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50 años de 'The Velvet Underground and Nico', la vanguardia convertida en pop en una conspiración del azar

Arte

Por: Emilio Revolver - 03/09/2017

Con motivo de los 50 años de uno de los discos más influyentes de todos los tiempos, 'The Velvet Underground and Nico', reconstruimos las piezas de su sorprendente historia

JOHN

“Dibuja una línea recta y síguela” es el lema bajo el cual La Monte Young ha vivido su vida. También es una frase a la que llegó por primera vez en su Compositions 1960, un trabajo de vanguardia en el que cada pieza estaba guiada por una instrucción a modo de “partitura”; alguna decía:

libera una mariposa en el lugar

otra:

anuncia el momento en el que empieza y en el que termina la pieza. Posteriormente, comunica a la audiencia que es libre de hacer todo lo que desee durante dicho tiempo

una más:

construye un fuego alrededor de la audiencia

En 1965, siguiendo su vida como una línea recta, La Monte reunió a un grupo de músicos para interpretar piezas de una sola nota; dichas obras no empiezan ni terminan y podrían durar horas o incluso días. Uno de los músicos a los que invitó a este ejercicio se llamaba John Cale.

Cale llegó a Nueva York en 1963, procedente de Gales, para continuar con sus estudios de música. Le interesaba lo mismo John Cage que el rock 'n' roll, amores de juventud y niñez, respectivamente. En ese mismo año, el 9 de septiembre, participó junto con Cage, David Tudor, Joshua Rifkin y otros pianistas en la interpretación maratónica, durante 18 horas continuas, de las Vexations de Erik Satie.

A partir de ese suceso, Cale inició una relación epistolar con La Monte Young. Poco después se sumó, con uno de sus instrumentos favoritos, la viola, a The Dream Syndicate, el grupo de música experimental fundado por Young, conocido también como Theatre of Eternal Music. “Ensayábamos, en realidad, 12 horas, 7 días a la semana”, ha dicho Cale en entrevistas. En sentido amplio, The Dream Syndicate fue una exploración psíquica que siguió los caminos de la música, el performance y las drogas.

 

LOU

En una fiesta, Cale se encontró con un tipo que tocaba su guitarra acústica. “Detesto a esos intérpretes de folk”, pensó, y se alejó de inmediato. Más tarde, aún en la fiesta y avanzada ya la noche, el mismo tipo se dirigió a él porque, según dijo, estaba muy interesado en que Cale leyera las letras de unas canciones. Una de éstas decía:

Cuando la heroína está en mi sangre
y esa sangre en mi cabeza
entonces le agradezco a Dios estar tan bien como muerto
le agradezco a tu Dios no estar consciente
le agradezco a Dios que simplemente no me importe.

No, no era folk a la Joan Baez.

Lou fue el hijo de una reina de belleza y un contador de éxito: clase media alta estadounidense crecida con la hipocresía nacionalista de la guerra. Estos padres no dudaron un instante en someter a su hijo adolescente a tratamiento de electroshocks cuando notaron “ciertas tendencias homosexuales”. Entonces, como ahora, la cultura estadounidense se sostenía en guardar las apariencias, a cualquier costo.

Debido a los electroshocks, Lou olvidaba rápidamente lo que leía. Con todo, ello no le impidió conservar el hábito pero, sobre todo, construir con sus lecturas una reafirmación contundente de su naturaleza outsider. Burroughs, Ginsberg, Kerouac, Chandler, Sacher-Masoch, son algunos de los nombres que poblaron su biblioteca heterodoxa.

Un buen día, más o menos al tiempo que Bob Dylan dio a conocer “Like a Rolling Stone”, Lou se preguntó: ¿qué pasaría si ese submundo de proxenetas y drogadictos irrumpieran en la música pop-rock? Lou continuó pensando y llegó a la conclusión de que si otras personas además de él ya leían novelas de ese tipo y esos ambientes, sin duda escucharían también música con letras afines.

