*

X
Directamente traídas desde la época del oscurantismo, estas muertes ejemplares, sanguinarias y poco probables te sorprenderán

La muerte siempre está a la vuelta de la esquina. Todos imaginamos tener un final pacífico o, al menos, indoloro. Muchos cruzan el umbral hacia lo desconocido de maneras peculiares, poco ortodoxas y hasta inverosímiles. Estas 10 muertes nos dejan, sin duda alguna, con la conciencia de que la vida es muy frágil:

 

Ricardo y la sartén

 

Ricardo I había arruinado a Inglaterra en 1199 gracias a la Tercera Cruzada y al rescate que se pagó por él después de ser capturado por el emperador alemán. Ricardo descubrió que necesitaba grandes sumas de dinero para financiar sus campañas bélicas en Francia y que no podían reunirse solamente por medio de impuestos. Ricardo murió mientras buscaba dinero en el castillo de Chalus-Chabrol en Francia, que según el rumor contenía una olla de oro. Durante el asedio del castillo, un joven que estaba armado con una sartén agarró una ballesta y disparó contra un grupo de caballeros a caballo. Su perno encontró su blanco en uno de los hombros de un caballero; este caballero era Ricardo Corazón de León, quien murió más tarde cuando su herida se volvió gangrenosa, aunque mientras estaba acostado en su lecho de muerte le entregó a su letal asesino 100 chelines, en un acto de caballería final. A pesar de esto, el muchacho fue desollado vivo más adelante por órdenes de Leonor de Aquitania, la triste madre de Ricardo, antes de la horca.

 

Martín: anguilas risueñas

 

Durante una fiesta en 1410, Martín, conde de Barcelona y rey de Aragón, murió en circunstancias completamente fuera de lo común. La gente que estaba sentada con Martín describió la muerte como causada por una combinación de una indigestión severa que había estado aquejando a Martín en los días anteriores al incidente y una risa histérica, que lo hicieron colapsar en la mesa de la cena. Los esfuerzos para salvar la vida del rey resultaron inútiles. Sus coetáneos no fueron capaces de explicar exactamente qué hizo que Martín se riera tan incontrolablemente, pero se supone que su indigestión fue causada por comer anguilas, un platillo popular en la Edad Media.

 

Arturo: el tío enfurecido

 

Arturo de Bretaña fue líder en una rebelión contra el rey Juan a principios del siglo XII. Arturo, que aún estaba en la adolescencia, era sobrino de Juan y era legítimo heredero del trono inglés; sin embargo, Juan quería desacreditar a Arturo para protegerse a sí mismo. Una vez que fue capturado por las fuerzas de Juan en el castillo de Mirebeau, Arturo fue encarcelado en el castillo de Rouen junto con sus aliados rebeldes. Hay muchas historias contradictorias sobre lo que le sucedió posteriormente a Arturo, pero una en particular parece verídica, de acuerdo con los relatos de los testigos. Ésta indica que Juan ordenó que Arturo fuera castrado y cegado como castigo por su traición, pero el carcelero se negó a cometer el acto. El furioso rey Juan bebió hasta que todo lo que pudo ver fue una furia roja y luego procedió a apuñalar al joven de 16 años en su celda. A continuación ató una gran roca a Arturo y arrojó su cuerpo al río Sena, donde fue descubierto más tarde por los pescadores y enterrado en la abadía de Bec.

 

Jorge: un último gran trago

 

Jorge Plantagenet fue el hermano del rey Eduardo IV y el rey Ricardo III, y desempeñó un papel vital en la Guerra de las Rosas antes de su muerte en 1478. Después de ser condenado por traición por complot contra su hermano, fue ejecutado en la Torre de Londres. En esa época el método habitual de ejecución de los nobles era la decapitación, pero no era así como Jorge Plantagenet debía ser ejecutado. Dada su famosa reputación de alcohólico Jorge fue ahogado en una tina grande de vino de malvasía, su bebida preferida, según su propia petición. Su cadáver fue posteriormente trasladado a la abadía en la misma tina llena de vino, antes de ser enterrado.

