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¿Sabías que tienes un sistema inmune psicológico y que puedes aprender a fortalecerlo?

Salud

Por: pijamasurf - 02/16/2017

El sistema inmune psicológico es lo que impide que las adversidades, el estrés y las contingencias nos afecten de tal manera que hagan miserable nuestra vida

El sistema inmune es lo que nos permite ir por el mundo sin claudicar ante todo tipo de agentes infecciosos que abundan en el medio ambiente. Es imposible controlar del todo nuestra exposición a virus, bacterias y demás patógenos, pero si tenemos un sistema inmune sano, el cual podemos cultivar comiendo bien, haciendo ejercicio y evitando el estrés, podemos aumentar en gran medida las probabilidades de no enfermarnos y poder hacer nuestra vida sin demasiadas preocupaciones.

En la actualidad sabemos que algunas personas son capaces de sobrellevar numerosas adversidades sin que éstas los suman en la ansiedad, la depresión o la desesperanza; asimismo, muchas personas mantienen con gran estabilidad un estado de ánimo positivo. De aquí que diferentes psicólogos hayan identificado el concepto de un sistema inmune psicológico. Dan Gilbert, psicólogo de Harvard, asegura que los individuos tienen un sistema inmune psicológico que les permite enfrentar adversidades sin desmoronarse:

Mi mujer jamás se enferma y yo pillo todos los resfriados. Lo mismo ocurre con el sistema inmune psicológico. Hay personas que son resilientes ante la peor tragedia. Otras personas se entristecen a la mínima. Pero lo interesante es que la inmensa mayoría de los seres humanos son del primer tipo. El 75% de las personas vuelven a ser felices en los 2 años posteriores al peor trauma que te puedas imaginar.

La resiliencia tiene un componente natural o innato; ciertas personas parecen nacer con una capacidad mayor de tolerar molestias, adversidades y demás estrés mental. Sin embargo, claramente esta capacidad también puede cultivarse, incluso a niveles muy superiores a los de la norma. Una de las cosas que permiten cultivar la resiliencia y este llamado sistema inmune psicológico es encontrar significado en la vida. Cuando alguien se enfrenta a una contrariedad, si no tiene una profunda motivación --como puede ser un trabajo que ama o una familia de la cual cuida-- puede rápidamente desarmarse y caer preso de una "infección psicogénica". Quien ha hallado significado y cuyas actividades giran en torno a aquello que le da sentido a su vida, se levanta rápidamente de la mayoría de las contrariedades o contingencias ya que, ante la visión global del sentido, éstas generalmente son sólo pequeñeces o, en caso de que sean situaciones muy graves, logran ser transformadas en formas de crecimiento. Uno de los aforismos del lojong del budismo tibetano sugiere que las adversidades deben tomarse como parte del sendero espiritual. 

Podemos hablar entonces de dos aspectos fundamentales del sistema inmune psicológico: el componente de resiliencia y el componente de eudaimonía, esto es, la felicidad sostenible que no proviene del placer sino del significado o de la vida del alma. 

Gilbert sostiene que numerosos estudiosos sugieren que las personas tienen un temor infundado a eventos negativos, pues cuando éstos suceden suelen procesarlos mejor de lo que pensaban; esto ocurre porque ignoran que tienen un sistema inmune psicológico y subestiman su propia resiliencia. En realidad los eventos extraordinarios, tanto positivos como negativos, no cambian nuestras vidas tanto como pensamos. En este sentido es más importante el cultivo cotidiano de nuestra mente.

El maestro de meditación budista Alan Wallace sostiene que la meditación es una forma de cultivar el sistema inmune psicológico probada desde hace milenios. Principalmente, la meditación permite cultivar la relajación, la concentración y el desapego a eventos mentales con los que nos identificamos. Si utilizamos la metáfora de que ciertas emociones, conceptos o pensamientos son como bacterias o virus, la meditación hace que estos patógenos no logren encontrar un huésped al cual adherirse --la mente se vuelve como una casa vacía-- o que no vivamos los procesos inflamatorios propios de una excesiva reacción inmune como, por ejemplo cuando alguien nos dice algo que lastima nuestro ego. El doctor David Kessler ha teorizado que la mayoría de las enfermedades mentales tiene como causa lo que llama una "captura", algo que capta de manera obsesiva nuestra atención. Por ende, si somos capaces de dominar nuestra atención tendremos un sistema inmune más competente. 

Alan Wallace cita al gran maestro indio Shantideva, quien señalaba que "una persona distraída vive continuamente en las fauces de las aflicciones mentales". Una mente que no es capaz de controlar su atención es susceptible a desequilibrios "como la lasitud o la excitación, es como si el sistema inmune psicológico estuviera discapacitado, por lo que todo tipo de problemas mentales fácilmente nos abruman. El cultivo de la atención dirigida tiene un directo e importante efecto en la moralidad y la libertad de la voluntad", dice Wallace. Y también:

La práctica meditativa integral es como una dieta sana que es indispensable para mantener tu vitalidad y tu resistencia a la enfermedad. De la misma manera, una práctica meditativa balanceada durante una vida socialmente activa aumenta tu sistema inmune psicológico, de tal forma que eres menos vulnerable a desequilibrios mentales de todo tipo.

