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El fascinante significado de la palabra japonesa 'kokoro' (o la unidad de cuerpo, mente y espíritu)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/16/2017

La palabra 'kokoro' muestra un entendimiento integral del ser humano, más cercano al misticismo que al cientificismo

En chino, la palabra xin significa tanto corazón como mente y en la medicina tradicional china se dice que el corazón es el verdadero emperador o regente de un ser humano. Este entendimiento nos sirve para movernos más allá de la concepción cerebrocéntrica o psicocéntrica que caracteriza a Occidente. Esta noción de que la mente o alma está en el cerebro es algo relativamente nuevo; los griegos se preguntaron por el hegemonikón del organismo y muchos lo situaron en el corazón, no en el cerebro.  

Quizás más notable todavía en ese sentido es el entendimiento que muestra el término japonés kokoro. En japonés existe la palabra shinzou para el corazón como órgano físico, ha-tao, que es un anglicismo que connota el corazón-amor y kokoro, concepto que unifica la mente, el espíritu y el corazón. Según Sakiko Yoshikawa, de la Universidad de Kioto: "Cuando decimos 'ella tiene buen kokoro', significa corazón, espíritu, alma y mente juntos". Un término todoabarcador si los hay. El pensamiento occidental se ha basado en el análisis y el aislamiento de diferentes aspectos para definirlos por sus diferencias. Es un pensamiento granular, discreto, digital. En Oriente existe una forma de pensamiento que tiende más a la integración, a lo analógico. Ambas formas tienen cabida y permiten relacionarnos de manera distinta con la realidad.

"¿Son acaso los conceptos occidentales de mente, corazón, espíritu, voluntad, conciencia, alma... las mejores formas de describir la experiencia humana?", dice el profesor Paul Swanson de la Universidad Nanzan de Japón; "O ¿un concepto más amplio e inclusivo nos es útil para entender cómo sentimos y pensamos los humanos?". En este sentido parece que los términos que distinguen diferentes aspectos de los procesos cognitivos, relacionales, soteriológicos y ónticos, añaden riqueza a la diferencia y la particularidad de la experiencia; sin embargo, un término que sea capaz de abarcar estos aspectos, borrar sus fronteras y eliminar diferencias a veces arbitrarias también puede ser útil para formar una perspectiva más integral, lo cual es en sí mismo una forma de percepción.  

El hecho de que el pensamiento científico-materialista sea el dominante en Occidente no significa que no haya una importante tradición que podemos llamar del corazón, de una percepción no constreñida a lo meramente racional. Numerosos místicos han exaltado la inteligencia del corazón y la intuición como un modo de conocimiento que permite acceder a realidades más sutiles. Es en este sentido que parece util reflexionar sobre el término kokoro y, tomando de la tradición contemplativa, saborear y dejar que surjan una serie de tonos resonantes a partir del entendimiento de la unidad de mente, cuerpo, espíritu.

Curiosamente, en Japón se está llevando a cabo una reflexión sobre el kokoro como aquello que diferencia a los humanos de las computadoras. Diversas compañías de innovación tecnológica están buscando incorporar personas con altos coeficientes de kokoro (lo cual es una cierta intuición, impredecibilidad, apertura, etc.) e imbuir esto a sus diseños, particularmente en la generación de robots e inteligencia artificial. No estamos seguros de si esto es una buena idea, ya que tiende a mercantilizar el kokoro y cooptarlo dentro de los valores (o falta de valores) que caracterizan al capitalismo.

 

Con información de Quartz

Niña que vivía con monos es encontrada en un bosque en la India

AlterCultura

Por: - 04/16/2017

Fue hallada en enero en unos bosques del norte de la India en compañía de una manada de monos, actuando como ellos

Una de las herramientas cognitivas que más nos distingue a los humanos es la repetición. Nacemos en un espacio-tiempo determinado donde la cultura circundante, por medio del primer círculo social, la familia, nos forma importantemente. Mucho se ha ahondado sobre hasta qué punto somos información genética o resultado de la cultura.

Y en este debate infinito, el fenómeno de los niños ferales (wild child) ha sido muy influyente. Los niños ferales crecen aislados, generalmente con animales o solos. Si creemos que lo más lógico sería que un niño que crece solo aprendiera, por instinto-genética, a caminar, y quizá no a hablar pero sí a recurrir a comportamientos que consideramos naturalmente humanos, estamos equivocados: numerosos casos en la historia muestran que los niños que creen con animales se comportan como ellos, en un proceso de aprendizaje de imitación, el cual sí parece ser un recurso propiamente humano en nuestros primeros años.

En la mitología tenemos el icónico caso de Rómulo y Remo, fundadores de Roma, amamantados por una loba, o bien, Zeus, del panteón Griego, que según una de las versiones fue criado por una cabra llamada Amaltea. En la historia reciente está el caso de Rochom P'ngieng, hallada en el 2007, quien vivía como una salvaje, sola en el bosque y quien, por cierto, nunca pudo adaptarse a la vida social.

En enero pasado fue encontrada una niña de entre 10 y 12 años en un bosque al norte de la India. Esta niña vivía con un grupo de monos y fue hallada actuando como uno de ellos: corría y caminaba con sus cuatro extremidades, no hablaba, estaba desnuda y comía del suelo haciendo uso únicamente de su boca. Fue encontrada primero por un grupo de leñadores, quienes intentaron rescatarla, pero fueron atacados por los monos. Llamaron entonces a la policía y un oficial la rescató, mientras los monos perseguían el auto.

A diferencia de otros casos, esta niña (cuyos familiares aún no han sido identificados) hoy se encuentra en un hospital en el pueblo de Bahraich, en el estado de Uttar Pradesh, y ha mostrado indicios de adaptación. Luego de un tratamiento de meses ha comenzado a caminar en dos piernas y a comer con las manos; también entiende y sonríe, aunque aún no habla, lo que muestra que en algún momento de su vida tuvo contacto con el lenguaje.