Cuando Lou compuso “Heroin” y “Waiting for the Man”, el calendario seguía en 1965, The Beatles cosechaban aplausos a raudales con “Yesterday” y The Kinks acababan de descubrir la distorsión.

 

ANDY

“Si algo hace bien Andy es salir en los periódicos”, dijo alguna vez Paul Morrissey, que lo conocía bien, entre otros motivos, por haber colaborado en varios proyectos con él. Andy es workaholic y todo el día está haciendo algo: en cierto momento está pintando, después lo deja para ir a filmar una película de bajo presupuesto con Edie Sedgwick (su protegée estrella del momento); al terminar la filmación revisa la prueba de iluminación de Barbara Rubin para el evento de esa noche, una suerte de fiesta-performance donde desfilarán travestis, actores promesa de Hollywood y toda clase de freaks –porque Andy ama a los freaks y está convencido de que puede ayudarlos.

Una tarde en la que estaban juntos, Morrissey dijo a Andy que había llegado una invitación para el Café Bizarre, un viejo bar cerca del Greenwich Village que para sobrevivir pasó de ser “centro beatknik” a “centro de cantantes folk”. De inicio, Warhol no se mostró muy entusiasmado por acudir, pero pronto cambió de opinón: después de todo, cualquier circunstancia podía convertirla en ocasión de trabajo. “Iremos a ese lugar y nos convertiremos en los mánagers de la banda que ahí veamos”, dijo a Paul. Nunca había manejado una banda y ni siquiera le interesaba el mundo del folk, pero estaba convencido de que “cualquiera puede hacer cualquier cosa, así que hay que intentarlo todo”. En esencia, esa fue para él la definición de pop.

En el bar, la banda que se presentaba tenía un baterista andrógino, que ninguno de los dos pudo identificar como hombre o como mujer. El cantante llevaba una chamarra y lentes oscuros y permaneció siempre inmóvil en el escenario. A su lado, un tipo tocaba una sola nota en su viola. “Esta es la banda que manejaremos”, dijo Andy a Paul, feliz.

La banda empezó a ensayar en The Factory, el estudio de Warhol, y se convirtió en el sello de identificación de un submundo cada vez más atractivo que paulatinamente surgió en el lugar. Todo el trabajo en The Factory se mezcló hasta convertirse en una sola pieza de pop art: las fiestas fueron performances con iluminaciones psicodélicas y proyecciones de películas recién filmadas, en tanto The Velvet desafiaba con su música el gusto y las expectativas de los invitados. A esto le llamaban “Exploding Plastic Inevitable”.

Con todo, a juicio de Andy, Morrissey y el resto, al Velvet Underground le hacía falta algo.

 

NICO

Según sus mánagers, en las presentaciones Lou se resistió siempre a la idea de ser el frontman. Quizá fue en una de las discusiones a propósito de esta renuencia o en otro momento que alguien deslizó el nombre de Nico, una actriz alemana que después de haber pasado algunas semanas en la compañía no estrictamente artística de Bob Dylan, llegó a la ciudad con la intención de convertirse en cantante folk.

Carismática, rubia, imponente, Nico tiene además una peculiar voz grave. Entre sus logros también se encuentra haber figurado en la La dolce vita de Fellini, en el episodio en que acompaña a Marcello Mastroianni a una fiesta aristócrata en el castillo de Bassano di Sutri.

Nico, inesperadamente, tenía todo lo que en The Factory buscaban para la banda. Salvo por la opinión de Reed, quien apenas le dejaba ver las letras y participar con su voz en unos cuantos cortes.

La banda se llenó de tensión. Lou quería ir para un lado, Cale para otro, Nico para uno más. “¿Qué es esta mierda pretenciosa?”, dirá Iggy Pop al verlos por primera vez. Meses después, al comprar su álbum, cambió de parecer.

