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Él es el primer hombre transgénero en un cargo público, y fue elegido en Japón

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/21/2017

Un joven transgénero se convirtió recientemente en concejal de Iruma, una ciudad en el centro de Japón

Actualmente es imposible negar la realidad de la diversidad sexual. Si desde siempre, en toda la historia de la humanidad, la preferencia sexual nunca ha estado asociada únicamente al género o a la reproducción (esto es, en todo momento ha habido homosexualidad, bisexualidad y heterosexualidad), desde hace algunas décadas a ello se ha sumado la posibilidad del cambio de género, una transformación factible gracias al desarrollo de distintas áreas de la medicina. Hace tiempo, en Pijama Surf compartimos la historia de Christine Jorgensen, quien se considera la primera transexual de la historia y quien consumó su operación de cambio de sexo en 1952.

Retomamos el tema porque, hace unos días, Japón se convirtió en el primer país en elegir a una persona transgénero para un cargo público.

El hecho ocurrió en la ciudad de Iruma, prefectura de Saitama, en la zona central de la isla. Ahí, con 21 votos a favor (de 22 posibles), Tomoya Hosoda fue elegido como el primer concejal transgénero del gobierno local.

“Hasta ahora, las personas han actuado como si las minorías sexuales no existieran. Tenemos muchos obstáculos que superar, pero espero estar a la altura de las expectativas de todos”, dijo Hosoda, quien actualmente tiene 25 años de edad y quien desde el 2015 cambió su nombre y su género ante la autoridad civil de Japón.

El flamante concejal declaró también que su prioridad como funcionario público serán los sectores de la población vulnerables, como las personas discapacitadas y los ancianos, para quienes buscará construir un sistema de apoyo que parta de la idea de la diversidad.

Cabe mencionar que ya en el 2003 Aya Kamikawa, una mujer transgénero, había resultado electa como oficial de municipalidad en Tokio. Ahora, con la elección de Hosoda, parece confirmarse que en Japón la orientación sexual no es una circunstancia que empañe las capacidades de una persona en otras áreas de su vida.

 

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La realidad no es la representación que nos hacemos de ella, y este mapa del arquitecto japonés Hajime Narukawa es el mejor ejemplo de ello

La cartografía, con ser una ciencia, es también una ilusión. Posee procedimientos rigurosos y aspira a la fidelidad de llevar a un mapa la realidad geográfica de nuestro planeta, pero en la medida en que se traduce en una representación que a su vez provoca un efecto en las personas, los mapas que se generan pueden mirarse asimismo como un recurso por el cual generaciones enteras son formadas bajo ciertas ideas. Ciertos cartógrafos medievales, por ejemplo, situaban a Jerusalén en el centro del mundo. A medidos del siglo XX, el artista uruguayo Joaquín Torres García dibujó un mapa de América del Sur pero invertida, esto es, con el Ecuador en la base y la Patagonia en la parte superior, un gesto artístico pero también político con el que quiso manifestar que no todo el arte valioso y digno de reconocimiento se generaba en los países del norte.

Estos ejemplos, entre otros motivos, sirven para preguntarnos por el significado de los mapas, para no verlos con inocencia sino, por el contrario, con cierto escepticismo, como representaciones de una realidad que desde otras perspectivas puede ser distinta.

Prueba de ello es el trabajo del arquitecto japonés Hajime Narukawa, quien desde hace 10 años ha buscado la representación más exacta posible, en un plano bidimensional, de la forma esferoide oblata de nuestro planeta.

Los mapas del mundo que usualmente vemos usan la proyección de Mercator, llamada así en honor al cartógrafo flamenco Gerardus Mercator, quien la desarrolló en 1569. Por casi 500 años nuestra idea de los continentes, mares y casquetes polares ha dependido de una proyección que convierte la forma de la Tierra en un cilindro que hace posible su representación en dos dimensiones. Aunque útil, este método es impreciso, pues en última instancia no refleja las dimensiones reales de la geografía terrestre. Por poner dos ejemplos sencillos: África y la India son mucho mayores de lo que estamos habituados a imaginar, y la verdad es que ni Estados Unidos ni Europa son tan grandes como parecen.

Narukawa ha seguido en parte los pasos de Buckminster Fuller, arquitecto e inventor que, preocupado también por estas cuestiones, desarrolló el mapa Dymaxion, una proyección en la que la Tierra se convierte en un icosaedro para que las caras de éste puedan desplegarse en un plano.

En la proyección de Narukawa, denominada Authagraph, ese poliedro que corresponde a la esfera terrestre está compuesto de 96 caras triangulares de idéntica superficie que, al desdoblarse, se transforman en el tan asequible mapa rectangular al que estamos acostumbrados.

Sólo que en este caso no es el mapa de siempre, sino uno en el que las dimensiones de todo cuanto existe sobre la superficie del planeta se acercan con la mayor precisión posible a la realidad.

El mapa no es el territorio, decía un motto célebre hace algunos pocos años. La realidad, después de todo, no es solamente la representación que nos hacemos de ella, pero no menos cierto es que estas representaciones, si nos descuidamos, son capaces de determinarla.