*

X

Este es el día en Nepal en que los perros son venerados como dioses (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/21/2017

En Nepal, durante el festival Kukur Tihar, se venera a los perros como dioses y se les ofrecen abundantes viandas, perfumes, flores y demás delicias para llevarlos al éxtasis de los sentidos

Los perros son los entrañables compañeros del ser humano. En la mayor parte del mundo tienen un lugar especial entre los animales (salvo en algunos lugares, como en ciertas partes de Asia, donde se los comen). En Ia mitología hinduista, de una vastedad insuperable, existen perros que son adorados com deidades y en el plano terrestre tienen sus festejos. En Nepal, durante el Festival de las Luces Tihar, que ocurre en otoño, se tiene un día especial, el Kukur Tihar, en el que se venera a los canes y se les ofrecen deliciosas alimentos y golosinas, se les llena de flores y perfumes, se les canta, se les recitan mantras y en general se les atiende como si vivieran en el paraíso. Con esto se honra la amistad que existe entre especies, así como también las manifestaciones de ciertas divinidades como perros. El festival también venera a los cuervos y a las vacas. 

Bhairava, una de las manifestaciones iracundas del dios Shiva, tiene como vehículo a un perro. Igualmente, el dios de la muerte Yama tiene una compañía de dos perros, cada uno con cuatro ojos, los cuales vigilan las puertas de algo similar al infierno (algo que hace pensar también en el Can Cerbero, el perro de Hades de múltiples cabezas).

Otra historia relacionada narra que a la muerte del príncipe Yudhisthira, éste se encontró con el dios Indra, quien le pidió que dejará a su perro para poder permanecer en el cielo. Yudhisthira se negó a entrar al cielo sin la compañía de su fiel mascota. Finalmente Indra mostró compasión y dejó a ambos entrar, no sin antes deificar al perro.

Este festival muestra una curiosa belleza, la belleza de la ternura y la extrañeza de invertir los papeles como ocurría en las Saturnalias, donde los esclavos eran atendidos por los amos, un cambio de rol que da oxígeno a la sociedad. Las cosas se vuelven al revés por un día. Curiosamente, en inglés la palabra "dog" al revés es "god" (el perro es un dios de cuatro patas, sin ego, ayudándonos a despertar en una misión sigilosa).

 

La comunidad que antes acogía a un joven ha desaparecido, abandonándolos en la orfandad narcisista del mundo contemporáneo

Es muy posible que los primeros 10 o 15 segundos de este video nos parezcan familiares, conocidos, tanto por lo que se dice como por cómo eso se dice. La vehemencia, el mensaje aparente (y el soterrado), la actitud, los gestos. Muchos, en cierta forma, estuvimos ahí. Muchos a los 15, 16, 18 años, quisimos dejar la escuela, huir de casa, ir adonde toda la vida nos habían dicho que no debíamos ir. Muchos desarrollamos una alergia a la autoridad, a la disciplina y a la obediencia, al menos en sus símbolos más obvios: los padres, los maestros, las leyes del gobierno…

Y esto no es casual. La adolescencia, como todo lo humano, es un invento cultural. Tener 16 años es un hecho fisiológico, natural; no así ser adolescente.

Las hipótesis varían, pero en general una de las más aceptadas es aquella que marca el surgimiento del adolescente en el siglo XVIII europeo, en el marco de la Revolución Industrial. Hasta ese momento, no existía una diferencia tan tajante entre el “joven” y el adulto, esencialmente porque el proceso de desarrollo de los niños ocurría aparejado con la vida social de la comunidad, de tal modo que para cuando alcanzaban cierta edad (no casualmente, aquella en la que se manifiesta el segundo despertar sexual importante en el ser humano, entre los 12 y los 14 años), sabían y podían hacer lo necesario para incorporarse a esa misma comunidad, la cual, por otra parte, porque los necesitaba para continuar funcionando, les tenía reservado un lugar. Lo común, a este respecto, era que el joven conociera el oficio de la familia o, en otros casos, fuera enviado como “criado” o “sirviente” de otra distinta a la suya; ahora quizá a algunos esto les parezca inadmisible, que su hijo sea el “aprendiz” de alguien, pero, visto desde otra perspectiva, se trata de un mecanismo muy eficaz para asegurar la continuidad de la sociedad.

La transición tenía entonces algo de automática: el niño pasaba a ser adulto si no suavemente –porque, por otro lado, el cambio de etapas representa por sí mismo ciertas dificultades–, sí al menos atemperado, cobijado por toda una estructura social que acompañaba la adquisición de ese estatus de adulto funcional, responsable, necesario para la comunidad.

Durante la Revolución Industrial, sin embargo, se consolidó una ruptura en esa funcionalidad comunitaria que, entre otras consecuencias, limitó la incorporación de los jóvenes a los procesos propios de la comunidad. El trabajo infantil se prohibió y, en cambio, se generalizó la asistencia a la escuela; los niños pasan más tiempo al cuidado de sus padres y, con ello, la etapa de la infancia protegida va ensanchándose cada vez más, con cierto efecto de “desvalimiento” hacia los niños, quienes si antes estaban obligados a conocer un oficio y, paralelamente, aprender cómo incorporarse a la vida de la comunidad, a partir de esta época se pierde parte de ese proceso de autodescubrimiento y realización propia.

Esto, claro, en el caso de jóvenes cuyas familias podían sostener ese tipo de bienestar. Para quienes no, el panorama era más arduo, pues la sociedad cambió sin tomarlos en cuenta, sin reservarles un lugar en el funcionamiento de la comunidad, como sucedía antaño.

La juventud va convirtiéndose así, poco a poco, en una etapa de dudas, de desconocimiento (tanto subjetivo como del mundo), de enojo, también de creatividad y de compañerismo, en buena medida, todo ello articulado por una condición fundamental: la pérdida de esa estructura que antes acogía al joven en su asunción de su lugar como adulto.

El adolescente, en este sentido, está como suelto, marginado. No por nada uno de los reclamos más comunes de esta edad (como en el video que motivó esta nota), es el de la incomprensión. "Nadie me entiende", dijimos muchos en algún momento de la adolescencia, en buena medida porque a nadie se le ocurre explicarle a un joven no cómo funciona el mundo, sino qué necesita para construir su propia comprensión del mundo, su manera de moverse ahí, la forma de arrebatarle lo que quiere para su vida y que el mundo, por definición, lo retiene.

En el caso de este video llama la atención que ese reclamo se haga ahora al vacío multitudinario de las redes sociales, ese espejismo que nos hace creer que alguien del otro lado de la pantalla nos escucha, pero que, perversamente, lo único que hace es reforzar nuestra propia opinión. Las redes sociales son un poco como esa caverna a la que acudió Narciso en busca de Eco: hablamos sólo para que resuene mejor nuestra propia voz, nuestro propio punto de vista.

No es este, me parece, un video menor. En cierto sentido puede tomarse más bien como un síntoma.

¿Será que ahora, como tantos otros, los adolescentes también están más solos que nunca?

 

Twitter del autor: @juanpablocahz