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Por qué ir al cine es siempre una buena opción para una cita

Arte

Por: pijamasurf - 02/10/2017

¿Hasta dónde nos lleva nuestro deseo de compartir lo que nos gusta y nos asombra?

Para muchos de nosotros es muy común ir al cine acompañados y quizá incluso cabría decir que en pareja. El cine es aún una de esas actividades de entretenimiento que, aunque muchos han vivido desde su invención, no sólo subsiste sino que incluso se realiza más o menos de la misma manera que hace 40 o 100 años. El cine es tan colectivo como antes lo fueron el teatro callejero o incluso la lectura de ciertos libros. Es, aún, algo que se hace con otros, en compañía y a veces en complicidad.

En una entrevista que después se convirtió en videoensayo, el director Richard Linklater sostiene que el gran elemento del cine es el tiempo –su percepción, su control, su manipulación– y es posible que esa sea una primera razón que, intuitivamente, nos hacer proponerle a alguien una ida al cine. Vamos porque sabemos que seremos testigos de algo, que ya no seremos los mismos después las 2 horas que pasemos en la sala, que algo habrá cambiado entre el yo que entró y el yo que terminó de ver la película. Y tal vez queremos constatar con alguien la realidad de ese cambio. Queremos corroborar con alguien que en efecto el tiempo pasó y que quizá no nos dimos cuenta de ello pero hay cambios muy específicos que así lo demuestran, ¿y qué mejor que sea otro quien nos ayude a reconocerlos?

En este sentido, el cine es posiblemente el mejor y más asequible medio de empatía. Si podemos llegar a sentir que nuestro propio tiempo se detiene, entra en una especie de paréntesis en donde suspende su marcha, es sólo porque estamos profundamente interesados en el tiempo de otro, seguimos el tiempo de otros, lo cual es otra forma de decir que seguimos una vida que no es la nuestra. El cine nos enseña a mirarnos en el espejo del otro y sentir como si fueran nuestros su tiempo y su vida. Una vez terminada la película, cuando volvemos a lo que somos y descubrimos que hay alguien más al lado nuestro, ¿no es esa la mejor oportunidad para aplicar lo aprendido?

¿No estamos mejor preparados entonces para mirar al otro como lo que es: una suma compleja de circunstancias que lo llevó hasta ese momento?

Si deseas preservar esa compañía con la cual puedes compartir el gusto por el cine, te sugerimos aprovechar esta oportunidad de mantenerte en contacto con los demás. Sólo haz clic en este enlace para conocer más al respecto.

Escucha esta playlist con música de todos los países prohibidos por Trump (cortesía de Four Tet)

Arte

Por: Javier Barros del Villar - 02/10/2017

La exquisitez de esta playlist contrasta abruptamente con la ignorancia del presidente de Estados Unidos

Al pensar en Donald Trump, y en los principales ingredientes que componen su discurso, obviamente saltan a la vista algunos como la agresividad, la nula templanza, la explotación de lugares comunes y la descalificación. Pero quizá por encima de todos los anteriores, algo que caracteriza a este hábil y pendenciero empresario convertido en presidente es su abismal ignorancia.

Es notable el esfuerzo que emplea Trump en desconocer los aportes de diversos grupos, por ejemplo árabes o mexicanos, a la cultura, economía y, en general, a la identidad estadounidense. Y en su discurso no sólo los ignora (en sentido genuino) sino que busca culparlos, y criminalizarlos, de las diversas deficiencias del sistema por el cual su país se ha regido en las últimas décadas –lo cual es un artificio bastante recurrido a lo largo de la historia en situaciones similares.

Precisamente por esto, por su ignorancia, es que la medida adoptada por Kieran Hebden (mejor conocido por su proyecto Four Tet) resulta tan atinada. Desde hace unos meses el británico inauguró una playlist pública, que ahora está nutriendo con música proveniente de todos aquellos países cuyos ciudadanos no pueden entrar a Estados Unidos por órdenes de Trump. Entre líneas esta iniciativa resalta la riqueza cultural y el sensible bagaje que yace atrás de cada una de estas culturas –pequeños paraísos a los que el mandatario no puede acceder pues su ignorancia no se lo permite.  

La tradición musical de los países árabes, quizá encabezada por iraníes e iraquíes, se cuenta sin duda entre las manifestaciones más refinadas del imaginario sonoro. El apartado de la playlist, que ya suma 10 tracks, comenzó a confeccionarse, de acuerdo con el sitio Thump, cuando Hebden se dio cuenta de que, por ejemplo, ya no podría grabar un álbum con su amigo el músico sirio Omar Souleyman (como lo hizo hace unos años en Brooklyn). La simple apertura de la selección, con un track de Taqsim Maqam Ajam –uno de los más destacados exponentes contemporáneos de la escuela musical de Irak– basta para dimensionar las delicias de las que Estados Unidos se automargina con sus nuevos vetos.  

Así que no queda mucho más que procurar una inmersión en latitudes musicales de Irán, Sudán, Siria y Somalia, entre otras naciones prohibidas y comprobar cómo la playlist contrasta hermosamente con el oscurantismo que Trump promueve. En resumen se trata de una bala precisa, de seda, dirigida al corazón del rancio odio que hoy se enarbola desde la Casa Blanca.  

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis