dúctil, la de La La Land es un historia más bien común, una que inicia por azar, florece con la alegría propia del enamoramiento, y termina por razones comprensibles para quienes la vemos actualmente. Una historia mucho más común que aquéllas, de hecho, más usual, más cercana a lo que sabemos que sucede todos los días: el amor comienza, crece, florece, pero también es posible que termine en una banca cualquiera, una tarde impensada. En este sentido, la cinta de Chazelle se aleja del amor romántico que en los musicales clásicos ocurría en los reinos estrellados del "Vivieron felices para siempre" y, en cambio, se acerca a esta forma de amor que parece tan característica del nuevo milenio, en donde ante la adversidad, se opta por la renuncia. En vez de enfrentar las adversidades propias de amar a otra persona, el sujeto contemporáneo da un paso atrás y se retira.

En cierto sentido, esto hace de La La Land un musical atípico, un musical que no es un musical de acuerdo con lo que se esperaría de una cinta del género. Pero si esto es así, ¿entonces qué lugar tienen los números musicales de la película, cómo entenderlos dentro del marco de ésta?

Tal vez sean accidentes, en un sentido aristotélico, o quizá, desde una perspectiva lacaniana, metáforas. Los números musicales en la cinta dan cuenta de aquello que sólo puede encontrar expresión por medio de otra cosa. Con cierto radicalismo podemos decir que nada existe sino a través de las representaciones que hacemos de ello, de eso imaginario con lo cual estructuramos nuestra realidad para experimentarla. Lo real se hace realidad únicamente cuando se convierte en metáfora: ¿qué quedaría de los números musicales si se les quitara la música?

El amor, a la luz de esta premisa, es la fantasía suprema, pues sólo ocurre dentro de un marco imaginario que le da forma y lo posibilita –y Chazelle aprendió muy bien la lección de que el cine ha sido, casi desde siempre, uno los principales proveedores de ese marco, una fuente continua de enseñanza sobre las formas posibles del amor.

“Todo se venera pero nada tiene valor”, dice Sebastian a propósito de Los Ángeles, pero sin duda es una afirmación que alude a toda nuestra época. Es posible que La La Land sea una demorada pregunta en torno al valor del amor en nuestro tiempo. ¿Qué tanto valor tiene ahora? ¿Dónde está depositado ese valor? ¿En qué disposición estamos para preservarlo?

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

 

También en Pijama Surf: Estas son todas las referencias cinematográficas de 'La La Land' (VIDEO)

Del mismo autor: ¿El amor es siempre una metáfora, un hablar de otra cosa? (Sobre una secuencia de “Annie Hall”)

Te podría interesar:

Vilém Flusser contra México: Una visión post-histórica de la catástrofe mexicana

Arte

Por: pijamasurf - 02/01/2017

Una conversación en los márgenes del colapso con el escritor Rafael Toriz

El tiempo del colapso de las instituciones y la identidad nacional es también un tiempo fértil para discutir y rediseñar lo que es ser "un sujeto-ciudadano" en México. Como si al tocar fondo, o al ver el fondo --especie de monstruosa vagina dentata, surgiera de las profundidades del ser una necesaria imaginación perdida. Ya lo ha dicho el documentalista Adam Curtis en su genial documental HyperNormalisation: lo que define a nuestros tiempos y mantiene al sistema neoliberal todoabarcante es nuestra incapacidad de imaginación, de imaginar otros mundos posibles dentro de este mundo que cada vez se parece más a una sangrienta farsa. 

Rafael Toriz, colaborador de Pijama Surf y diversos medios en Argentina, entre ellos Clarín y Perfil, así como también premio nacional de ensayo Alfonso Reyes, busca iniciar un diálogo para la reconstrucción de nuestro significado en tiempos álgidos si los hay. Sostiene Toriz que estamos viendo el "envilecimiento paulatino de la vida de la mayoría de los mexicanos", un largo acto trágico de más de 7 décadas, una progresiva decadencia de la cultura, de la libertad y de la economía (la lista quizás podría abarcar la totalidad de las categorías: sociedad, espíritu, futbol, etc.). Escribe:

El conjunto de prácticas, políticas y representaciones que definían “lo mexicano” –entendido como los rasgos específicos que dieron forma y contenido al país– se encuentran colapsadas, transformando, en el orden de la desfiguración, la idea de una república federal en un conjunto de señoríos feudales donde distintos señores de la guerra redefinen en el presente los límites y los alcances de lo que alguna vez fue la república mexicana.

Toriz estará impartiendo una conferencia en Centro Horizontal (Ciudad de México) el próximo 2 de febrero a las 19:30, titulada "Vilém Flusser contra México: Una visión post-histórica de la catástrofe mexicana", cuya intención es:

utilizar algunas de las categorías esenciales del filósofo transterritorial Vilém Flusser (1920-1991) para analizar algunos instantes señeros del imago mundi del siglo XX mexicano con la intención de desmontarlos para tratar de pensar y diseñar un nuevo modelo de país frente la catástrofe que lo ha transformado de manera definitiva.

Se espera analizar la figura del estado "como editor", "el multilingüismo como una herramienta de sociabilidad en pos de sociedades comunitarias y la posibilidad de un diseño de país fundamentado en una concepción posthistórica de nación". Será una buena sesión para combinar una mirada analítica con alguna reserva de pirotecnia de la imaginación, o en su defecto recurrir a una catártica danza entre las ruinas (habrá un DJ, jovialidad y cocteles tropicales, algo que parece ser uno de los rescoldos inviolables de esta identidad que colapsa vertiginosamente).