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Guía práctica para aclarar la mente durante la meditación

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 02/28/2017

De acuerdo con los practicantes de la meditación, al regular las emociones y pensamientos es más fácil procesar la información de manera objetiva y así regresarla a su estado natural, en silencio

Cuando se trata de meditación lo primero que se solicita es mantener a la distancia y observar todos los pensamientos, miedos y emociones. Sin embargo, ¿cómo poder hacerlo sin una guía ni práctica?, ¿cómo silenciar al ruido mental que impide a un pensamiento claro y enfocado?, ¿cómo ser capaces de ver lo que se siente y piensa? 

 

De acuerdo con los practicantes de la meditación, al regular las emociones y pensamientos es más fácil procesar la información de manera objetiva y así regresarla a su estado natural, en silencio. Esto permitirá ver de manera objetiva ese pensamiento o sentimiento para resolverlo, procesarlo, fundirlo conscientemente en nuestro ser y dejarlo ir, lo cual, a su vez, hará posible el despertar del Espíritu hacia una expresión natural en la Conciencia: 

 

Una mente silenciosa está libre de distorsiones, facilitando que el Espíritu entre hacia nuestra Conciencia. O al menos hará que una energía superior entre y se expanda sobre nuestro estado consciente, y a eso llamaremos ‘Espíritu’. […] Cuando nuestra mente está en silencio –tranquila, en paz y enfocada– estamos abiertos a recibir a diferentes niveles de la Conciencia, implicando la inspiración, creatividad, insights y conocimientos directos. Además, cuando nuestra mente está limpia, callada y precisa, se incrementa casi dramáticamente nuestra habilidad para pensar, aprender y comprender. Una mente calmada, callada y enfocada es capaz de dirigir la atención hacia el interior. Podría decirse que es hacia el Espíritu, lo cual es perfectamente real. No sólo porque dirigimos nuestra atención hacia dentro, también hacia la Singularidad, lo cual es una experiencia de conciencia pura que permite moverse hacia diferentes niveles de la atención interna y al silencio. 

 

 

De modo que pasar tiempo en silencio, en balance, permitirá procesar la información interna. En términos prácticos, “procesar” implica tomar conciencia de todo lo que sucede al interior de nuestro cuerpo: pensamientos, emociones, experiencias, deseos, y una vez logrado ese estado de conciencia, aceptarlos y dejar ir aquellas creencias o sentimientos que nos agobian, para así comprender nuestros deseos y conductas en función de ellos. Se dice que esta manera de acción coherente hace posible “expresarlos y dejarlos ir en una forma que nos damos cuenta de lo que nos dicen sobre nosotros y lo que deseamos ser y actuar. Es esta parte del camino en el que nos movemos hacia tomar conciencia de quiénes somos realmente”.

 

No es necesario buscar afuera. La información, la clave para aprender a meditar, está en nuestro interior. Y una vez que nos permitamos pasar un tiempo a solas y sin distractores nos daremos cuenta de quiénes somos realmente, lo cual puede llegar a suceder mediante los pensamientos sobre una película que acabamos de ver, un libro que nos está movimiento emociones, argumentaciones que recién tuvimos, cualquier cosa en la calle que recordamos constantemente, es decir que con cualquier actividad cotidiana podemos tomar conciencia y aclarar nuestra mente: con lo que vemos, oímos, saboreamos, olemos, sentimos, experimentamos, pensamos, sentimos, concebimos, imaginamos y deseamos. Se trata de una realidad perceptual en la que si no regulamos la información y la energía, si no las procesamos ni seleccionamos, si no las usamos de manera deliberada y coherente, podrían causar problemas a nuestra salud física, emocional y espiritual. 

 

 

Es importante recordar que resolver y procesar este tipo de información puede tomar días, semanas o años y puede causar bloqueos graduales, obstrucciones ante la expresión de la verdadera esencia y distorsiones sobre los pensamientos –y por tanto, de las emociones, de modo que la práctica diaria, constante, hará que la toma de conciencia se vuelva profunda y fácil de hacer con el tiempo:

 

Se desarrollará la habilidad de autoconocernos, lo cual informará y elevará los niveles de creatividad y de expresividad. Por tanto aprenderemos a enfocar la atención en nosotros y en nuestra conciencia espiritual, a desarrollar la Conciencia espiritual, a experimentar el Espíritu, a conocernos. Y este es el único camino para conocer al Espíritu.

 

Para saber si lo que se está haciendo es lo correcto, sólo basta con prestar atención hacia nuestras emociones, hacia la calidad de nuestra conciencia, hacia la creatividad y la confianza. En caso de sentir una especie de tranquilidad y equilibrio, de libertad y empoderamiento, nada malo puede suceder. 

