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Ignorancia, desenfreno, fertilidad: estas 8 deidades reflejan las distintas caras del amor (INFOGRAFÍA)

Arte

Por: pijamasurf - 02/16/2017

Este infográfico reúne a 8 deidades de distintas culturas que reconocieron la naturaleza inexplicable y poderosa del amor

El amor no tiene un solo rostro. Si a veces así lo creemos es porque en la modernidad existe cierta tendencia a la normalización y aun podría decirse que a la neutralización. Particularmente en los últimos años se intenta llevar todo al cauce manso de lo positivo, lo feliz, lo satisfactorio, como si la vida estuviera hecha únicamente de virtudes y bondades. Sin embargo, si algo enseña la historia del amor es que parte de su naturaleza es vehemente, disruptiva, pasional; el amor, como bien se sabe desde tiempos remotos, tiene el poder de trastornarnos, de hacernos ver lo que no existe, de hacer lo que nunca hubiéramos imaginado.

En esta ocasión compartimos un infográfico en el que mostramos las distintas expresiones de esa fuerza a través de un elemento común en distintas culturas: la mitología. De los griegos a los pueblos nórdicos y las culturas prehispánicas de América el amor fue elevado a nivel de deidad, en buena medida porque se le reconoció ese carácter irrefrenable.

 

 

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Por qué ir al cine es siempre una buena opción para una cita

Arte

Por: pijamasurf - 02/16/2017

¿Hasta dónde nos lleva nuestro deseo de compartir lo que nos gusta y nos asombra?

Para muchos de nosotros es muy común ir al cine acompañados y quizá incluso cabría decir que en pareja. El cine es aún una de esas actividades de entretenimiento que, aunque muchos han vivido desde su invención, no sólo subsiste sino que incluso se realiza más o menos de la misma manera que hace 40 o 100 años. El cine es tan colectivo como antes lo fueron el teatro callejero o incluso la lectura de ciertos libros. Es, aún, algo que se hace con otros, en compañía y a veces en complicidad.

En una entrevista que después se convirtió en videoensayo, el director Richard Linklater sostiene que el gran elemento del cine es el tiempo –su percepción, su control, su manipulación– y es posible que esa sea una primera razón que, intuitivamente, nos hacer proponerle a alguien una ida al cine. Vamos porque sabemos que seremos testigos de algo, que ya no seremos los mismos después las 2 horas que pasemos en la sala, que algo habrá cambiado entre el yo que entró y el yo que terminó de ver la película. Y tal vez queremos constatar con alguien la realidad de ese cambio. Queremos corroborar con alguien que en efecto el tiempo pasó y que quizá no nos dimos cuenta de ello pero hay cambios muy específicos que así lo demuestran, ¿y qué mejor que sea otro quien nos ayude a reconocerlos?

En este sentido, el cine es posiblemente el mejor y más asequible medio de empatía. Si podemos llegar a sentir que nuestro propio tiempo se detiene, entra en una especie de paréntesis en donde suspende su marcha, es sólo porque estamos profundamente interesados en el tiempo de otro, seguimos el tiempo de otros, lo cual es otra forma de decir que seguimos una vida que no es la nuestra. El cine nos enseña a mirarnos en el espejo del otro y sentir como si fueran nuestros su tiempo y su vida. Una vez terminada la película, cuando volvemos a lo que somos y descubrimos que hay alguien más al lado nuestro, ¿no es esa la mejor oportunidad para aplicar lo aprendido?

¿No estamos mejor preparados entonces para mirar al otro como lo que es: una suma compleja de circunstancias que lo llevó hasta ese momento?

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