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¿Por qué con la edad la resaca es cada vez más insoportable?

Salud

Por: pijamasurf - 03/31/2017

La ciencia te explica por qué para tu cuerpo es más intolerable el alcohol conforme envejeces

Si tienes más de 29 años y bebes, habrás notado que la potencia de tus resacas aumentó notablemente. No, no se trata de tu imaginación, de una etapa de tu vida o de tu cuerpo en particular. Con el tiempo, y más aún después de cumplir dicha edad, el organismo tiende a procesar cada vez menos el alcohol, y el resultado son esos tremendos dolores de cabeza (que incluso pueden llegar a durar hasta 3 días), náuseas, etcétera.

Estos son los motivos científicos de por qué con la edad las resacas se vuelven cada vez más insufribles:

 

  • Conforme envejeces, tu organismo se hace cada vez menos capaz de descomponer el alcohol. Ello genera que en tu cuerpo quede presente por mucho más tiempo un químico llamado acetaldehído, el cual provoca las náuseas, mareos y dolores de cabeza insoportables. Mientras más tomas, más de esta sustancia se queda en ti por más tiempo.
  • Luego de los 25 años, el cuerpo es cada vez menos efectivo para responder a los embates, desde un accidente hasta una resaca.
  • Retienes menos agua: la edad también merma la capacidad de hidratación del cuerpo, y aunque cumplas con la norma de hidratarte mientras bebes, el agua se queda menos tiempo en tu cuerpo y, en cambio, el alcohol permanece más tiempo allí.
  • La euforia que experimentas al tomar se sustituye aún con mayor potencia por un sentimiento de ansiedad y depresión.

Las emociones negativas son fundamentales para la salud mental... déjalas ser

Salud

Por: pijamaSurf - 03/31/2017

Entender que las emociones negativas y “malos” momentos son parte de la vida, curiosamente resulta liberador para la mente

El aparato de la felicidad como lo conocemos ahora, es en realidad bastante nuevo. Durante milenios, generaciones y generaciones asumían con naturalidad que esta vida, entendida como felicidad plena, es una utopía y, más contracultural aún (o al menos así suena hoy), eso no le quitaba lo bello ni hacía que no mereciera ser vivida.

Como ejemplo tenemos fragmentos de los huehuetlatolli, la palabra antigua de los mexicas, donde en algunas cartas de un padre dirigidas a su hija se muestra cómo en la cosmovisión de dicha cultura éste era un mundo de obstáculos y también de sufrimientos, y no por ello un lugar exento de felicidad, es decir, que el enfrentar períodos o momentos de tristeza, frustración, miedo, etc., es simplemente parte de la vida.

Hoy, sin embargo, con la maquinaria que nos obliga irremediablemente a ser felices todo el tiempo (y además demostrarlo obsesivamente en las redes sociales) pareciera que los sentimientos “negativos” se vuelven aún más frustrantes, ya que les hemos negado el derecho a la normalidad --por cierto, por primera vez en la historia. Lo anterior genera sociedades obsesionadas con sentirse bien todo el tiempo, como si ello fuese un sinónimo de felicidad.

Estudios recientes han confirmado la sabiduría del conocimiento milenario de que la felicidad plena es una utopía, e incluso se ha advertido que la aceptación de las emociones negativas como parte de la vida no sólo nos prepara para los momentos malos (algo así como hacían los estoicos), sino que este entendimiento es también crucial para la salud mental.

Un estudio de la Universidad de la Tecnología de Queensland en Australia, hecho en el 2009 y liderado por el psicólogo David J. Kavanagh, encontró que los pacientes con problemas de alcohol y drogas que evitaban los pensamientos que les conducían a tomar fueron más propensos a hacerlo. Es decir, reprimir los pensamientos que molestan genera que no puedan sanarse.

Por su parte, otra investigación de la Universidad de Florida, realizada en el 2012 por Eric L. Garland, arrojó resultados muy interesantes también con pacientes con dependencia al alcohol. Midiendo sus niveles de estrés por medio de su ritmo cardíaco se descubrió que los pacientes que evadían pensamientos incómodos o dolorosos sufrían más estrés que aquellos que simplemente afrontaban el pensamiento y lo dejaban transcurrir hasta que cesara por sí mismo (algo muy parecido a lo que ocurre con la meditación).

Aceptar el dolor nos provee de herramientas psicológicas para afrontar la existencia. En cambio, obsesionarnos con la idea de que somos raros por no sentirnos felices todo el tiempo nos está ocasionando severos daños psicológicos.