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Lo que no mata, fortalece: cómo desencadenar el verdadero potencial de nuestro cuerpo

Buena Vida

Por: Kin Navarro - 02/21/2017

La comodidad es puesta a prueba: la clave para la salud podría encontrarse en retroceder un poco en el tiempo y practicar esta nueva teoría

Bañarse con agua fría, enfrentarse a una nevada sin abrigo, caminar descalzo sobre suelo irregular, éstas y muchas otras prácticas están siendo retomadas pese a los grandes avances culturales y tecnológicos que nos han permitido evitarlas.

¿Qué hace que la gente se interese en retomar viejos obstáculos? ¿Por qué regresar a las condiciones desventajosas contra las que nuestros ancestros lucharon?

Desde hace miles de años la humanidad se ha enfrentado a duras condiciones de subsistencia. En condiciones naturales todo lo que nos rodea representa un reto para la supervivencia misma, se trata de la constante entre hacer o morir: obtener leña, procurar alimentos, construir o buscar refugios, protegerse contra el frío, son apenas algunas de las principales tareas en las que día a día empleábamos toda nuestra energía para no quedar en el camino.

Nuestro cuerpo se veía constantemente comprometido: raspones, golpes, torceduras, fracturas, hipotermia, quemaduras, mordidas, picaduras, en fin, una larga lista de pequeños accidentes que podían complicarse y acabar fácilmente con nuestra vida. Nuestro cuerpo reacciona a todo lo que le rodea, lo que no nos mató nos hizo más fuertes.

 

 

200 mil años después aquí estamos, sentados todo el día frente a monitores que despiden luz para mostrar complejas redes de significados de las que extraemos información necesaria para generar más información necesaria para extender nuestra red de comodidad.

A donde quiera que vamos transformamos el entorno con facilidad pasmante para adecuarlo a este estilo de vida en que cualquier esfuerzo que se considere innecesario se evita a toda costa. Casas con temperaturas constantes, protegidas de la lluvia, el Sol y el viento, comida y agua a unos cuantos pasos, iluminación artificial, todas nuestras necesidades satisfechas, una homeostasis completa, un equilibrio y constancia en nuestras condiciones de vida, confortable y satisfactoria.

Vivimos estresados por amenazas simbólicas que nada tienen que ver directamente con el mundo físico: dinero, puntualidad, prestigio, aceptación social y otras abstracciones que pertenecen a la esfera de lo social ocupan nuestro tiempo. Lejos, muy lejos, están los días en que enfrentar los retos de la naturaleza implicaba sacrificio y sufrimiento constantes.

Y qué bueno que sea así, miles murieron soñando con este día (aunque muchos aún lo esperan soñando). De cualquier manera, la tecnología que nos sirvió para eliminar los factores y enfermedades que antes nos mataban ha provocado nuevas enfermedades, síntomas de un exceso de comodidad. Por un lado, las enfermedades autoinmunes van al alza, aquellas en las que las propias defensas del cuerpo, como hastiadas de no ser puestas a prueba, comienzan a atacar al cuerpo mismo; por el otro, enfermedades como la diabetes, la obesidad, el dolor crónico, la hipertensión y hasta la gota revelan cuerpos en reposo excesivo y, a la larga, letal.

Se dice que para mantenerse saludable basta con ejercitarse regularmente y tener una alimentación adecuada pero miles de personas lo complementan con estas nuevas prácticas, el tercer pilar de una vida sana, según algunos: la estimulación ambiental.

 

 

De acuerdo con Scott Carney, autor de What Doesn’t Kill Us:

Hay un creciente consenso entre muchos científicos y atletas sobre que los humanos no estamos constituidos para una homeostasis eterna y sin esfuerzos. La evolución nos hizo buscar confort pero éste nunca fue la norma. La biología humana requiere de estrés –no la clase de estrés que daña al músculo, provoca que nos coma un oso o degrada nuestro físico, sino el tipo de oscilaciones ambientales y físicas que vigorizan nuestros sistema nervioso.

Además de Carney, su maestro, Wim Hof cree que enfrentarse a condiciones extremas de forma controlada puede desencadenar la fuerza y resistencia animal que tenemos. Hof rompió el récord mundial de nado bajo hielo luego de recorrer 50m sin salir a tomar aire, puede aguantar la respiración por 5 minutos y sentarse en hielo durante 72 minutos. Abrió un pequeño campamento en Polonia en el que enseña a varios cómo soportar estas condiciones climatológicas. También ha escalado montes con tan sólo un par de shorts puestos. Varias de esas habilidades son, en comparación con una mayoría pasmante, superpoderes. Según Carney:

El libro se trata sobre reexaminar nuestra relación con el ambiente y vernos como parte de algo mayor que los espacios confortables en los que hemos escogido vivir. Explorar cómo cambiar el ambiente alrededor del cuerpo cambia al cuerpo también. Aún más importante, muestra cómo es posible manipular nuestro ambiente exterior para disparar reacciones autónomas de formas predecibles. Una vez que te das cuenta de que puedes manipular partes profundas de tu fisiología activando respuestas preprogramadas identificables, puedes comenzar a ceder algunos aspectos de esa automatización a tu conciencia.