Este podría ser el truco fundamental para vencer la procrastinación en el trabajo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/28/2017

¿Tienes mucho trabajo pero nada de ganas de hacerlo? ¿Prefieres postergar todo y mejor ver una y otra vez los memes que circulan en Facebook? Este truco es para ti

En ocasiones anteriores hemos escrito en Pijama Surf sobre la condición inevitable del trabajo. De una u otra forma todos tenemos que trabajar, y no porque esa sea la “ley de la vida” o, como se mira en la tradición judeocristiana, porque sea una obligación fatídica (“el trabajo lo hizo Dios como castigo”, decía una vieja canción de mediados del siglo XX), sino por el hecho que nuestra evolución como especie nos llevó a transformar el medio en el cual nos desarrollamos –y hasta donde se sabe, somos la única en haber hecho de ese recurso la clave de nuestra supervivencia. Y esa transformación es, en buena medida, la esencia del trabajo, la razón última por la cual trabajar es inevitable.

Con todo, no menos cierto es que en ocasiones, o con cierta frecuencia, no tenemos ánimo para trabajar. La monotonía de nuestras labores, el aburrimiento que a veces nos asalta, la acedia o la fatiga, el deseo de hacer otra cosa, o razones mucho más mundanas: el desvelo de la noche anterior, la borrachera que nos sorprendió un día entre semana, el descubrimiento súbito de que afuera el día está hermoso pero nosotros estamos encerrados en una oficina… Que no se culpe a nadie de, a veces, no tener ganas de trabajar.

¿Cómo conciliar ambas realidades? ¿Cómo encontrar un acuerdo entre la necesidad de trabajar y la renuencia a hacerlo?

Una posible solución a ese conflicto podría encontrarse en un experimento realizado recientemente por psicólogos de la Universidad Case Western Reserve situada en Cleveland, Estados Unidos, en el cual analizaron el conocido fenómeno de la procrastinación (postergar la realización de nuestras labores lo más posible, mientras nos distraemos con nimiedades) a la luz de una variación: la fecha de entrega de una tarea obligatoria.

Los psicólogos tomaron a varios estudiantes universitarios y les asignaron una misma labor: escribir un ensayo académico sobre un tema específico. Pero a diferencia de lo que usualmente sucede, para entregar su texto no se les asignó un día de entrega, sino un plazo que comprendió varios días. Asimismo, antes y después de la escritura del ensayo, los investigadores tomaron registro de indicadores de salud que, de acuerdo con estudios previos, están asociados a la procrastinación y el estrés que ésta genera: presión arterial, niveles de glucosa, niveles de hormonas como el cortisol, entre otros.

El resultado quizá podría parecer obvio a muchos, porque seguramente es bien conocido: las personas que esperaron hasta la víspera de la fecha de entrega para escribir su ensayo presentaron muchos más síntomas asociados con el estrés que quienes lo terminaron dentro de cualquier otro día del plazo a excepción del último. En cuanto a las calificaciones, también fueron lo esperado: las puntuaciones más bajas para aquellos que entregaron hasta el último día y las mejores para quienes entregaron primero.

¿Qué nos puede decir este experimento sobre nuestra propia procrastinación y sobre el intento de encontrar ánimo para trabajar?

Por encima de todo, que ningún beneficio tiene sentido si implica complicarte la vida innecesariamente. ¿O crees que sí? ¿Crees que de verdad necesitas no dormir toda la noche por cumplir con una tarea que pudiste haber realizado con más tiempo? ¿Crees que necesitas toda esa angustia que conlleva hacer las cosas de último minuto, con la sensación creciente de que no vas a lograrlo? ¿Y todo esto sólo porque tu procrastinación pudo más que tú? ¿Por qué complicarte así la vida?

En el experimento, los estudiantes que esperaron hasta el último día del plazo de entrega no sólo se estresaron y por ello vieron minada su salud, sino que además ni siquiera tuvieron una buena calificación en su ensayo, por razones más o menos obvias: ¿quién con el tiempo encima puede hacer un buen trabajo?

Optar por una vida más sencilla, libre de angustia innecesaria e inútil, puede ser el “truco” fundamental para vencer el desánimo por el trabajo.

Y en términos más concretos, puedes recurrir a otras estrategias: haz planes con tus amigos, adopta una rutina de ejercicio, sal con tu pareja, emprende un proyecto propio, sé voluntario en alguna institución de asistencia, ve al cine o a un museo, aprende un nuevo idioma, construye un mueble para tu casa, decide que esa tarde saldrás a tu hora para caminar un poco bajo los últimos rayos de sol…

En pocas palabras, date cuenta de que tu trabajo es eso: un trabajo. Importante para tu vida, sin duda, pero no tu vida en sí.

Si tu vida es más que tu trabajo, ¿no crees que es justo dedicarle a éste únicamente el tiempo que requiere?

 

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