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¿Qué efectos tiene la pornografía en el cerebro de quien la consume?

Salud

Por: PijamaSurf - 03/31/2017

Los especialistas consideran que la descarga excesiva de dopamina reduce la actividad de los centros de recompensa, haciendo que la repetición de la conducta sea cada vez más urgente y cada vez menos satisfactoria

Algo cambia, no sabemos muy bien qué, pero después de ver porno algo deja de ser lo que era. Una parte, aunque sea mínima, sabe que el porno es sólo la actuación de unas personas teniendo sexo, que puede resultar incluso más excitante que el de la vida real. Estudios publicados en los Archives of General PsychiatryJAMA– deducen que la creciente excitación generada por el porno proviene de una sobreestimulación del sistema de recompensa del cerebro, lo cual puede desarrollar una especie de adicción y algunas disfunciones sexuales. 

Basta ver una porno para sentirnos excitados y eufóricos. 

La sensación puede compararse con la de comer una hamburguesa de una cadena de comida chatarra: el sabor es delicioso y hay un latente deseo de seguir comiéndola; sin embargo, la incomodidad de la grasa arrastrándose a lo largo de la garganta y la conciencia de que eso no es más que un amalgamiento de químicos nos obligan a alejarla de nuestra boca. 

Es decir que la pornografía, en sus múltiples presentaciones, de las más ligeras a las más hardcores, tiene la capacidad no sólo de hacernos sentir excitados sino también promover su consumo más frecuente para provocar el mismo nivel de euforia sexual. No obstante, tiene consecuencias a mediano y largo plazo: primero, el porno estimula la misma zona cerebral que las adicciones, provocando una mayor resistencia y deseo de algo “más fuerte”, haciendo que el “sexo regular” deje de ser placentero; segundo, la focalización en la zona genital inhibe las sensaciones de otras zonas erógenas, facilitando un posible desorden sexual; tercero, la creencia que los cuerpos –quirúrgica y químicamente alterados– de los actores son la norma de todos los cuerpos que no trabajan en la industria del porno genera una pobre autoestima en el espectador; cuarto, el porno promueve ideas falsas en torno a cómo se debe tratar a la pareja durante el acto sexual. 

Los especialistas consideran que la descarga excesiva de dopamina reduce la actividad de los centros de recompensa, haciendo que la repetición de la conducta sea cada vez más urgente y cada vez menos satisfactoria. Es decir que cuanta más pornografía se ve menor actividad realiza este centro de recompensa, lo cual provoca que el cerebro necesite más dopamina para sentir el mismo efecto con la misma intensidad, en especial en el cuerpo estriado, la corteza cinglada anterior –dedicada al control ejecutivo y control emocional– y la amígdala –enfocada en las emociones.

Esto no quiere decir que la pornografía no pueda fungir como una herramienta importante para el autoerotismo y el erotismo en pareja. Quizá dependería del tipo de pornografía que se consume (probablemente, el mejor es aquel enfocado en la equidad de género y en el erotismo incluyente con cada fantasía sexual) y la creatividad imaginativa que se estimule durante la práctica sexual. Por ello, es importante saber elegir casi inteligentemente el tipo de pornografía que se va a consumir –y va a impactar en nuestro cerebro. 

3 inesperados factores que contribuyen a la depresión, según la ciencia

Salud

Por: pijamasurf - 03/31/2017

Quizá es tiempo de repensar eso a lo que llamamos progreso, ya que muchas de sus manifestaciones nos están literalmente enfermando

Sobre la depresión se ha hablado últimamente más que nunca en la historia. Hoy es uno de los problemas de salud pública más importantes. Lo anterior resulta paradójico, ya que la esperanza de vida ha crecido como nunca (rondando los 80 años en la mayoría de los países) y, a la par, estamos más rodeados de avances tecnológicos; estas cualidades deberían supuestamente ser idóneas, al menos desde nuestra concepción occidental de progreso.

Sin embargo, ¿por qué la depresión es un tema cada vez más recurrente? Las teorías abundan, entre ellas nuestra desconexión con la naturaleza (lo que actualmente ocurre más que nunca), la pérdida de comunidad (como resultado del individualismo capitalista), etc. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto?

A pesar de que aparentemente estamos mejor como sociedad (aunque no lo creas, también es el período más pacífico de la historia), algo no está bien. Antiguamente, partiendo de que ninguna sociedad concebía que la vida podía ser felicidad perenne, los individuos asimilaban el hecho de que la vida está constituida de momentos de todo tipo. En cambio, hoy parece que estamos obligados a sentirnos felices todo el tiempo, no obstante que las emociones consideradas como negativas contribuyen a la salud mental.

Un interesante artículo de Waking Times desglosa factores que generalmente no son tomados en cuenta al momento de diagnosticar una depresión y que, paradójicamente y explicados por la ciencia, nos muestran por qué nos estamos literalmente enfermando de esta época:

 

Mala alimentación

La idea imperante de “progreso” nos ha llevado a la industrialización de los alimentos, y con ello nos ha privado del derecho más básico de todos: el de una alimentación saludable, la cual no puede ejercerse si los alimentos disponibles son procesados en su mayoría, y los orgánicos son muy costosos. En los últimos años, por ejemplo, se ha confirmado que el microbioma humano que nos habita es una especie de segundo cerebro, y sí: si no está sano, tus emociones tampoco lo serán.

 

Anemia espiritual

La desacralización de la realidad nos ha llevado a una existencia que se siente vacía. Aunque no hablamos necesariamente de regresar a una religión, la ciencia está comprobando que todo está conectado, tú influyes al universo, y ello vuelve nuestra experiencia en el mundo mucho más trascendente si comenzamos a tomar esto en cuenta. Las sustancias psicodélicas, por ejemplo, están comprobando ser una vía efectiva para tratar la depresión; y es que, curiosamente, uno de sus efectos es proveernos de experiencias que nos muestran la sagrada interdependencia entre todo lo existente.

 

Falta de sol

Estar encerrados casi eternamente y volcados a nuestros dispositivos está haciendo que perdamos contacto con la naturaleza, incluso con el recurso energético por excelencia para la vida humana, el Sol. Este nos provee de vitamina D, la cual influye en nuestra salud mental. Según diversos estudios, una deficiencia de Sol puede aumentar hasta en un 85% la sensación de depresión.

La lista es larga, aunque afortunadamente están comenzando a estudiarse factores que erróneamente enclavamos en el concepto de "progreso". Nos encontramos en tiempos de muchos cambios, y uno de los más prometedores es el tratamiento de las enfermedades no de manera aislada sino ligadas al todo, desde traumas infantiles o accidentes hasta lo más básico, como la falta del vital contacto con la naturaleza.