 

Adrián: hay una mosca en mi vino

 

Adrián IV (nacido Nicolás Breakspeare en 1100) reinó en la silla papal durante 5 años, hasta su muerte en 1159. Curiosamente, es hasta ahora el único inglés que ocupó la posición. En los últimos meses de su vida, Adrián sufría de una forma de amigdalitis que causa que la pus se acumule en la boca y la garganta. Se cree que esto fue lo que contribuyó a su muerte. Cuando tomó un sorbo de vino y comenzó a ahogarse con una mosca que había estado flotando dentro de su copa, la acumulación de pus junto con la mosca en su garganta hizo una combinación mortal, lo que le causó la muerte en cuestión de minutos.

 

Bela: amenaza sobre la cabeza

 

Bela I de Hungría fue rey por sólo un período de 3 años antes de su extraña muerte en 1063. Mientras se sentaba en su trono el pabellón sobre éste se derrumbó encima de él, causándole muerte instantánea. Los más cercanos al rey creían que el incidente había sido más que un simple accidente y que en realidad fue un inteligente método de asesinato. Bela tuvo numerosos enemigos políticos después de que usurpó el trono del rey Andrés I de Hungría. A pesar de las sospechas no hubo pruebas de que fuera un asesinato, y Bela fue sucedido por Salomón de Hungría. Los hijos de Bela huyeron del país por temor a la persecución del nuevo gobernante.

 

Al-Musta'sim: paseo sobre la alfombra

 

El califa Al-Musta'sim de Bagdad fue capturado durante la invasión mongola del dominio abasí. Gobernó desde 1242 hasta su muerte, 16 años más tarde, a manos de los mongoles. En febrero de 1258 los mongoles, encabezados por Hulagu Kan, destruyeron Bagdad y capturaron a Al-Musta'sim vivo. Sin embargo, los mongoles temían ejecutarlo de la manera habitual, que era la decapitación, debido a la superstición de que derramar sangre real traería desastre sobre ellos. En cambio, enrollaron a Al-Musta'sim en una alfombra y luego fue pisoteado repetidamente por caballos hasta que murió. El proceso de la ejecución tardó 15 minutos antes de que el califa finalmente muriera. Al-Musta'sim también tuvo muchos hijos, la mayoría de los cuales fueron ejecutados de la misma manera.

 

Tomás: no seré arrestado

 

Tomás Becket fue elegido arzobispo de Canterbury bajo el reinado de Enrique II de Inglaterra, desde 1162 hasta su muerte. Después de muchos desacuerdos con el rey Enrique sobre las reformas de la tiranía del rey, Becket se dio cuenta de que su vida estaba en peligro. El clímax sangriento y horrendo de la pelea ocurrió en diciembre de 1170, cuando cuatro caballeros llegaron a la catedral de Canterbury y le ordenaron a Becket que se rindiera. Como no se rendía, uno de los caballeros le estrelló el pomo de su espada en la cabeza, lo que hizo que el pobre hombre se arrodillara. Entonces Becket comenzó a orar hasta que recibió un golpe fatal, pues otro caballero saltó hacia delante y lanzó un golpe que cortó la parte superior de la cabeza del arzobispo justo por encima de los ojos. El golpe fue dado con tanta fuerza que la espada se rompió en pedazos contra el suelo. Un tercer caballero empujó entonces su espada en la cabeza de Becket y sacó el cerebro del hombre muerto antes de frotarlo en el suelo y decir simplemente: "Este tipo no se levantará otra vez”.

 

Sigurd: colmillo travieso

 

Sigurd Eysteinsson el Poderoso murió en la que tal vez sea la más extraña forma de justicia a lo largo de la historia. Siendo un guerrero orgulloso, en el año 892 desafió a uno de sus enemigos, Máel Brigte el Colmillo (apodado así debido a sus dientes), a una batalla en la que cada uno traería sólo 40 hombres. En lugar de ello Sigurd decidió llevar 80 hombres, y debido a esta ventaja numérica sus soldados ganaron el combate fácilmente. En un acto de arrogancia, Sigurd ató la cabeza de Brigte a su caballo. Irónicamente, al cabalgar para alejarse de la batalla, el famoso colmillo de Brigte rasguñó la pierna de Sigurd, causándole una infección gangrenosa que terminó cobrando su vida. La leyenda dice que el fantasma de Máel volvió a encarnar su cabeza cortada para cometer un acto final de venganza contra Sigurd, por su traición en la pelea.

 

Eduardo: pagando una apuesta

 

Eduardo II gobernó durante 20 años como rey de Inglaterra, antes de su muerte en 1327. Su reinado era infame, lleno de desastres y estaba marcado por la desconfianza política y los fracasos militares. Después de su abdicación, los enemigos políticos de Eduardo decidieron que no lo mantendrían vivo. Mientras estaba preso en el castillo de Berkeley, un grupo de asesinos lo detuvo y lo forzó a insertar una ficha de póquer de hierro candente directamente en su recto. Su funeral público se llevó a cabo más tarde ese mismo año, confirmando su muerte a los ciudadanos de Inglaterra. Si alguna vez decides visitar el castillo de Berkeley, se dice que los gritos de agonía de Eduardo a veces pueden ser escuchados ligeramente a través de las paredes.

El budismo tiene una visión muy práctica para lidiar con demonios y apariciones que pueden estar perturbándote.

El universo budista, particularmente el universo del budismo tántrico, está poblado no sólo de budas y bodhisattvas, sino de toda una vasta serie de deidades y demonios. Sin embargo, a diferencia de religiones teístas en las que estas entidades tienen una existencia absoluta e independiente, en el budismo se ven estas deidades como co-emergentes, en relación siempre a la mente. Dice Thinley Norbu Rinpoche en su clásico White Sail: "Mientras que no creamos en nuestra propia naturaleza búdica, las proyecciones de la mente ordinaria de demonios y dioses seguirán ocurriendo, y creeremos que tienen una realidad objetiva y separada". En este sentido la naturaleza búdica es igual a la no-dualidad, a la conciencia primordial que reconoce todo lo que ocurre de manera integrada a su propia mente. "De la misma manera que un espejo límpido nos regresa nuestra propia imagen, aquel que ofrece, aquel que acepta el ofrecimiento y aquello que es ofrecido no son diferentes. Es por esto que se dice que la sabiduría es el despliegue de la sabiduría".

Thinley Norbu explica que las apariciones, circunstancias aparentemente objetivas, de demonios o de energía negativa que es reificada como una entidad sobrenatural son proyecciones kármicas de hábitos negativos que hemos apilado por numerosas vidas. Las personas que producen este tipo de fenómenos "sienten que estos demonios los están intentando lastimar y luego buscan detenerlos, escaparse de ellos o exorcizarlos. Al  no reconocer su propia naturaleza búdica, no ven que estos demonios son creados por su propia mente y son reflejados de regreso a ellos". Una lectura no dual, fincada en el vajrayana, del famoso episodio de la iluminación de Buda enfrentando al demonio Mara, nos diría que Mara es sólo un aspecto de la mente que se desdobla como una entidad independiente al no reconocer su propia budeidad, pero que una vez que se reconoce la no-dualidad, Mara se desvanece o pierde su poder. Uno se puede sentar tranquilamente a conversar con Mara, con los propios demonios.