Nuestros cuerpos y cerebros evolucionaron mientras se enfrentaban a estas condiciones, ¿regresar a ellas en esta época podría reportar beneficios aún más grandes? Sólo la práctica lo dirá.

Este podría ser el truco fundamental para vencer la procrastinación en el trabajo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/21/2017

¿Tienes mucho trabajo pero nada de ganas de hacerlo? ¿Prefieres postergar todo y mejor ver una y otra vez los memes que circulan en Facebook? Este truco es para ti

En ocasiones anteriores hemos escrito en Pijama Surf sobre la condición inevitable del trabajo. De una u otra forma todos tenemos que trabajar, y no porque esa sea la “ley de la vida” o, como se mira en la tradición judeocristiana, porque sea una obligación fatídica (“el trabajo lo hizo Dios como castigo”, decía una vieja canción de mediados del siglo XX), sino por el hecho que nuestra evolución como especie nos llevó a transformar el medio en el cual nos desarrollamos –y hasta donde se sabe, somos la única en haber hecho de ese recurso la clave de nuestra supervivencia. Y esa transformación es, en buena medida, la esencia del trabajo, la razón última por la cual trabajar es inevitable.

Con todo, no menos cierto es que en ocasiones, o con cierta frecuencia, no tenemos ánimo para trabajar. La monotonía de nuestras labores, el aburrimiento que a veces nos asalta, la acedia o la fatiga, el deseo de hacer otra cosa, o razones mucho más mundanas: el desvelo de la noche anterior, la borrachera que nos sorprendió un día entre semana, el descubrimiento súbito de que afuera el día está hermoso pero nosotros estamos encerrados en una oficina… Que no se culpe a nadie de, a veces, no tener ganas de trabajar.

¿Cómo conciliar ambas realidades? ¿Cómo encontrar un acuerdo entre la necesidad de trabajar y la renuencia a hacerlo?

Una posible solución a ese conflicto podría encontrarse en un experimento realizado recientemente por psicólogos de la Universidad Case Western Reserve situada en Cleveland, Estados Unidos, en el cual analizaron el conocido fenómeno de la procrastinación (postergar la realización de nuestras labores lo más posible, mientras nos distraemos con nimiedades) a la luz de una variación: la fecha de entrega de una tarea obligatoria.

Los psicólogos tomaron a varios estudiantes universitarios y les asignaron una misma labor: escribir un ensayo académico sobre un tema específico. Pero a diferencia de lo que usualmente sucede, para entregar su texto no se les asignó un día de entrega, sino un plazo que comprendió varios días. Asimismo, antes y después de la escritura del ensayo, los investigadores tomaron registro de indicadores de salud que, de acuerdo con estudios previos, están asociados a la procrastinación y el estrés que ésta genera: presión arterial, niveles de glucosa, niveles de hormonas como el cortisol, entre otros.

El resultado quizá podría parecer obvio a muchos, porque seguramente es bien conocido: las personas que esperaron hasta la víspera de la fecha de entrega para escribir su ensayo presentaron muchos más síntomas asociados con el estrés que quienes lo terminaron dentro de cualquier otro día del plazo a excepción del último. En cuanto a las calificaciones, también fueron lo esperado: las puntuaciones más bajas para aquellos que entregaron hasta el último día y las mejores para quienes entregaron primero.

¿Qué nos puede decir este experimento sobre nuestra propia procrastinación y sobre el intento de encontrar ánimo para trabajar?

Por encima de todo, que ningún beneficio tiene sentido si implica complicarte la vida innecesariamente. ¿O crees que sí? ¿Crees que de verdad necesitas no dormir toda la noche por cumplir con una tarea que pudiste haber realizado con más tiempo? ¿Crees que necesitas toda esa angustia que conlleva hacer las cosas de último minuto, con la sensación creciente de que no vas a lograrlo? ¿Y todo esto sólo porque tu procrastinación pudo más que tú? ¿Por qué complicarte así la vida?

En el experimento, los estudiantes que esperaron hasta el último día del plazo de entrega no sólo se estresaron y por ello vieron minada su salud, sino que además ni siquiera tuvieron una buena calificación en su ensayo, por razones más o menos obvias: ¿quién con el tiempo encima puede hacer un buen trabajo?

Optar por una vida más sencilla, libre de angustia innecesaria e inútil, puede ser el “truco” fundamental para vencer el desánimo por el trabajo.

Y en términos más concretos, puedes recurrir a otras estrategias: haz planes con tus amigos, adopta una rutina de ejercicio, sal con tu pareja, emprende un proyecto propio, sé voluntario en alguna institución de asistencia, ve al cine o a un museo, aprende un nuevo idioma, construye un mueble para tu casa, decide que esa tarde saldrás a tu hora para caminar un poco bajo los últimos rayos de sol…

En pocas palabras, date cuenta de que tu trabajo es eso: un trabajo. Importante para tu vida, sin duda, pero no tu vida en sí.

Si tu vida es más que tu trabajo, ¿no crees que es justo dedicarle a éste únicamente el tiempo que requiere?

 

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¿Por qué aceptamos tan fácilmente trabajos que nos enferman, nos endeudan y nos esclavizan?