El combo “Exploding Plastic Inevitable” realizó algunas presentaciones en Los Ángeles, en un lugar llamado The Trip. Fue demasiado tanto para los los primeros hippies como para los experimentados críticos de Warhol: era 1966. No obstante, la experiencia en la ciudad californiana fue más valiosa de lo que esperaban, pues tuvo como consecuencia su entrada a un estudio de grabación. En tan sólo 4 días de abril, Nico, Lou y Cale grabaron el álbum que a partir de entonces sería conocido como The Velvet Underground and Nico. El trabajo estuvo financiado enteramente por Warhol (su inversión más costosa hasta ese momento), quien a cambio puso a Reed una sola condición: “que se queden todas las palabras sucias”. John Cale se encargó de casi todos los arreglos y del concepto general del sonido, a pesar de lo cual pasó a la historia como el productor sin firma detrás del proyecto.

Para la portada, Warhol pensó en un plátano al cual se le pudiera retirar la cáscara. En las primeras copias del álbum, esta imagen estaba acompañada de la leyenda “Peel slowly and see”, es decir, “Pele lentamente y vea”; lo cual, en efecto, era posible: el poseedor de una copia podía retirar la “piel” de la fruta y descubrir un plátano impreso a todo color. La realización de esta idea tomó a MGM Records 1 año entero y la compra de algunas máquinas especiales, costos que asumió porque sus ejecutivos pensaron que el arte de Warhol sería la única razón por la cual la gente llegaría a comprar esa obscenidad de trabajo.

 

LAS 30 MIL COPIAS

El disco fue un fracaso en ventas. Las estaciones de radio no quisieron programarlo, las disqueras Columbia y Atlantic se negaron a distribuirlo y Elektra aseguró que la viola de Cale era detestable. Las revistas, por su parte, se negaron a reseñarlo. Incluso Rolling Stone, la publicación más importante de la época, no le dedicó una sola palabra. Todo parecía anunciar el fracaso.

Para el 12 de marzo de 1967, fecha en la que el LP se lanzó al mercado, la banda que lo grabó 1 año antes ya estaba fría. Nico grababa un disco folk con composiciones de Dylan, Reed y Jackson Browne; Lou se decía harto de las exploraciones de Cale y de “mantener una sola figura de acordes” durante 1/2 hora (como hicieron en “Sister Ray”); y Cale no soporta que Lou se presente como el único líder de la banda. Todos a su vez se alejaron de Andy, a quien consideraron responsable de convertirlos en un freak show. Warhol recibe esto como una traición y rompe definitivamente con ellos. Cuando el álbum se da a conocer, no hay banda que lo presente.

“Sólo se vendieron 30 mil copias”, dijo alguna vez Brian Eno, “pero todo aquél que lo compró, armó una banda”. En la generación posterior a los hippies, que catapultó al glam rock y al punk, todos admiraron y encontraron inspiración para sus propios esfuerzos en ese LP. Para David Bowie, The Velvet Underground and Nico fue a tal grado una revelación del submundo neoyorquino, que a inicios de los años 70 se mudó a Nueva York sólo para conocer The Factory y para trabajar en un álbum solista para Lou Reed. Eno, por su parte, confirmó salvajemente gracias a ese álbum que el rock y el avant-garde tienen mucho qué decirse, que lo popular y lo “culto” colisionan; de hecho, sus trabajos solistas, hechos a partir de “ideas” o, como el propio Eno las llama, “estrategias oblicuas”, tienen mucho en deuda con las Compositions 1960 de La Monte Young. Iggy Pop, el punk original, lanzó este elogio al álbum: “un trabajo que me dio esperanza”.

El álbum puede mirarse como una conspiración del azar y una confluencia de dos ámbitos de la cultura que hasta ese momento se entendían como rivales y excluyentes: el submundo de las grandes ciudades y la vanguardia experimental. Sus 50 años son también 50 años de que la música popular tomó otros caminos para su realización. Pero quizá, por encima de todo, The Velvet Underground and Nico demostró que como decía Warhol, el pop se trata de mandar al carajo las limitaciones propias y democratizar la creatividad, pues el arte puede ser “música genial hecha por adolescentes que dejaron la escuela”.

