*

X
Regálale a tu existencia unos instantes de simplicidad, te lo va a agradecer

Leaves falling,

Lie on one another;

The rain beats on the rain.

Alan Watts

¿Cómo terminamos inmersos en una realidad donde tomarte unos instantes para escuchar caer la lluvia representa un acto contracultural? Sería bueno cuestionarnos periódicamente esto.

Vivimos hiperestimulados, proyectando construcciones cada vez más elaboradas, recurriendo a la pretensión como credo, persiguiendo orgasmos tántricos, discursos lucidores, fórmulas para ser más felices o atajos para volvernos cultos.

Pero ¿dónde quedó el sonido de la lluvia golpeando una alfombra de hojas secas?, ¿por qué nos parece hoy algo “poético” cuando en realidad es lo que nos corresponde con mayor naturaleza?  

No importa cuál sea tu respuesta a las anteriores interrogantes, pero pareciera saludable confrontarlas de vez en cuando. Pero ya entrados en preguntas, también valdría la pena cuestionar por qué para remitirnos a los actos más naturales necesitamos encontrar una nota, muy probablemente en nuestro feed de una red social, que nos invita a escuchar la lluvia vaciarse sobre hojas, cortesía de un video de YouTube de larga duración. ¿No te parece ligeramente ridículo o un tanto artificioso?

En todo caso tenemos que encontrar una salida; y aunque a veces dudo de que el proceso comience en un texto como este (o en cualquier otro texto), tampoco descartemos que, recordando que la salida del laberinto está en el centro, la historia de nuestra liberación incluya ingredientes como YouTube, Facebook o Pijama Surf. En todo caso esto sólo lo saben la lluvia y las hojas, el sonido que juntas producen.

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Te podría interesar:

Descubren un hoyo de conejo que conduce a cueva templaria de 700 años

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/09/2017

En estas cuevas y pasadizos se congregaron los Caballeros Templarios, druidas y paganos en el paso del tiempo

En un paisaje que incita tanto al misterio como el británico no sería extraño imaginar cuevas medievales, sectas, caballeros, al interior de los magníficos verdes de sus colinas. Lo curioso es que lo anterior, parecido a un cliché de la imaginación, resultó una realidad, según documenta el sitio Bored Panda, y precisamente en Gran Bretaña, en Shropshire.

Un agujero cuya apariencia luce exactamente como el “rabbit hole” proyectado por Lewis Carroll, con menos de 1m de diámetro y asomado en una especie de minicolina rodeada de maleza, musgo y árboles, conduce a pasadizos que se desdoblan en cuevas de roca y que hace unos 700 años pertenecieron a los Caballeros Templarios (la orden militar católica que aumentó su poder e influencia gracias a las famosas Cruzadas, en las que eran recuperadas reliquias y vestigios cristianos de Tierra Santa).

Según los rastros, estas cuevas fueron también empleadas por los druidas (miembros de la clase sacerdotal de Gran Bretaña), paganos y algunas otras sectas.

Los pasadizos llevan a un altar donde se reunían los Caballeros Templarios en una suerte de viaje al inframundo cercano. Hastiados de la concurrencia a la zona, los pobladores de Shropshire decidieron cerrar esta cueva definitivamente. Por fortuna, su existencia fue documentada por el fotógrafo Michael Scott antes de que eso sucediera.