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5 reacciones de la vida diaria que distinguen a una persona inteligente de una que no lo es

Salud

Por: pijamasurf - 03/13/2017

La inteligencia se demuestra en diversos ámbitos de la vida, no únicamente en lo intelectual

La inteligencia es, sin duda, uno de los conceptos más polémicos de todos los que pueden aplicarse a un ser humano. Por mucho tiempo se le relacionó casi exclusivamente con el ámbito intelectual y, por consecuencia, ser inteligente significaba ser destacado en el ejercicio de las ciencias, en la resolución de problemas abstractos e incluso en la especulación metafísica de ciertas cuestiones.

Con el tiempo, sin embargo, esa definición ha cambiado, y la inteligencia se ha asociado también con la comprensión de las emociones, con el sentido artístico, con la creatividad y, en última instancia, con vivir bien.

Sea como fuere, lo único que parece claro es que la inteligencia no está compuesta de una sola materia sino de varias, y es en este sentido que compartimos ahora una breve lista de cinco rasgos que apuntan hacia conductas muy específicas, todas en relación con esa variedad de perspectivas desde las cuales puede decirse que una persona es inteligente.

 

1. Las personas inteligentes no culpan a otras por sus errores

Asumir una responsabilidad es una de las primeras muestras de inteligencia y madurez emocional en un individuo, especialmente cuando eso implica reconocer un error cometido y sus consecuencias. Y esto no sólo por razones de convivencia social, sino también por un rasgo de comportamiento muy definido: reconocer un error también hace posible aprender de él para no cometerlo de nuevo.

 

2. Las personas inteligentes reconocen su propia ignorancia

En psicología está conceptualizado un fenómeno conocido como “efecto Dunning–Kruger”, el cual, grosso modo, consiste en que un individuo se cree mejor que los demás por una ilusión cognitiva. Los psicólogos que desarrollaron esta idea, David Dunning y Justin Kruger, de la Universidad de Cornell, notaron que ciertas personas poseen un sesgo psicológico que les impide reconocer su propia incompetencia en cierto ámbito, reconocer la habilidad superior de otros en lo mismo y, finalmente, les otorga una confianza excesiva para desenvolverse en la disciplina que ignoran. Puede parecer un tanto paradójico, pero ser inteligente comienza por reconocer la propia ignorancia.

 

3. Las personas inteligentes no reaccionan con enojo o agresión

Las conductas agresivas y su relación con la inteligencia ha sido un tema ampliamente estudiado por las ciencias cognitivas. Por ejemplo, un estudio de investigadores de la Universidad de Michigan encontró un vínculo entre un bajo coeficiente intelectual y la inclinación a reaccionar con ira ante ciertas situaciones, lo cual a su vez parece dar pie a un círculo vicioso, pues en ese mismo estudio se observó que, en niños de 8 años, la agresividad obstaculiza el desarrollo de la inteligencia.

 

4. Las personas inteligentes entienden las emociones de otros

En años recientes el concepto de “inteligencia emocional” ha ganado presencia en la literatura especializada e incluso en artículos de difusión. Ser inteligente es también entender nuestras emociones y las de los demás, y no sólo desde un punto de vista discursivo o conductual sino también anatómico y aun evolutivo, pues la habilidad empática (“ponerse en los zapatos del otro”, como se dice coloquialmente) está relacionada directamente con el desarrollo de las regiones del cerebro encargadas del procesamiento de las emociones, como el córtex cerebral y el sistema límbico.

 

5. Las personas inteligentes no piensan que son mejores que los demás

Los prejuicios son signos inequívocos de falta de inteligencia. En psicología se conoce bien el efecto de compensación mediante el cual un individuo busca sobreponerse a su propia inseguridad creyéndose mejor que otros. Por ejemplo, en una investigación de la Universidad Brock de Ontario se encontró una relación entre personas con un bajo coeficiente intelectual y posturas como la homofobia, el racismo o la aprobación de castigos severos.

 

¿Qué te parece? ¿Crees, como nosotros, que la inteligencia auténtica se distingue por estar orientada a tener una mejor vida, ser más solidario con los demás y cuidarte mejor? No dejes de compartirnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota.

