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Sacerdote, rabino y ateo fuman marihuana juntos (VIDEO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/18/2017

¿Podría la marihuana resolver las diferencias que existen entre personas creyentes y ateas?

¿Podría la marihuana, con el estado de tranquilidad al que usualmente induce, solucionar el conflicto permanente entre personas que profesan una religión y otras que no?

En parte, dicha pregunta es la premisa que suscitó este experimento social montado por la productora Cut, que reunió a tres personas en apariencia muy distintas y hasta opuestas: un rabino, un sacerdote anglicano y un joven ateo.

El suyo, sin embargo, no fue un diálogo común, sino uno realizado bajo los efectos de la marihuana (lo cual, por otro lado, tampoco es del todo ordinario).

El encuentro es sin duda interesante, pues de algún modo deja ver que la fe religiosa no es un motivo auténtico de distanciamiento. Dicho de otro modo: dado que todos compartimos la condición humana, todos podemos encontrar un punto en común y de diálogo con el otro, incluso en medio de la diferencia.

Significativamente, hacia el final del video el rabino dice, a propósito de la marihuana:

Si te ayuda a ser una mejor persona, si te levanta y te da algo, una nueva perspectiva de la vida, entonces es algo bueno.

Cabría preguntar si eso mismo puede decirse de las religiones, del ateísmo o de cualquier otra idea con la que nos movemos por el mundo: ¿nos ayuda a ser mejores personas?

 

*Puedes ver el video subtitulado activando la función de "Traducir subtítulos" de YouTube.

 

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Vemos al mundo según nuestra cultura: el individualismo occidental, el colectivismo oriental

Sociedad

Por: PijamaSurf - 03/18/2017

Nuestra forma de concebir las relaciones con otros varía ampliamente según la cultura a la que pertenecemos.

La historia, geografía y cultura moldean la manera en que percibimos nuestro entorno y manejamos nuestras relaciones. Desde la religión de nuestros ancestros hasta la manera en la que éstos cultivaban pueden tener efectos en nuestras asociaciones cognitivas. Oriente y Occidente, separados culturalmente en muchos sentidos, son una gran prueba de la existencia de esquemas distintos de percepción.

Una de las diferencias centrales es el individualismo y el colectivismo. El individualismo se centra en la idea del sujeto independiente en todo sentido: aquel que piensa que las cosas dependen de su propio desempeño. Ésta es la ideología que cubre a Occidente.

Mientras tanto, el colectivismo piensa en los sujetos como entes interconectados y privilegia la idea de grupo sobre la de individuo. Países asiáticos como Japón, China o la India tienden a la idea de colectividad.

Esto tiene efectos en todos los aspectos de la vida. Desde la forma en que se socializa hasta la manera en que cada uno se ve a sí mismo y sus aspiraciones. Las sociedades occidentales ponen más énfasis en el éxito personal y la búsqueda de felicidad individual. Esto desemboca en una necesidad de mayor autoestima. Lo anterior también se relaciona con los conceptos occidentales de libertad y capacidad de tomar decisiones independientemente del contexto.

En un estudio del 2007, Steven J. Heine y Takeshi Hamamura mostraron una de las consecuencias de esta autovalidación: una tendencia occidental a sobreestimar las capacidades. Entre un grupo de profesores norteamericanos, el 94% de los participantes declaró tener habilidades arriba del promedio mientras que en pruebas afines en Asia esta tendencia es prácticamente inexistente, e incluso tendió a la subestimación de las capacidades.

Similar a lo anterior, Thomas Talhelm, de la Universidad de Chicago, realizó una prueba en la que se pedía a los participantes que dibujaran diagramas en los que plasmaran sus relaciones con amigos y socios. Los participantes de sociedades individualistas tendieron a dibujarse sustancialmente más grandes que el resto, mientras que los de las sociedad colectivas unificaban el tamaño.

En las sociedades colectivistas se privilegia un pensamiento “holístico”, es decir, los problemas y situaciones son valorados poniendo énfasis en los contextos e interrelaciones que los rodean. Las sociedades individualistas tienden a desmenuzar los problemas, dividirlos en partes y verlos como fijos e inamovibles. Incluso la manera en que miramos las cosas es afectada por esto. Un estudio de Richard Nisbett sobre la mirada, mostró como los participantes occidentales centraban su visión en los elementos enfocados de las fotografías mientras que los participantes orientales privilegiaban el fondo y todo aquello que rodeaba el punto de foco.

Sin embargo, estas divisiones no son tajantes. No se puede separar oriente y occidente como si no tuvieran interacción alguna y aún dentro de los países y regiones existen variables.

Un ejemplo contundente de esto lo demuestra el estudio de Thomas Talhelm que compara dos regiones de China. Por un lado, la gente en la región norte de Beijín privilegia en trabajo en equipo y es más sociable y colaborativa, mientras que le gente en el sur, tiende a una disposición más reservada e individualista. Esto está asociado con el cultivo de arroz en el norte y de trigo en el sur. El cultivo de arroz requiere irrigación artificial que abarque varias granjas además de ser una actividad mucho más agotadora y activa. Es una labor que no puede cumplirse sin cooperación y convivencia. Mientras tanto, el trigo depende de la lluvia y requiere mucho menos trabajo. Los agricultores no tienen necesidad de interactuar con sus vecinos.

Este estudio demuestra que aún dentro de culturas con tendencias hacia el colectivismo los matices abundan y no se trata de una predicción exacta. Por otro lado, también queda claro que el contexto social, más que la genética, ha moldeado la manera en que los humanos interactúan y, eventualmente, sus estilos cognitivos.

Estos dos elementos se pueden entrever en el estudio de Alex Mesoudi sobre inmigrantes de la India en Londres. Aún desde la primera generación, los hijos de los inmigrantes tienden a occidentalizar sus comportamientos y a adoptar elementos individualistas.

Los factores culturales que nos llevan a concebir el mundo de cierta manera son un mosaico complejo. La interacción histórica entre Oriente y Occidente, exacerbada en tiempos recientes, asegura el intercambio cultural y, en un mundo cada vez más globalizado de intercambios desiguales, las líneas entre estas percepciones se vuelven cada vez más borrosas.