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¿Cómo activar y reforzar el sistema inmunológico de la psique?

Salud

Por: PijamaSurf - 04/25/2017

Dado que son las emociones lo que, de alguna manera, enferma al cuerpo, también son lo que puede ayudarlo a curarse

Para el actual Dalái Lama, la rabia es una de las razones por las que el sistema inmunológico tiene recaídas significativas. Para la ciencia, el estrés es una de las principales causas de enfermedades físicas –como gripa, úlceras, gastritis, dermatitis– y emocionales –como ansiedad, depresión, bipolaridad. Es una realidad que las emociones tienen un impacto más o menos evidente en la salud del cuerpo de una persona. 

En un período a largo plazo, las emociones negativas como el enojo, la tristeza y el estrés, pueden tener consecuencias graves en el cuerpo. Cada una de estas emociones provoca que el cuerpo se descompense y su sistema regulatorio –conocido como homeostasis– se altera hasta normalizar la adrenalina como modus vivendi y se convierte en un estado regulatorio disfuncional llamado alostasis. Las consecuencias pueden llegar a ser muy serias: insomnio, poco descanso, recaída del sistema inmunológico, úlceras o gastrtitis, enfermedades endócrinas, problemas en el sistema sexual, etcétera.  

Dado que son las emociones lo que, de alguna manera, enferma al cuerpo, también son lo que puede ayudarlo a curarse –siempre y cuando las causas sean psicosomáticas. Para ello, están estos cinco consejos que procurarán cuidar al sistema inmunológico mediante las enfermedades. 

– ¿Cuál es el origen de las emociones?

Existe una falsa creencia de que las emociones provienen del exterior (de las acciones de otras personas, del medio ambiente, del pasado, del futuro), cuando en realidad surgen y se mantienen al interior de uno. Los factores externos son sólo desencadenantes de las emociones que ya se encuentran dentro y que, si no se toman en consideración para su debida elaboración, pueden provocar recaídas significativas del sistema inmunológico. Dirigirse hacia adentro tendrá mejores resultados que dejarse llevar por lo que se encuentra afuera. 

– Evitar “salidas fáciles”

Las conductas compulsivas o actividades que se encuentran de moda son algunos ejemplos de estas “salidas fáciles” que ayudan, más que nada, a evadir el malestar físico. Existe la diferencia entre actividades que realmente liberan al cuerpo de la emoción negativa, como el ejercicio, la meditación, las respiraciones profundas, y otras que sólo evaden reprimiendo la emoción que está afectando. Es este último tipo de actividad lo que obstruye el sistema inmune, pues lo que los labios callan, el cuerpo se encarga de gritar en silencio. 

– Discriminar las creencias irracionales

Las creencias irracionales, en especial las que afectan nuestro autoconcepto, pueden provocar una serie de malinterpretaciones en función de la conducta de otras personas, desconexión entre la mente y el cuerpo, refuerzo de la tristeza, enojo, estrés, entre otros. Por ello es importante tomar conciencia de lo que se está pensando, y así cuestionarse acerca la veracidad de ese pensamiento. En caso de no ser ciertas las creencias, hay que desecharlas. 

– Aprender a respirar

La respiración adecuada, en cuatro puntos de 4 segundos cada una, siempre ayuda a regular al cuerpo y a conectar la mente con el cuerpo, generando claridad en el pensamiento y estabilidad emocional. Incluso ayuda a disminuir la tendencia a sobrepensar y, por lo tanto, la presencia de creencias irracionales. 

– Está bien tomar un descanso

Hay ocasiones en que el estrés o la tristeza provocan cansancio excesivo, por lo que tomar un descanso de desconexión es incluso necesario. Con el tiempo, la motivación regresará en forma de resiliencia y supervivencia. La psique, como el cuerpo, necesita también descansar. 

6 claves del lenguaje corporal para interpretar lo que una persona es, piensa y quiere de verdad

Salud

Por: pijamasurf - 04/25/2017

El cuerpo siempre está aquí y ahora, por eso siempre es el canal por donde transcurre nuestra verdadera intención

En ocasiones anteriores hemos hablado en Pijama Surf del lenguaje corporal, esa especie de discurso más allá de nuestras palabras en el que también se transmite algo, a veces incluso con mayor veracidad que aquello que decimos.

Quizá por esto mismo, el lenguaje corporal es también un tema de gran atracción, pues pareciera que muchos de nosotros estamos dominados por el deseo de saber algo más de la persona con quien hablamos, como si quisiéramos aprender a leer ese subtexto que solemos atribuir a la actitud del otro –como en esta escena de Annie Hall:

Más allá de las intenciones de quien habla o de quien escucha, es un hecho que nuestro cuerpo también habla y dice. En Occidente existe cierta tendencia a relegar el cuerpo, a marginarlo y situarlo por debajo de otras cualidades como la razón o el pensamiento, sin darnos cuenta de que ello es imposible, en la medida en que el cuerpo siempre está aquí.

A continuación compartimos seis claves más o menos inequívocas para interpretar el lenguaje personal, gestos en los que nuestro cuerpo toma parte para dar realidad a lo que de verdad somos, pensamos y queremos.

 

1. Las manos

Las manos suelen ser, después de la mirada, uno de los principales canales de transmisión de nuestros pensamientos, nuestra postura frente a cierto tema y nuestro estado de ánimo –más allá de lo que podamos decir con nuestras palabras. Más allá de ciertos gestos habituales (hay quien, por ejemplo, acompaña una exposición intelectual con muchísimos ademanes), el movimiento exagerado de manos suele ser indicador de una excitación extraordinaria, la cual puede tener distintas causas: estrés, sensación de acorralamiento, deseo de disimular lo que se está diciendo, pero también entusiasmo o expectativa.

 

2. Gestos parásitos

Tocarse las orejas, afilarse la nariz o pasarse la mano por el cabello se consideran gestos “parásitos”, nombre que se refiere al hecho de que, en general, no contribuyen al discurso sino que más bien lo minan, o distraen. De hecho, expertos en lenguaje corporal sostienen que dichos gestos parásitos son indicador de algo muy específico: la mentira.

 

3. Mimetismo corporal

Hasta cierto punto es más o menos natural que adoptemos los gestos de las personas con quienes convivimos a menudo (familiares, amigos, pareja, etc.), lo cual puede tomarse como expresión del gregarismo y el deseo de pertenencia propio del ser humano (lo que se explica incluso a nivel neuronal). Sin embargo, en el caso de los individuos que llevan este mimetismo a niveles exagerados e imitan el lenguaje corporal de prácticamente toda persona con quien se cruzan, esto usualmente habla de una falta de confianza y también cierta necesidad de ser aceptado, a toda costa, por el interlocutor.

 

4. La sonrisa de Duchenne

Hace tiempo reseñamos en Pijama Surf los tétricos experimentos de Guillaume Duchenne, médico y psiquiatra francés que en el siglo XIX se afanó en entender el efecto de la electricidad en el cuerpo humano, así como en la generación y manipulación de las emociones. A esas investigaciones se remonta el concepto de “sonrisa de Duchenne”, la cual se caracteriza porque a los músculos cercanos la boca que se mueven al sonreír, se suman los músculos orbiculares de los ojos, cuya contracción resulta en las características arrugas que se forman cuando sonreímos o reímos de buen grado. Una sonrisa falsa se distingue de una sincera por esta combinación de gestos y por eso ha llegado a decirse que uno ríe también con los ojos.

 

5. La posición de cerrazón

Cruzar los brazos sobre el pecho es un gesto bien conocido de protección. Simbólicamente, con este ademán se impone una barrera entre la persona que lo hace y aquella o aquellas con quienes habla o se encuentra, quizá por debilidad, inseguridad y también por una intención inconsciente de parecer más fuerte o firme de lo que se es.

Cabe acotar, sin embargo, que como en esta foto de William Faulkner, ese mismo gesto puede ser también de tranquilidad o conformidad (“los brazos cruzados pero no como en la iglesia, como tras el almuerzo”, según dice Pierre Michon en el ejercicio de écfrasis que hace sobre esta misma imagen).

 

6. La nariz

Los especialistas en lenguaje corporal realizan este experimento: se le pide a una persona que, sin que nadie la vea, tome un objeto pequeño en una de sus manos, cierre el puño y, de este modo, lo esconda para los demás; acto seguido, se le pide que extienda las manos. Inconscientemente, los individuos que realizan esta prueba tienden a girar ligeramente el rostro hacia la mano donde guardan el objeto. En este sentido, si deseas saber dónde esconde alguien algo que no quiere que encuentres, pregúntale dónde está y sigue la dirección de su nariz para saberlo.

 

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Con información de lefigaro.fr