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19 estrategias de lenguaje corporal para ejercitar tu persuasión y convencer a otros de tus ideas

Salud

Por: pijamasurf - 03/13/2017

El cuerpo es el mejor recurso para que tus ideas se abran paso en el mundo real

La historia de la humanidad es, hasta cierto punto, la historia de la persuasión. Todos tenemos ideas, pero no todas logran abrirse paso en el mundo. ¿Por qué motivos? Entre otros tanto o más importantes, porque no todas las personas creen con el mismo fervor en lo que piensan y no todas se empeñan en que otros compartan su entusiasmo. Cuántos proyectos no se han quedado dentro de la mente de alguien, o entre los últimos vapores de una taza de café, disipados en las volutas de un cigarro…

Nadie, hasta ahora, ha descifrado el secreto del convencimiento, seguramente porque no existe o, mejor dicho, porque no descansa en una fórmula única que podría aplicarse en cualesquiera circunstancias. Convencer a otros de algo parece más bien una suma o una coincidencia de elementos entre los que el lenguaje corporal es uno de los más importantes.

En efecto: ¿cómo transmitir la pasión por una idea si no a través de nuestro propio cuerpo? ¿Cómo no usar todos sus recursos a favor de dicho propósito? Quien acompaña su discurso de una sonrisa, de una postura firme, de matices y modulaciones en su voz, de la relajación y la tranquilidad, usualmente transmite una impresión de confianza, seguridad y credibilidad. Esto no lo es todo, claro, pero sin duda es más probable que creamos en la idea de alguien que parece saber de lo que habla que en la de otra persona que sólo titubea y se muestra confundida.

A continuación compartimos una lista --que se extendió conforme la realizábamos-- de estrategias que fortalecen dicha persuasión. La mayoría están relacionadas directamente con el cuerpo y su lenguaje, pero otras podrían parecer un tanto tangenciales o fuera del tema. Con todo, las incluimos porque es claro que no existe la división entre mente y cuerpo: todo lo que pasa por nuestra cabeza encuentra, inevitablemente, expresión en algún punto de nuestro cuerpo.

 

Lo elemental del cuerpo

1. Haz contacto visual, siempre

Este es un consejo básico. El contacto visual, incluso por razones evolutivas, se recibe como símbolo de fortaleza y seguridad por parte de la persona que lo sostiene. ¿Cómo vas a convencer a otros sin seguridad en ti mismo?

 

2. Que tu postura sea firme

Saca el pecho, endereza tu columna, abre un poco tu compás. En pocas palabras, mantente en pie y firme. Todo esto con naturalidad, sin que parezcas un militar acartonado y solemne. No fijo ni tieso, sino fuerte y seguro. Aunque camines o te sientes, tu postura firme puede conservarse, porque no es sino expresión de tu propia seguridad interior. El ejercicio, por cierto, ayuda: realiza ejercicios para los músculos de tu espalda, los de tus hombros y los de tu abdomen.

 

3. Sonríe

Las emociones también son importantes, y una enseñanza tan vieja como Esopo asegura que se atraen más moscas con miel que con vinagre.

 

4. Gesticula

¡Contagia tu entusiasmo! Gestos faciales, ademanes y todo lo que puedas hacer con tu cuerpo es otro recurso para generar empatía con quien te escucha y, de esa manera, hacer que crea en tu idea y la acepte.

 

La voz y las palabras

5. En general, aumenta la velocidad con la que hablas

Hablar con fluidez hace que los otros te perciban como experto y confiable. La famosa “facilidad de palabra”, sin embargo, no se obtiene gratuitamente, ni es innata, sino que, como otras cualidades, se cultiva y se ejercita. Lee, escucha programas de radio o podcasts en los que predominen el debate y la conversación; también puedes imaginar que te encuentras en un escenario en el que tienes prohibido quedarte callado. Sigue el hilo de tus pensamientos, seguramente tienes mucho que decir.

 

6. Y sé consciente de ciertas inflexiones

Intenta no tener un tono de voz plano. Cuando sea necesario, eleva el volumen; si haces una pregunta, remárcala, y lo mismo si recurres a una expresión admirativa. Si quieres cautivar la atención de quien te escucha, haz que tu voz se convierta en el camino inesperado por donde va a pasear.

 

7. Recurre al silencio con inteligencia

Como en la música, el silencio es en el discurso un elemento que puedes utilizar a favor de tu expresividad. Después de lanzar una pregunta, un silencio breve da a la otra persona la sensación de sentirse apelada y por lo tanto incluida, aunque seas tú quien va a dar la respuesta. El silencio también da la impresión de sabiduría, de reflexión e incluso de complejidad de mente.