Sexta entrega de la columna “Consexos y sexcretos”

Moléculas mágicas

Al igual que las hormonas, los neurotransmisores, los neuromoduladores y los neuropéptidos mueven corrientes y montañas orgánicas, no sólo nerviosas: despiertan la llamada “química” o “magia” entre las personas. Son las moléculas responsables del “llamado de la selva”, del “no sé qué onda, ya siento que te quiero, tienes un no sé qué, vente conmigo”, o bien de su contraparte: “hazte para allá, pero ya, no congeniamos”.

En otras palabras, la química neurológica es responsable en gran medida de la transformación continua de las emociones en pensamientos e intenciones, y de éstos en sentimientos y acciones, las cuales afectan el funcionamiento de la totalidad de los sistemas corporales, incluyendo, claro está, el encargado del sexo.

Vale la pena recordar que la mente habita en el cuerpo, no al revés. Así como hay comunicación psicosomática, hay intercambio de información somatopsíquica. Entre mente y cuerpo existe una avenida de doble sentido. Por eso, a nivel genital, a veces el cuerpo se emociona cuando no debe, o el instrumento se queda en silencio a la hora del concierto.

 

Neurotransmisores   

Los neurotransmisores son los mensajeros ejecutivos del sistema nervioso. Se encuentran en las terminaciones neuronales y al recibir la chispa adecuada se liberan para activar a los receptores que les son afines, los cuales están repartidos por todo el organismo, creando una reacción en cadena que llega desde la corteza cerebral hasta la mugre de las uñas.

Si bien es cierto que cada neurotransmisor posee receptores específicos en territorios marcados y actividad propia, las sustancias químicas circulan por todo el cuerpo y participan en una danza molecular fisiológica colectiva, regulándose unas a otras, en comunicación permanente y armónica para garantizar a la criatura la mejor adaptación posible a su realidad individual y a las condicionantes naturales y culturales que le rodean.

El erotismo sabroso y saludable es un caldito espeso y equilibrado que contiene todos los neuromoduladores, en orden y cantidad equilibrada. No es una sopa oriental instantánea.

Se revisan a continuación los ingredientes esenciales del consomé sexual, receta formulada para la felicidad de usuarias y usuarios, y que garantiza la continuidad de la especie terrícola.

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En el sistema nervioso hay dos estrellitas poco reconocidas por el público, que se concentran en el tallo cerebral y son las que prevalecen y regulan la actividad de las demás sustancias, de acuerdo con los requerimientos de cada situación, de cada relación:

Glutamato: principal neurotransmisor estimulador. Regula las sustancias estimulantes. Esto es, detecta cuando faltan o sobran y controla sus concentraciones respectivas.

GABA (ácido gamma-aminobutírico): principal neurotransmisor inhibidor. Hace que las moléculas pertinentes activen circuitos inhibidores, o bien que se supriman señales estimulantes innecesarias.

Al igual que en cualquier relación sana de pareja, Glutamato y GABA colaboran y dialogan sin discutir, por el bien del cerebro y demás aparatos y sistemas. Son, ante todo, facilitadores y sensibilizadores de los circuitos neuronales a sustancias que los aceleran, o bien, les aplican el freno.

 

Neuromoduladores

Los neuromoduladores son los directores de orquesta en la sinfonía del comportamiento humano. Al igual que pasa con las y los artistas de moda, muchas y muchos conocen por nombre a la adrenalina, a la dopamina, a la serotonina y demás, pero nunca las han visto “en persona” e ignoran los detalles de su vida íntima, por lo que lo que saben de ellas es más chisme que otra cosa. Aquí se describen algunos de sus rasgos fundamentales.

 

Dopamina

La dopamina es la sustancia que se libera al encuentro con las novedades y está al acecho de las emociones fuertes. Enemiga de las rutinas, está involucrada en los mecanismos de atención y recompensa, así como también despierta el interés en personas y situaciones, y promueve movimientos y estrategias de acercamiento y ligue al transformarse la calentura en impulso para moverse y lograr el objetivo inmediato. La mayor parte de las drogas estimulantes, del tipo de la cocaína, las anfetaminas y sus respectivas familias, promueven la liberación de dopamina en el cerebro.

La concentración elevada de dopamina coloca a la persona en alta frecuencia magnética y provoca excitación sensorial y sexual sin participación afectiva, puro cuerpo. Cero autocrítica. Si te vi ya no me acuerdo, estuvo super, ¿verdad? 

Por consiguiente, la dopamina es una sustancia de disfrute egoísta. Se activa en el cerebro cuando hay algún triunfo o éxito individual, o cuando se accede a una fuente de bienestar a solas o en compañía.

