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Las 10 películas más románticas de la historia

Arte

Por: pijamasurf - 02/16/2017

Una selección singular de uno de los temas fundamentales del cine.

Para nadie es un secreto que uno de los grandes temas del ser humano es el amor, origen y remedio de felicidad y de infortunios por igual, motivo de obras capitales de nuestra cultura, de investigaciones filosóficas y científicas y también, en otro sentido, motor de nuestras acciones, de nuestras decisiones, de las hazañas que acometemos. El amor que, según Dante, mantiene en movimiento a las estrellas del universo, es el mismo que nos hace atrevernos, persistir, que nos hace cantar y bailar, sonreír, aprender cosas nuevas, experimentar, sobreponernos a nuestros fracasos y nuestros temores, abrazar la vida en toda su plenitud. El amor que nos hace amar el amor, para decirlo con James Joyce.

El cine, en este sentido, no es una excepción y cabría decir que incluso es parte del problema. Al menos por un aspecto: su irrupción como medio masivo de expresión determinó mucho del desarrollo de las distintas narrativas del amor que ahora seguimos, muchas veces inconscientemente. Entre otros varios factores, el cine también nos ha enseñado a amar, nos ha mostrado a través de la ficción empática en torno a las historias de otros qué significa amar y ser amados.

A continuación compartimos 10 películas que, de distintas formas, se han aproximado al amor. Algunas son ya viejas conocidas de nuestro imaginario, otras comienzan apenas a develar la genialidad de su acercamiento y algunas más son como esos objetos que guardamos un día con afecto en un cajón, que olvidamos después y que al reencontrar, una tarde inesperada, nos recuerdan las caricias de una persona, las palabras que nos decía, el brillo particular de cierta temporada de nuestra vida.

 

Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

Una historia de amor icónica por varios motivos. Para la historia del cine es un clásico indiscutible, y para la historia del amor es una de esas pocas obras que cristalizan su condición intemporal, el hecho de que el amor nos toca, sin importar el momento en que nos encuentre.

 

Annie Hall (Woody Allen, 1977)

El amor es simple y al mismo tiempo es terriblemente complicado. El amor ocurre en los actos más sencillos y cotidianos –cocinar, ir al cine, pasear en una playa– pero al mismo tiempo está sucediendo en zonas profundas de lo que somos. Y Annie Hall retrata esa naturaleza contradictoria del amor.

 

Happy Together (Wong Kar-wai, 1997)

El amor es conflictivo porque los seres humanos somos así. Todos llegamos ante otro con una historia a cuestas, con problemas, expectativas, con heridas que han sanado y otras que aún nos duelen. Wong Kar-wai exploró en esta cinta esas heridas.

 

Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003)

El amor también es aquello de lo cual nos despedimos y que toma otra forma en aquello que se presenta de improviso en nuestra ruta, renovado pero conocido.

 

Jeux d'enfants (Yann Samuell, 2003)

De inicio las posibilidades del amor parecen infinitas, pero la realidad de su desarrollo es una. Con todo, ¿quién no se ha preguntado "¿Qué hubiera pasado si...?" respecto de una elección de amor? ¿Qué hubiera pasado si alguno de los implicados hubiera decidido otra cosa, o si las circunstancias los hubieran llevado por otro camino?

 

Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004)

Con una premisa que tiene algo de ciencia ficción –la posibilidad de editar nuestra propia memoria para borrar o cambiar ciertos recuerdos– este clásico contemporáneo de Gondry plantea una pregunta interesante sobre la manera en que se forma el amor en el marco de nuestra subjetividad.

 

Allegro (Christoffer Boe, 2005)

Muchas personas viven la gran historia de amor de su vida que, sin embargo, se interrumpe, se trunca. ¿Qué pasaría si por algún tipo de artificio pudieras retomarla?

 

Les amours imaginaires (Xavier Dolan, 2010)

Que el amor sea una de las preocupaciones constantes de la humanidad no quiere decir que no cambie. Dolan, el niño prodigio del cine contemporáneo, contó en esta película una historia sui géneris, como todas las que implican responder a las pasiones que desata el amor.

 

Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012)

¿Dónde nace el amor? ¿Y cómo? Con un notable cuidado, Wes Anderson intenta responder a esas preguntas en esta película entrañable.

 

Her (Spike Jonze, 2013)

A primera vista podría parecer una historia de amor inusual, pero no para los tiempos que corren. Sí por la influencia que la tecnología contemporánea parece estar ejerciendo en nuestras formas de amar, pero también por el hecho de que por encima de todo esto el amor permanece, está ahí para quien tiene ojos para encontrarlo.

Por qué ir al cine es siempre una buena opción para una cita

Arte

Por: pijamasurf - 02/16/2017

¿Hasta dónde nos lleva nuestro deseo de compartir lo que nos gusta y nos asombra?

Para muchos de nosotros es muy común ir al cine acompañados y quizá incluso cabría decir que en pareja. El cine es aún una de esas actividades de entretenimiento que, aunque muchos han vivido desde su invención, no sólo subsiste sino que incluso se realiza más o menos de la misma manera que hace 40 o 100 años. El cine es tan colectivo como antes lo fueron el teatro callejero o incluso la lectura de ciertos libros. Es, aún, algo que se hace con otros, en compañía y a veces en complicidad.

En una entrevista que después se convirtió en videoensayo, el director Richard Linklater sostiene que el gran elemento del cine es el tiempo –su percepción, su control, su manipulación– y es posible que esa sea una primera razón que, intuitivamente, nos hacer proponerle a alguien una ida al cine. Vamos porque sabemos que seremos testigos de algo, que ya no seremos los mismos después las 2 horas que pasemos en la sala, que algo habrá cambiado entre el yo que entró y el yo que terminó de ver la película. Y tal vez queremos constatar con alguien la realidad de ese cambio. Queremos corroborar con alguien que en efecto el tiempo pasó y que quizá no nos dimos cuenta de ello pero hay cambios muy específicos que así lo demuestran, ¿y qué mejor que sea otro quien nos ayude a reconocerlos?

En este sentido, el cine es posiblemente el mejor y más asequible medio de empatía. Si podemos llegar a sentir que nuestro propio tiempo se detiene, entra en una especie de paréntesis en donde suspende su marcha, es sólo porque estamos profundamente interesados en el tiempo de otro, seguimos el tiempo de otros, lo cual es otra forma de decir que seguimos una vida que no es la nuestra. El cine nos enseña a mirarnos en el espejo del otro y sentir como si fueran nuestros su tiempo y su vida. Una vez terminada la película, cuando volvemos a lo que somos y descubrimos que hay alguien más al lado nuestro, ¿no es esa la mejor oportunidad para aplicar lo aprendido?

¿No estamos mejor preparados entonces para mirar al otro como lo que es: una suma compleja de circunstancias que lo llevó hasta ese momento?

Si deseas preservar esa compañía con la cual puedes compartir el gusto por el cine, te sugerimos aprovechar esta oportunidad de mantenerte en contacto con los demás. Sólo haz clic en este enlace para conocer más al respecto.