 

Twitter del autor: @emiliorevolver

Ojos de gato: una reflexión de la cinta ‘Elle’ (Paul Verhoeven, 2016)

Arte

Por: Psicanzuelo - 03/09/2017

Los veteranos Paul Verhoeven e Isabelle Huppert construyen de la mano un pasadizo al inconsciente actual del occidente acomodado, una radiografía del estado mental del área donde sobran los recursos y por lo mismo, sobre oferta de todo, se viven muchas realidades virtuales tecnológicas (decidiendo la suerte de todo el planeta) sin conectar con una legítima realidad colectiva

21 años han transcurrido desde el tremendo desplome del magnifico director de cine Paul Verhoeven bajo el aparato industrial hollywoodense tras su espantosa cinta Showgirls (1995), curiosamente denominada por Trailers From Hell como un nasty classic, de la que parecía que nunca se podría recuperar, ni siquiera con la poco comprendida en su momento Starship Troopers (1997), muy influyente pero poco valorada, y la insípida Hombre invisible (2000), que pudo haber realizado cualquier egresado de USC.

De regreso a Europa trabajó en lo que fue el Libro negro (2006) que más que nada sirvió para descubrir los talentos de la hermosa Carice Van Houten, compatriota del director, una cinta histórica de 21 millones de dólares de presupuesto, nada comparables con lo que el señor estaba acostumbrado a gastar: en su deslumbrante RoboCop (1987), la majestuosa Vengador del futuro (1990) o la insuperable Bajos instintos (1992), por decir algo, esta última con el doble de presupuesto más de 1 década y media antes. No cabe duda de que no era dinero lo que necesitaba Verhoeven para volver a volar alto, sino retomar la confianza perdida con su proyecto maldito y así ha sucedido recientemente y, por fortuna, me encuentro escribiendo estás líneas para tratar de definirlo.

Elle: abuso y seducción (Verhoeven, 2016), como fue nombrada en México, es una cinta difícil de clasificar, compleja, de varias capas interconectadas que la envían a una combinación de categorías que poco tendrían en común aparentemente, pero resulta que con los nuevos planes económicos y políticos revelados recientemente, los nuevos órdenes sociales, ahora parece que sí y resulta muy relevante en la actualidad, y además construida con una maestría excepcional que deja claro el valor de la experiencia en el artista, en el dominio de su arte para no sólo poder comunicar sino ser la manera como se comunica lo más efectivo para llegar a lugares inimaginables y comentar desde ahí socialmente; claro, en combinación con uno de los mejores trabajos actorales que nos ha brindado Isabelle Huppert en su carrera, y eso es decir mucho.

Michele Leblanc (Isabelle Huppert) es violada al inicio de la cinta por un hombre corpulento con una mascara de esquiar que oculta completamente su rostro, la golpea salvajemente y la penetra de tajo; la manera cómo está filmada la escena la hace parecer una violación perpetuada por un animal salvaje o doméstico que ha perdido el control, más que pertenecer a un slasher parecieran ser de una cinta de monstruos los encuadres y el ritmo de la escena. El animal caseramente salvaje es el propio gato de Michele que contempla la escena tranquilamente, sentado sin moverse; el acto infame se refleja en sus ojos verde grisáceo, a fin de cuentas el atacante entra del jardín cuando Michele le abre a su gatito que se ha quedado fuera de casa. ¿A quién le abre? ¿Qué entra a su casa? Entra como torbellino destructor el cambio, lo que ha guardado Michele en su inconsciente por muchos años, después de haber vivido un evento traumático de niña que jamás ha podido superar y que empapa todas las atmosferas de su vida. Y por la parte del animal residiendo en el interior del hombre, y que únicamente se puede expresar por medio de la tecnología que ayuda a evitar la hipocresía milenaria, es uno de los temas de Elle.