 

Serotonina

La serotonina (o 5-hidroxitriptamina) es el mediador principal de la actividad del sistema parasimpático, esa parte del sistema nervioso autónomo relacionada con la calma, la tranquilidad y la satisfacción personal en la percepción del instante.

La serotonina regula el humor, el sueño y la digestión. Por consiguiente, estos tres procesos están relacionados: te pones de malas si no duermes y si comes de más te dan pesadillas. Se asocia la concentración adecuada de serotonina con el orgullo propio y el liderazgo consciente.

La serotonina guarda una relación de regulación inversa con la adrenalina, la norepinefrina y la dopamina. Al incrementarse dichas sustancias excitantes la serotonina va a la baja y permanece en la sombra y viceversa. Así se producen las fluctuaciones del estado de ánimo, la montaña rusa de los fenómenos mentales.

Las zonas de influencia de dopamina y serotonina se yuxtaponen en el cerebro y ambas activan el circuito de recompensa, si bien los receptores a una y otra se concentran en localizaciones distintas y, por ende, el placer percibido por influencia de cada una de estas sustancias es de diferente cualidad.

La serotonina se libera y mantiene nivel óptimo de acuerdo con la calidad de las relaciones sociales, sexuales, personales, espirituales. Se eleva su producción al parejo de la empatía. Aporta el placer de la tranquilidad, la sensación de amor correspondido, la consideración por la circunstancia ajena, el agrado por la compañía, la satisfacción de vivir a fondo las preguntas sin exigencia de respuesta.  

 

Noradrenalina o norepinefrina

La noradrenalina o norepinefrina es producida por las glándulas suprarrenales --igual que la dopamina, su pariente; es liberada en momentos de peligro real, imaginario o estrés, y coloca a la persona al borde de su asiento, en estado de alerta, de anticipación y nerviosismo a tope, originando la muy mentada respuesta ataque-huida o congelamiento.

La circulación de norepinefrina en cantidad elevada da lugar a conductas agresivas y si bien es excitante y produce un estado de alerta que eriza el vello púbico, a nivel de la esfera sexual, la anticipación, el “adrenalinazo”, baja el rendimiento en la cama, así como el deseo físico. El sexo sin filtro se reduce al papel de vehículo para descargar la ansiedad.

 

Acetilcolina

Esta sustancia está relacionada con el despertar matutino (no en el sentido budista) y el aprendizaje, resulta esencial para la formación de recuerdos e interviene en una amplia gama de procesos fisiológicos como la modulación de la tensión arterial, la regulación de la motilidad gastrointestinal, la calidad y cantidad de la micción, el tono muscular, entre otros. Al momento de la cópula, la acetilcolina reseca la boca y memoriza la piel de la otra persona, cuando vale la pena el momento.

Varios estudios demuestran que en pacientes con enfermedad de Alzheimer la acetilcolina está a la baja, por lo que se asocia la escasez de esta sustancia con la aparición de esta variedad de demencia en adultos mayores. En este trastorno también la dopamina está a la baja, pues su relación con la acetilcolina es muy estrecha.

¿Cómo se puede prevenir el Alzheimer? Aprendiendo cosas nuevas, entre ellas, que el estrés hace que el cuerpo malgaste su acetilcolina y su dopamina en preocupaciones. ¿Cómo elevar estas sustancias sin salar la sopa? Aprendiendo a follar… como dijo o debió decir Cervantes. Aunque aún no se ha demostrado, el sexo exitoso y gratificante seguramente previene el desconecte en jóvenes y ancianos, mujeres y hombres.

En resumen: cada percepción, por mínima que parezca, tiene una consecuencia eléctrica, química (¿cuántica?) y biológica, que se refleja en un pensamiento, una emoción, una conducta, un estado anímico y una conciencia de ser en el espacio y el tiempo.

La identidad es por naturaleza un fenómeno molecular en transformación continua, aunque el ego pretenda negar este movimiento universal y se aferre a sus prejuicios. La personalidad es tan sólo la máscara con la que cada quien se presenta ante el mundo: una pálida sombra de las enormes posibilidades de creación que encierra cada animal humano desde la piel hasta el alma.

La participación química en la confección de la máscara llamada personalidad es muy importante y en su mayor parte, inconsciente.  Sin embargo, con una poca de gracia y otra cosita allá arriba y arriba, acá abajo y abajo es posible moldear la versión de una y uno mismo más entrañable, amable y cariñosa que cada quien desee, a partir del átomo, la molécula, la célula más diminuta, hasta el rímel de las pestañas.

En efecto, lejos de ser meras víctimas de procesos internos irrevocables, todas las personas poseen una herramienta --la conciencia-- que les permite usar su cuerpo como un juego de química al servicio de su mejor versión de ellos mismos, desde la calle hasta la cama. ¿Cómo?... no te pierdas la siguiente entrega.