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James Cameron sostiene haber descubierto restos de la Atlántida

Arte

Por: pijamasurf - 02/03/2017

Nuevo documental "Atlantis Rising" narra la búsqueda del continente perdido descrito por Platón, utilizando tecnología de punta

El director de proyectos épicos James Cameron se ha embarcado en un nuevo documental que mezcla investigación arqueológica y oceanográfica, mito y leyenda y cinematografía.

Cameron está por estrenar Atlantis Rising en el canal de National Geographic, un documental que investiga la leyenda de la Atlántida, sembrada en la conciencia colectiva por Platón en sus diálogos Critias y Timeo. Cameron ha utilizado tecnología de punta para explorar un "un mapa virtual" que, siguiendo los escritos de Platón, indaga las llamadas "columnas de Hércules" en el lado atlántico del estrecho de Gibraltar y allende.

Cameron sugiere haber encontrado restos de esta civilización perseguida por las mentes más intrépidas a lo largo de la historia. Se han encontrado anclas de 3 mil 500 a 4 mil años de edad que apuntan a la existencia de un muelle en una zona que encaja con las descripciones de Platón. Si bien Platón en sus diálogos alude a que la Atlántida habría existido al menos 6 mil años antes que esto, el solo hecho de encontrar un muelle en esta zona es un hecho increíble, ya que nadie esperaría un muelle en el Atlántico en la Edad de Bronce. El tamaño del ancla es bastante grande, por lo cual se estima que barcos muy grandes estaban navegando esta área hace 4 mil años.

Otra de las pistas que Cameron investiga es la erupción volcánica en la isla de Santorini (antes Thera) cerca del año 1650 a. C. Esta fecha es similar a la de las anclas encontradas y podría empatar con la descripción de la súbita destrucción de la Atlántida por un cataclismo natural que sugiere Platón en sus diálogos.

Habrá que ver el documental para ver si la afirmación de Cameron de haber descubierto esta mítica civilización está realmente fundamentada o se trata solamente de un teaser para seducir a las audiencias. 

 

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Un relato lúcido sobre las conexiones entre estar dormido y estar despierto; por medio de la empatía humana se puede acceder a reinos ancestrales y mejorar la calidad de vida del lado de la naturaleza

Agraciadamente con su más reciente filme, Apichatpong Weerasethakul regresa a esa manera de hacer cine que había dejado después de filmar Síndromes y un siglo (2006), cuando optó por el espectáculo grandilocuente del que está construido El tío Boonemee que recuerda sus vidas pasadas (2010), curiosamente su más popular y exitosa cinta. Me parece que el cineasta tailandés finalmente encuentra un equilibrio entre su carrera de artista visual, para lo que también es genial, y la de cineasta purista y sencillo que no deja de recordar al maestro Ozu desde sus inicios. Con Blissfully Yours (2002) (que sería difícil de explicar en cuanto a trama, o quizás demasiado fácil: un picnic romántico en la selva a dos pistas; en una de ellas, una pareja joven de trabajadores y en otra dos personas de más edad) se trataban problemas de inmigración, identidad, y económicos de la clase trabajadora, pero nunca de forma directa; la cinta es un poema de sensaciones que acerca al hombre a la naturaleza, el sonar de un río, de las hojas de los arboles, aparentemente en tiempo real. Pero quizás esa sencillez viene de antes, del primer ejercicio fílmico del autor, que era una narración fantástica armada como juego de cadáver exquisito con distintos individuos miembros de distintas comunidades en el campo de Tailandia: Objeto misterioso al mediodía (2000). Esta cinta era un documental sobre la ficción/fantasía, sobre la capacidad de inventar, pues por medio de las historias contadas se va abriendo una explicación de lo que sucede con cada individuo. Es a este inicio a lo que se refiere bastante la nueva obra de Weerasethakul: inventar historias para curar pero concebir la trama para entender lo que hay detrás de lo que hacemos, para explicarnos de alguna forma la vida y poder ordenarla para después redirigirnos a donde en realidad debemos de ir. Pensar en el sistema de reencarnaciones que son tan familiares para los orientales religiosamente tiene mucho que ver con encontrar una lógica de vida que rebase nuestros sueños egoístas: mirar la gran película, el panorama general del espíritu.

En Cementerio de esplendor (Weerasethakul, 2015), Jen (Jenjira Pongpas) es voluntaria que cuida soldados dormidos que se alojan en una escuela fuera de uso por obras, semejando un pequeño hospital. En especial desarrolla una relación con Itt (Banlop Lomnoi), que cuando no está dormido es un buen compañero de pláticas y paseos. El trabajo de Jen es excepcional, logra no sólo comunicar los conflictos externos e internos del personaje sino que puede vivir lo que se dice en un nivel subcutáneo de la película, que más bien medita sobre las formas de control, sobre el laberinto de ilusiones en un sentido búdico del cual está construido el mundo tecnológico actual, sobre la soledad y el cambio de cuerpos que vive el alma. La actriz Jenjira Pongpas es un elemento necesario para el cine del autor tailandés; pareciera que es su álter ego, intentando proteger su creación y a sus habitantes.

El trabajo del director de fotografía mexicano Diego García (Toro de neón) es sobrio y preciso, no busca brillar ostentosamente y hace que la propuesta de Weerasethakul aterrice adecuadamente. Parece que se siguen las indicaciones que André Bazin hiciera a mediados del siglo pasado apoyándose en la obra de Orson Welles y Jean Renoir, entre otros: un cine objetivo en plano general que no dirigiera la mirada del espectador, brindándole una ansiada libertad en la pantalla (poder mirar adonde él quiera, sin obligarlo a mirar por un corte cerrado). La cámara del Cementerio de esplendor está fija, casi no se mueve, con planos largos de duración y encuadres que no buscan una formalidad estética sino que tratan de romper la película y que el espectador se pueda sumergir como un observador de una realidad distante, y quizás no tan distante, en esas tomas lejanas que no tienen una sola protección, ni siquiera en planos medios.

Resulta que debajo de los soldados dormitando hay un valle con príncipes y guerreros enterrados, donde alguna vez hubo una ciudad con palacios hace muchos siglos; parece ser que los soldados vuelven a darle energía a estos seres que se intentan manifestar en nuestro mundo. Weerasethakul hace la formula psíquica exacta y contrapone a una médium espiritual psíquica que puede entrar a los sueños de los soldados con un trabajo exploratorio físico de Jen; deambulando juntas pueden presenciar lo que se encuentra en otras dimensiones y a lo que de una u otra manera se puede acceder en el mundo físico por medio del corazón.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo