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5 beneficios neurológicos de disfrutar del silencio

Salud

Por: PijamaSurf - 04/26/2017

El silencio brinda varios beneficios que impactan positivamente tanto en nuestras emociones como en nuestra percepción del mundo (externo e interno) y en el cuerpo

Para la meditación mindfulness, el individuo es un epicentro y el sonido se mueve circularmente alrededor de él. Es como si uno fuera un silencioso centro de todo el universo y cada sonido quisiera inundarlo para cautivar cada fibra del cuerpo corporal, psíquico y espiritual. Por esta razón (y para alcanzar un mayor nivel en la trascendencia psíquica), es importante poner en práctica el silencio. 

Guardar silencio es una práctica muy antigua. Se dice que los alumnos de Pitágoras debían pasar 5 años en silencio como prueba para ser admitidos en su escuela de Crotona. Para el histórico filósofo el silencio era realmente un trabajo moral que se ajustaba a la reencarnación y a la versión griega de la ley del karma. Y es que permanecer en silencio trasciende la acción conductual, se convierte en una experiencia de alquimia en la que se escucha al mundo entero llenando nuestro interior, proveyendo la toma de conciencia en torno al centro de la vida.

En la práctica –y quizá la cotidianidad– el silencio brinda varios beneficios que impactan positivamente tanto en nuestras emociones como en la percepción del mundo (externo e interno) y en el cuerpo. Escuchar el silencio es, en otras palabras, mantener al cuerpo y a la mente en un estado de iluminación. Conoce algunos beneficios físicos y emocionales de permanecer en silencio: 

– El silencio desarrolla la creatividad

El cerebro requiere de un período de tranquilidad y silencio para procesar y asimilar la información que ha adquirido en los últimos momentos del mundo exterior. Una vez integrada, el hipocampo reactiva ideas relacionadas con la fantasía, la imaginación y el desarrollo de habilidades cognitivas. De alguna manera, el silencio facilita una postura más creativa y abierta al mundo, pues promueve un cambio fisiológico compatible al proceso de excitación, explotación y creatividad.

– El silencio reduce los niveles de ansiedad y estrés

Una vez que el silencio activa el hipocampo, las emociones comienzan a normalizarse, los niveles de cortisol disminuyen considerablemente, y tanto la presión arterial como la circulación sanguínea en el cerebro se regulan.

– El silencio ayuda a regenerar las conexiones neuronales

Esta actividad promueve el desarrollo celular del hipocampo, región cerebral relacionada con la memoria y los sentidos. De este modo, la ausencia de estímulos acústicos facilita el desarrollo de procesos congnitivos como el aprendizaje, la memoria y la emoción, la atención y la motivación. 

– El silencio reduce la posibilidad de enfermedades

En especial cuando se trata de padecimientos como hipertensión, hipotensión, insuficiencia cardíaca, afecciones cerebrovasculares y enfermedades renales. Esto sucede debido a que el ruido activa la amígdala, la cual, a su vez, provoca segregación de cortisol –hormona relacionada con el estrés. Si el cuerpo segrega este neurotransmisor durante períodos prolongados, su sistema inmunológico empieza a perecer, resultando en varias enfermedades tanto físicas como mentales. 

– El silencio incrementa los niveles de endorfinas

Estos neurotransmisores se relacionan con la sensación de bienestar y felicidad, disminuyendo significativamente el dolor tanto físico como emocional. 

6 claves del lenguaje corporal para interpretar lo que una persona es, piensa y quiere de verdad

Salud

Por: pijamasurf - 04/26/2017

El cuerpo siempre está aquí y ahora, por eso siempre es el canal por donde transcurre nuestra verdadera intención

En ocasiones anteriores hemos hablado en Pijama Surf del lenguaje corporal, esa especie de discurso más allá de nuestras palabras en el que también se transmite algo, a veces incluso con mayor veracidad que aquello que decimos.