Michele decide no ir a la policía ni denunciar; en algún momento se lo cuenta al matrimonio de mejores amigos y a su exesposo, de quien sigue enamorada, durante una cena en un restaurante todavía durante el primer acto de la película. ¿Acaso estamos en el primer acto? Las virtudes de Elle son grandes sobre todo por su simpleza, desde la escritura hay un gran trabajo de reorganizar los acontecimientos de la novela, creando un trance vertiginoso con el uso del sonido de las variadas atmósferas que se inter-cortan por medio de las andanzas de Michele. La película esta basada en un libro de Philippe Djian, el célebre autor de Betty Blue, adaptada emblemáticamente por Jean Jacques Beineix en la escandalosa cinta de los años 80. La adaptación a guión a cargo de David Birke, así es, una presencia hollywoodense en París que de forma todavía más extraña se ha dedicado sobre todo a las películas de asesinos seriales en el cine B (Gacy, Dahmer), también con una película de vampiros en su filmografía, y actualmente trabaja en la esperada Slender Man basada en el extraño caso horrorífico de creepypasta de fama mundial. Es donde entra la genialidad de Verhoeven de tajo, estamos viendo un drama pero en realidad estamos viendo una cinta de horror con los elementos neuróticos, distorsionados, para hablar de nuestros tiempos, de la sexualidad en nuestra época, de las relaciones humanas y la tecnología, de la falta de realismo en la continuidad de nuestras relaciones con el mundo exterior, que cada vez es más un espejo electrónico del interior, donde se empieza a ver nuestro inconsciente de golpe sin tener que descubrirlo de forma oral por medio de años de psicoanálisis clínico.

Michele trabaja como desarrolladora de videojuegos, lleva un rol muy masculino, pero al mismo tiempo tremendamente sensual lleno de feminidad, con elegancia implacable. Michele, tiene como antecedentes ser la hija sobreviviente de un asesino serial de niños, ésa es su figura paterna y se reconcilia con ella a través de su violador que es atraído por la libertad que se respira en todos sus movimientos, pero que lleva una enorme negatividad atrapada en el interior de su psique, olvidada de donde nace todo en toda su conducta, hasta que ella se tiene que imponer a su trauma en tiempo real, con la ayuda de su único ser amado, su hijo.

Hay una semitrama, paralela a la violación, al drama casero también; es lo que sucede en la fabrica de videojuegos: Michele recibe un hackeo, en todas las computadoras de la oficina se ve su rostro sobre la mujer que está siendo violada por un ser alienígena ancestral que es una escena del videojuego. Michele estaba obstinada con la peor violación que tuviera que ocurrir en el último videojuego que están diseñando, desde antes de lo que le sucede a ella, es ese ser de tinieblas con tentáculos en el monitor y representado por el hombre enmascarado lo que sale del interior de ella. Se obsesiona con el hacker al mismo tiempo que con su violador (¿serán el mismo?) sin conocerlo. Entabla amistad con un ingeniero en sistemas bastante joven que trabaja para ella, porque con otro tiene rivalidad, es sospechoso del hackeo, es el único que le echa en cara que al nuevo videojuego le falta playabilidad, forma de juego, es sólo historia. Del chico nerd que comienza a trabajar para ella para encontrar al hackeador recibe clases de tiro con arma de fuego, no estamos seguros a quién quiere matar pero parece que algo se cocina en su interior, y no precisamente contra su violador.

Es para aplaudirle al maestro Paul Verhoeven su esfuerzo por un cine lleno de libertad, de ambigüedad, que contrasta con todo lo que hay en la cartelera, y que valientemente camina la relación entre la feminidad y la violencia, en tiempos donde pudo haber sido atacado por mil frentes. Hay una asunto de la violencia sexual que permea su cine desde que filmaba de joven en Holanda, es la violencia psicológica sobre la física, un vehículo de la sexualidad humana a finales del siglo pasado; a ultimas fechas entra un nuevo elemento que es la era digital, que está provocando que se cierre la pinza, esta es una importante cinta para entender el complejo fenómeno. El cine ahora esta en nuestros celulares, y el inconsciente se proyecta mucho más que en todas las épocas del hombre; con ayuda del anonimato electrónico, el baile de máscaras toma otra forma. 

 

Twitter del autor: @psicanzuelo