Algo similar sucede también con fenómenos positivos que llaman "dioses supernaturales particulares", los cuales son resultado de hábitos positivos de proyecciones de múltiples vidas, según Thinley Norbu. Igualmente "al no reconocer su propia naturaleza búdica, no ven que estos dioses y diosas son creados por su propia mente y son reflejados de regreso a ellos". El extremo del eternalismo, que cree en la existencia de dioses eternos separados de la propia mente, luego culpa a estos dioses cuando no logra explicar circunstancias negativas que los afligen y entonces abandona a estos dioses. "Según el budismo, la negatividad no es creada por los dioses... se culpa a los dioses porque se cree que los dioses son creadores. Sin embargo, el pensamiento de que los dioses son creadores viene del creador que es la propia mente. Estas personas creen que el creador objetivo traicionó al creador subjetivo, porque creen que sus dioses los han creado a ellos ya sus circunstancias y así los hacen torturado y castigado. Pero abandonar a dios es solo el creador subjetivo traicionando al creador objetivo". Esta es la ilusión fundamental de la dualidad que reifica los fenómenos como objetos separados en torno a un sujeto; para el budismo vajrayana no existe tal dualidad, todo lo que experimentamos es resultado de nuestra propia mente, incluyendo dioses y demonios.

Es importante aclarar que el budismo no dice que los demonios y los dioses no existan, sino que estos sólo existen como nuestras propias proyecciones, resultado de nuestros hábitos, de nuestro karma. Pero en esto no son distintos al mundo material, a la realidad convencional que experimentamos diariamente, la cual también surge de nuestro karma, del substrato de nuestra mente; ni los dioses y demonios, ni las cosas que vemos a nuestro alrededor tienen una existencia absoluta, son sólo relativos y co-emergentes.  

Podemos ver la existencia del mal como resultado solamente de nuestra ignorancia de nuestra condición original, que es la naturaleza búdica. Como explica Thinley Norbu: "las apariencias dualistas se convierten en una forma de demonio". Aquello que en Occidente hemos reificado y llamado "el diablo" no es más que una proyección de nuestra percepción oscurecida por hábitos dualistas que pueden continuar por incontables vidas.

Siempre existe el mal causado por la energía dualista del ego. Al olvidar que todas las proyecciones, reacciones y contraproyecciones tienen su raíz en el ego, el mal parece proceder de afuera de nosotros de múltiples formas y sonidos. En realidad, el mal sólo aparenta tener una independencia externa, esto es debido a que uno olvida lo que el propio ego demoniaco ha creado al construir malos hábitos por muchas vidas, no reconociendo las propias proyecciones. 

En el tantra budista (vajrayana, sendero del diamante) se busca establecer una visión pura, esto es ver desde la perspectiva de un Buda. Se toma el fruto del sendero, el Buda que inevitablemente nos aguarda, el resultado de la práctica, como realidad actual. Este es el acto supremo de la imaginación divina. Se dice en el vajrayana que todos los fenómenos son transformados en deidad. "Según las enseñanzas del vajrayana la naturaleza búdica es llamada deidad de sabiduría nacida inherentemente. Esto es porque aunque los seres momentáneamente se ven oscurecidos por la mente ordinaria y no la reconocen, la deidad está dentro de la mente y en ningún otro lugar", dice el maestro Thinley Norbu.

Existen diversas prácticas tántricas para lidiar expresamente con "demonios" entre ellas el chöd, y por supuesto el tantra esencialmente utiliza la visualización de deidades como cultivo de energía positiva en su transformación alquímica espiritual. Para concluir podemos decir que una forma para lidiar con demonios, apariciones y demás entidades es simplemente preguntándonos por su naturaleza, por su origen, de manera atenta sin fusionarnos cognitivamente con ellos. Entonces, según el budismo tántrico, reconoceremos que no tienen existencia independiente de nuestra mente, están vacías. Ocurre algo similar a cuando somos capaces de preguntarnos en un sueño si estamos soñando: al hacerlo lúcido todo asomo de terror se desvanece, ya que reconocemos que todo viene de nosotros. 

Twitter del autor: @alepholo