Quizá por esto mismo, el lenguaje corporal es también un tema de gran atracción, pues pareciera que muchos de nosotros estamos dominados por el deseo de saber algo más de la persona con quien hablamos, como si quisiéramos aprender a leer ese subtexto que solemos atribuir a la actitud del otro –como en esta escena de Annie Hall:

Más allá de las intenciones de quien habla o de quien escucha, es un hecho que nuestro cuerpo también habla y dice. En Occidente existe cierta tendencia a relegar el cuerpo, a marginarlo y situarlo por debajo de otras cualidades como la razón o el pensamiento, sin darnos cuenta de que ello es imposible, en la medida en que el cuerpo siempre está aquí.

A continuación compartimos seis claves más o menos inequívocas para interpretar el lenguaje personal, gestos en los que nuestro cuerpo toma parte para dar realidad a lo que de verdad somos, pensamos y queremos.

 

1. Las manos

Las manos suelen ser, después de la mirada, uno de los principales canales de transmisión de nuestros pensamientos, nuestra postura frente a cierto tema y nuestro estado de ánimo –más allá de lo que podamos decir con nuestras palabras. Más allá de ciertos gestos habituales (hay quien, por ejemplo, acompaña una exposición intelectual con muchísimos ademanes), el movimiento exagerado de manos suele ser indicador de una excitación extraordinaria, la cual puede tener distintas causas: estrés, sensación de acorralamiento, deseo de disimular lo que se está diciendo, pero también entusiasmo o expectativa.

 

2. Gestos parásitos

Tocarse las orejas, afilarse la nariz o pasarse la mano por el cabello se consideran gestos “parásitos”, nombre que se refiere al hecho de que, en general, no contribuyen al discurso sino que más bien lo minan, o distraen. De hecho, expertos en lenguaje corporal sostienen que dichos gestos parásitos son indicador de algo muy específico: la mentira.

 

3. Mimetismo corporal

Hasta cierto punto es más o menos natural que adoptemos los gestos de las personas con quienes convivimos a menudo (familiares, amigos, pareja, etc.), lo cual puede tomarse como expresión del gregarismo y el deseo de pertenencia propio del ser humano (lo que se explica incluso a nivel neuronal). Sin embargo, en el caso de los individuos que llevan este mimetismo a niveles exagerados e imitan el lenguaje corporal de prácticamente toda persona con quien se cruzan, esto usualmente habla de una falta de confianza y también cierta necesidad de ser aceptado, a toda costa, por el interlocutor.

 

4. La sonrisa de Duchenne

Hace tiempo reseñamos en Pijama Surf los tétricos experimentos de Guillaume Duchenne, médico y psiquiatra francés que en el siglo XIX se afanó en entender el efecto de la electricidad en el cuerpo humano, así como en la generación y manipulación de las emociones. A esas investigaciones se remonta el concepto de “sonrisa de Duchenne”, la cual se caracteriza porque a los músculos cercanos la boca que se mueven al sonreír, se suman los músculos orbiculares de los ojos, cuya contracción resulta en las características arrugas que se forman cuando sonreímos o reímos de buen grado. Una sonrisa falsa se distingue de una sincera por esta combinación de gestos y por eso ha llegado a decirse que uno ríe también con los ojos.

 

5. La posición de cerrazón

Cruzar los brazos sobre el pecho es un gesto bien conocido de protección. Simbólicamente, con este ademán se impone una barrera entre la persona que lo hace y aquella o aquellas con quienes habla o se encuentra, quizá por debilidad, inseguridad y también por una intención inconsciente de parecer más fuerte o firme de lo que se es.

Cabe acotar, sin embargo, que como en esta foto de William Faulkner, ese mismo gesto puede ser también de tranquilidad o conformidad (“los brazos cruzados pero no como en la iglesia, como tras el almuerzo”, según dice Pierre Michon en el ejercicio de écfrasis que hace sobre esta misma imagen).

 

6. La nariz

Los especialistas en lenguaje corporal realizan este experimento: se le pide a una persona que, sin que nadie la vea, tome un objeto pequeño en una de sus manos, cierre el puño y, de este modo, lo esconda para los demás; acto seguido, se le pide que extienda las manos. Inconscientemente, los individuos que realizan esta prueba tienden a girar ligeramente el rostro hacia la mano donde guardan el objeto. En este sentido, si deseas saber dónde esconde alguien algo que no quiere que encuentres, pregúntale dónde está y sigue la dirección de su nariz para saberlo.

 

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Con información de lefigaro.fr