*

X
En nuestro mundo, no tener un teléfono celular parece una aberración, pero quizás esto merezca repensarse

Hoy en día todos tienen un teléfono celular; negarse a tener uno es un acto menor de subversión que puede leerse como condena a la marcha del mundo dominado por la tecnología y lo que Tim Wu ha llamado el mercantilismo de la atención. De alguna manera no tenerlo es una forma de aislamiento (al menos eso es lo que nos han hecho creer las grandes compañías) pero a la vez es claramente una afirmación de que el propio tiempo, la concentración y el mundo no mediado son más importantes.

El profesor de filosofía Philip Reed, quien nunca ha tenido un teléfono celular, propone tres buenas razones para no tenerlo.

 

1. Costo

Esta es autoevidente. No tener un teléfono celular significa no tener que pagar un plan mensual, roaming, impuestos, y aniquila la posibilidad de que nos seduzcan con la posibilidad de actualizar nuestro aparato por el nuevo que está de moda. Como dice Reed, llama la atención que muchas personas en Estados Unidos pagan unos 75 dólares al mes de manera automatizada sin jamás cuestionarse que hace menos de 15 años esto hubiera parecido inconcebible e innecesario, pero ahora asumimos que es necesario.

 

2. El medio ambiente

La manufactura de los teléfonos móviles (especialmente los metales raros con los que se fabrican), el poder y la energía que consumen para cargarse y transmitir llamadas produce importantes niveles de emisiones de dióxido de carbono. Por otro lado, la obsolescencia programada de algunos de estos aparatos hace que se crea que sólo sirven por un par de años y un importante número de aparatos perfectamente funcionales acaban antes de tiempo en los basureros, esparciendo sustancias tóxicas a la tierra y al agua.  

 

3. Los teléfono celulares nos mantienen en constante comunicación con personas que no están

Esta es la razón que según Reed realmente lo mantiene convencido. Y aunque puede ser la más egoísta, integrada al panorama global es bastante racional. Reed explica que su razón para rehusarse a tener un celular es justamente la opuesta a la que motiva a las demás persona a tenerlo:

Simplemente no quiero la habilidad omnipresente de comunicarme con cualquiera que está ausente. Los celulares ponen a sus usuarios en constante llamado, constantemente disponibles, y aunque esto puede ser conveniente y liberador, también puede ser una carga abrumadora. La carga viene en la forma de una sensación de obligación a los individuos y a los eventos que están físicamente en otra parte. Cualquiera que ha checado su teléfono durante una conversación cara a cara entiende la tentación. Y cualquiera que ha hablado con alguien que ha checado su teléfono entiende lo que está mal con esto.

En cierta forma la tecnología celular que nos conecta con todo el mundo todo el tiempo es también la tecnología de la desconexión con aquello que está aquí, ahora. Mientras que la comunicación se vuelve omnipresente, nuestra presencia se dispersa y difumina. Estamos en todas partes, pero en todas estamos fragmentados. "Comunicarse con alguien que no está físicamente presente es alienante, obliga a la mente a separarse del cuerpo". Aquí Reed toca una fibra muy profunda que merece explorarse: ¿cuánto estamos perdiendo en comunicación no verbal, comunicación intuitiva, emocional, no cerebral, ligada a otros sentidos, empatía, capacidad de sentir el momento en toda su plenitud y sutileza?

Acceder a la deep web es más fácil de lo que pensabas

Es enorme la cantidad de información que circula por Internet, cada uno de nosotros necesitaría más de una vida para recorrer todos los pasillos de esta laberíntica base de datos. A pesar de esto, apenas conocemos una pequeña pieza de este complejo rompecabezas. Existe una gran zona inexplorada, la llamada deep web, que contiene miles de páginas e información de todo tipo.

La mayoría utiliza navegadores que permiten el acceso a páginas comerciales y bien conocidas. Un buscador como Google, que para muchos es la mayor cantidad de información reunida, tiene indexadas alrededor de 8 billones de páginas. Parecen muchas pero, en contraste, se estima que la deep web es hasta 500 veces mayor que la web convencional.

Mucho se habla de la información ilegal y las actividades delictivas (asesinatos a sueldo, venta de drogas, tráfico y prostitución) que suceden en este lado de la red y, aunque esto pueda ser verdad, existe toda clase de páginas con información útil pero de acceso restringido como bibliotecas de distintas universidades, sitios privados que requieren contraseña, redes internas de empresas y un largo etcétera.

La web convencional sólo muestra información previamente indexada, esto significa que no busca en la totalidad de la red sino que elige las opciones que están más a la mano.

Es relativamente sencillo comenzar tu aventura a través de esta selva descargando TOR, el navegador que protege la identidad de sus usuarios, creado bajo la certeza de que todos tenemos derecho al anonimato, a no ser vigilados y a que nuestra información no sea utilizada con fines comerciales o ideológicos.

Llamado así por sus siglas en inglés, The Onion Router contiene dominios .onion que garantizan la privacidad tanto de los sitios como de sus visitantes. Funciona haciendo viajar la información de manera nodal, su ruta es aleatoria e irrastreable. En consecuencia, la experiencia de navegación puede resultar mucho más lenta en comparación con los navegadores convencionales.

Una vez que se accede a la deep web, lo que sigue es saber a dónde ir. A menos que conozcas la dirección de un sitio al que te interese ir, una buena opción para conocer los temas y sitios contenidos en esta vasta red es The Hidden Wiki, que contiene algunos links de sitios con distintos temas.

 

 

Otro truco es acceder directamente a información en lugar de obtenerla de medios electrónicos. Esto se logra colocando junto al término buscado la palabra database o base de datos, así podrás buscar de entre varias opciones que arrojará el buscador.

Explorar la deep web es apasionante, pero recuerda tener cuidado con lo que te encuentres.