 

8. Utiliza las palabras en función del efecto que buscas

Las palabras tienen un peso específico, como sucede con la materia física, en buena medida porque las comprendemos únicamente en su relación con las demás. Hay palabras que nos hacen sentir bien, otras nos recuerdan situaciones dolorosas, otras más pueden asustarnos o incluso enfurecernos. ¿Qué efectos quieres provocar en tu audiencia y qué palabras vas a elegir para conseguirlo?

 

El comportamiento

9. Utiliza algunos objetos

Ciertos objetos pueden inducir inconscientemente una impresión en tu auditorio. Una pluma, por ejemplo, usada a manera de batuta, puede generar la idea de que como los directores de orquesta, estás en control de la situación. Fumar un cigarro mientras hablas puede imponer cierta aura de experiencia sobre lo que dices. Juguetear con unos lentes puede darte la seriedad que a históricamente se le atribuye a estos accesorios, por asociación con las personas dedicadas al estudio.

 

10. Asiente más

Esta sencillísima conducta contribuye a crear una atmósfera de confianza con tu audiencia. Pero úsala con moderación y sutileza, pues el exceso puede hacer creer a la otra persona que sólo la estás adulando.

 

11. Intenta deshacerte de tus tics nerviosos

La inseguridad emocional llega a expresarse de formas muy concretas: hay quien se frota las orejas, otros se tocan la cara, algunos comienzan a mover sus piernas con desesperación, y más. Toma conciencia de qué haces tú cuando te pones nervioso/a y, cuando se presente ese tic, evítalo.

 

12. Relájate, pero no tanto

En cierto punto del proceso de convencimiento puede ayudar que te muestres relajado. Estira un poco las piernas, respira hondo, sonríe con tranquilidad. Sin embargo, tampoco te excedas, pues podría parecer que ha dejado de importarte lo que dices o la persona que te escucha.

 

13. Acércate, pero sólo lo suficiente

El acercamiento físico también es simbólico. Cuando nos acercamos a alguien para decirle algo se crea la sensación de que le estamos revelando algo que nadie más sabe, que confiamos en esa persona, pero al mismo tiempo puede llegar a percibirse como una amenaza, como el deseo de imponer un dominio.

 

14. Haz contacto físico

También usado con cautela, el contacto físico puede consolidar la impresión de confianza y cercanía. Algunos gestos, además, como los abrazos o tomar de la mano a una persona, generan la idea de protección, cuidado o preocupación por el otro. Cabe acotar que recurrir a estos, sin embargo, depende mucho del tipo de relación que tienes con la persona con quien estás.

 

15. Muévete

Este puede ser un buen recurso para fortalecer la impresión de que sabes de lo que hablas. La inquietud del cuerpo puede hacer creer en la inquietud de tu mente. Si vas de un lado a otro es porque lo vivo de tu idea no te deja quedarte en un solo lugar.

 

El estado anímico

16. Evita los aires de superioridad o el suelo de la autocompasión

Existen por lo menos dos modos de comportarse que son una garantía casi infalible de jamás poder persuadir a otra persona nada. Uno, la rigidez excesiva, esa soberbia desde la cual algunos miran a los demás, instalados en lo alto de su columna de marfil. El otro, el pantano de la nula autoestima, en el cual ni siquiera quien habla cree realmente en lo que dice.

 

17. Relájate

Parece que este punto se repite, pero en realidad no es así. En este caso se trata de una relajación mucho más profunda y general. Mostrarse relajado genera la impresión de seguridad en uno mismo y confianza.

 

18. No exageres

Borges, Wilde y otros escritores sabían que, en literatura, el énfasis tiene el efecto paradójico de debilitar una expresión creativa. Habla fuerte y seguro de ti mismo, pero tampoco tanto como para que parezcas un líder fascista arengando a las masas; muévete y gesticula, pero sin llegar a los extremos de los mimos y los payasos; mira a la gente a los ojos, pero sin que los tuyos lloren y te duelen porque al fijarlos tanto te olvidaste de parpadear. Sé persuasivo, pero sin que parezca que esa es tu única meta en la vida o lo único que te define como persona.

 

19. Sé sincero

Finalmente, sé sincero. Nada convence más que hablar con el corazón, por así decirlo. Y, en el mismo sentido, nada ahuyenta más que notar la mentira en las palabras de quien nos habla. Respeta a tu interlocutor hablándole con verdad: verás que sabrá agradecerlo.

 

¿Qué te parece? ¿Agregarías alguna estrategia? No dejes de darnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota.

 

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