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¿Y si la necesidad de autoconfirmación fuera la responsable de las ilusiones ópticas?

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 03/23/2017

Las primeras impresiones sobre algo –o alguien– casi siempre tienden a ser autocomplacientes

Daniel Kahneman, psicólogo y ganador del premio Nobel en economía, ha dedicado su vida para comprender la intuición, los lapsus y la irracionalidad humana. Para el octogenario especialista en la mente, el enfoque que le ayudó a comprender la complejidad del hombre es tener en cuenta que “las personas piensan como observan”. Es decir que frente al mismo evento, dependiendo de cómo se perciba, se puede pasar por alto o caer en la confirmación de patrones inconscientes. 

 

Si bien depende del contexto, la percepción visual posee un proceso que suprime la ambigüedad. En otras palabras, se elige una interpretación frente a un estímulo visual, reduciendo la  toma de conciencia en torno a la ambigüedad del pensamiento. Kahneman utiliza el ejemplo que compartimos a continuación, el cual se puede “leer” tanto horizontal como vertical pues el símbolo que se encuentra en medio puede ser una B o un 13. En otras palabras, una interpretación se cambia por otra mientras la lectura alterna se suprime, provocando que el patrón análogo se vuelva un hábito mental: “Cuando interpretamos, muchas de las características de la percepción visual se retienen, como la búsqueda de coherencia, cosas que nos hagan sentido estando juntas. Puedes percibir cosas que no están ahí en percepción. Todos hacemos eso.”

 

 

Para Kahneman, un ser humano interpreta un estímulo externo a partir de la experiencia propia, moldeando la actitud y la conducta en relación con el exterior. Es decir, ejemplifica el especialista originario de Tel Aviv, “las primeras impresiones [sobre alguien] tienden a ser autocomplacientes: si consideras que alguien es hostil contigo, tú actuarás hostil con él o ella, promoviendo su hostilidad en un ciclo sin fin –y el pensamiento de que tus primeras impresiones eran correctas todo el tiempo”.

 

Es la autoconfirmación la que no sólo busca una interpretación de lo que está sucediendo sino que también moldea mentalmente al estímulo externo para que se adapte a la interpretación inicial. Es un proceso que ocurre durante el microsegundo de la percepción, el cual ayuda a disminuir la incertidumbre de la ambigüedad. Por lo tanto, la interpretación construida es un eje que contiene el poder de alterar la conducta y la actitud en torno a un vínculo, una actividad o la vida misma. ¿Será que no deberíamos confiar a ciegas en las primeras impresiones que aparecen en nuestra mente? 

Paralelos entre la visión holográfica de la cosmología moderna y la cosmología budista del Sutra de la Guirnalda

En cada partícula de polvo hay tantos budas como hay partículas de polvo en todos los mundos. Cada buda en su lugar rodeado de varias asambleas cuales océanos de bodhisattvas.  

Avatamasaka Sutra

El Dalái Lama llamó al libro en el que establece un diálogo entre la ciencia y la espiritualidad budista El universo en un solo átomo. El título es significativo ya que este concepto --de la totalidad en la parte-- se encuentra tanto en la ciencia moderna como en el budismo.

El físico David Bohm, quien en gran medida fue el maestro de ciencia del Dalái Lama, desarrolló una interpretación de la mecánica cuántica en la que sugiere que la totalidad de la información del universo yace codificada en cada región del tiempo-espacio. Bohm fue quien primero introdujo la metáfora de un holograma para explicar la naturaleza del cosmos; en su teoría, el universo es como una imagen holográfica que, no importa cuántas veces sea dividida, mantiene la totalidad de la información de la misma (la noción de un universo holográfico es usada de manera distinta por los físicos actualmente: se dice que nuestro universo es la proyección tridimensional de una espacio base bidimensional). Bohm llamó a esta propiedad fundamental "holomovimiento" y con ella quiso explicar las extrañas propiedades de la física cuántica. El holomovimiento es el flujo de la totalidad implicada; las cosas son vistas como constantemente emergiendo y disolviéndose en un océano indiferenciado de materia y conciencia. Las cosas que surgen, sin embargo, no existen de manera independiente o permanente sino que son imágenes de la totalidad indivisible; no pueden concebirse como entidades cerradas sino solamente como procesos, manifestaciones de un perpetuo devenir de infinito potencial. El lector notará evidentemente los paralelos con la filosofía de Whitehead y sobre todo con varias corrientes de filosofía oriental. La idea del universo como un proceso infinito que no puede ser delimitado o fijado en entidades individuales es central al budismo. En el libro mencionado el Dalái Lama da la visión cosmológica del Abidharma y del Kalachakra:

En el corazón de la cosmología budista yace no sólo la idea de que existen múltiples sistemas de mundos --infinitamente superiores en número a los granos de arena del río Ganges, según algunos textos-- sino también la idea de que están en un constante estado de surgir y disolverse. Esto significa que el universo no tiene un comienzo absoluto. 

En el que me parece es el texto más psicodélico de la historia (así también descrito por su traductor Thomas Cleary) y en el cual se encuentran embriones de lo que hoy llamamos popularmente una visión fractal y una visión holística del universo, el Avatamasaka Sutra (el Sutra de la Guirnalda), se dice que existen tantos universos como el resultado del "cuadrado de lo incalculable" que es una función de lo "inefable", "multiplicado por sí mismo". Es en este texto del mahayana, que fue comenzado unos 500 años después de la muerte de Buda, que se introduce la metáfora de la red de Indra (o collar de perlas de Indra), algo así como la visión holográfica del universo de la antigüedad. El Dalái Lama la describe en El universo en un solo átomo:

En dicha red, ninguna joya yace en el centro o en la orilla. Cada una de las joyas está en el centro en el sentido de que refleja a todas las otras joyas de la red. Al mismo tiempo, está en la orilla en el sentido de que ella misma es reflejada en todas las otras joyas. Dada la profunda interconexión del universo, no es posible tener conocimiento ni siquiera de un solo átomo sin ser omnisciente. Conocer completamente un solo átomo significa conocer todas sus relaciones con todos los fenómenos de un universo infinito.  

Esto es así, según el budismo mahayana, porque todas las cosas se originan en interdependencia, coemergen, no tienen existencia inherente, su existencia está dada solamente en una red de relaciones que no tiene principio ni final, por lo cual hasta la cosa más pequeña depende de todas las otras (esto es otra forma de decir que el universo está vacío). Por fortuna, según el mismo budismo mahayana, la mente búdica es omnisciente y cada uno de nosotros en la pureza de nuestra mente es un buda, así que quizás no nos esté velada esta posibilidad majestuosa de conocer la totalidad del universo en el destello de un solo átomo. Como inspiración en este hipotético sendero de visión holográfica consideremos algunos de los extraordinarios versos del Sutra de la Guirnalda, en los cuales se establece la noción fundamental de unidad entre los átomos, los universos y los budas. Nos dice el sutra de manera incansable que existen tantos budas como átomos en los universos, lo cual parece sugerir que la realidad entera está iluminada:

Los que tienen una mente virtuosa recorren este camino...

Ellos ven budas en el espacio de un punto,

su número incontable e inefable,

lo mismo es verdad para todo fenómeno...

[...] Inconmensurables, ilimitados e incontables eones

ven claramente en un instante.

Vemos que el título del libro del Dalái Lama pudo haberse originado de este maravilloso texto:

Incontables e ilimitadas tierras

ellos causan que entren a la vez en un solo átomo,

que es capaz de contenerlas todas sin disminución...

[...] El poder espiritual de todos los budas

muestra miríadas de tierras en un átomo:

de varios tipos, todas claramente vistas,

como reflejos, no tienen realidad intrínseca.

El Sutra de la Guirnalda no escatima en ninguna medida y con un lujo nunca visto describe incontables mundos y los budas que los habitan, acaso como una especie de manjar inspiracional para aquellos en el sendero:

Algunas tierras están bien dispuestas,

formadas como la red de Indra:

algunas son como los moños de los dioses...

algunas son como las manos de los budas...

algunas son como los relámpagos...

Se compara a los mundos con las hojas en un bosque, unas cayendo y unas creciendo; se dice que existen mundos de pura luz, mundos de flores de diamante (y en los diamantes hay múltiples budas), mundos que descansan en brotes de flores de loto, mundos que son "como las nubes que producen reyes dragones en el cielo". En el universo fraguado por la pureza activa del Buda Vairocana: 

En cada átomo del mundo del Banco de Flores

se puede ver el universo del cosmos elemental:

Luces enjoyadas despliegan budas como masas de nubes,

Esta es la libertad de los budas en su campo.

[...] En cada átomo yacen múltiples océanos de mundos

sus locaciones cada una diferente, todas bellamente puras:

Así el infinito entra en uno,

sin embargo cada unidad permanece distinta, sin superposición.

Se dice que tal profusión de mundos es la aparición que resulta de la mente de los seres, cada mundo un reflejo de sus actos. Una profusión que, sin embargo, está más allá del monismo y de conceptos como "todo es una sola mente". Misteriosamente, un Buda experimenta la totalidad pero no se anonada en la misma, mantiene diferencia. Y a final de cuentas, los diversos mundos, vistos con visión pura, no son realmente dukkha, son adornos, la infinita guirnalda de la potencia creativa de la mente. Como dice Thomas Cleary en su traducción: "todas las manifestaciones, todos los fenómenos, pueden ser referidos como 'adornos'". Esta es la deliciosa promesa del cosmos del bodhisattva: no sólo beatitud espiritual sino también estética.

 

Twitter del autor: @alepholo