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Esta increíble casa esconde hermosas imágenes de lo que fuera el proyecto de vida de un personaje fascinante

Un llamado de Dios. Así definió su constructor, Horace Burgess, la razón por la que se aventuró a comenzar este magno proyecto que le tomó, ni más ni menos, 15 años completar.

 

 

La construcción de cuatro pisos es soportada por seis árboles y para su construcción se emplearon más de 250 mil clavos.

 

 

En su interior cuenta con una sala acondicionada para realizar plegarias y ritos; ese mismo lugar está ambientado para servir como una pista de básquetbol.

 

 

Oficialmente se trata de la casa del árbol más grande del mundo y se localiza en Crossville, Tennessee. También se le conoce como "la casa del Ministro".

 

 

El total de su superficie es de 3 mil metros cuadrados. Su costo estimado está alrededor de los 12 mil dólares.

 

 

La casa está llena de inscripciones que hicieron los visitantes para marcar su paso por ahí. En el décimo piso de la construcción se encuentra una preciosa terraza pensada como un penthouse al aire libre. Por si fuera poco, cuenta con un campanario, la parte más alta de toda la construcción.

 

 

Tristemente, en 2012 fue clausurada por el jefe del departamento de bomberos de la localidad por el inminente riesgo de que, de un momento a otro, un incendio consumiera al edificio junto con sus habitantes.

 

 

El lugar está lleno de maravillosos rincones e inesperados espacios, pues aunque "el Ministro" no era exactamente un arquitecto puso toda su devoción y esfuerzo en ello.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Recientemente se firmó una petición para que se rehabilite esta magnifica construcción. ¿Funcionará?

Veterinario que posaba con sus trofeos de cacería muere tras caer de un precipicio mientras cazaba

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 02/24/2017

A veces el karma se materializa de forma violenta y muy evidente; este podría ser uno de esos casos

El hecho de que un veterinario, una persona que por profesión pensaríamos que ha desarrollado una especial empatía y un profundo cariño por los animales, pose en fotografías presumiendo sus trofeos de caza, por ejemplo un león, es algo simplemente aberrante. Tal vez por eso cuando el italiano Luciano Ponzetto, quien ejercía como veterinario cerca de Turín, publicó en sus redes sociales imágenes que mostraban a sus presas (un león, un leopardo, un borrego cimarrón, etc.), las imágenes produjeron particular aversión y una enérgica condena. 

Múltiples activistas se unieron para denunciar el comportamiento de Ponzetto e incluso se creó una página dedicada a condenar su actuar. Sin embargo, nada de esto fue suficiente para convencerlo de frenar sus prácticas de cacería. Nada hasta que irrumpió el karma, vestido de muerte. 

El diario británico The Sun recién informó que el odiado veterinario murió tras resbalar sobre una roca y caer a un precipicio. Todo esto ocurrió mientras Ponzetto estaba en busca de aves salvajes para cazar. 

Obviamente no queremos siquiera insinuar que alguien que caza debiera morir. Pero sí llamó nuestra atención la correspondencia entre ambas situaciones –la paradoja del veterinario que caza y presume sus presas en Facebook y su eventual muerte, tras negarse a cesar sus actividades de cacería, mientras cazaba.