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¿Eres demasiado positivo? Entonces quizá no eres tan empático, según estudio

Salud

Por: pijamasurf - 04/04/2017

El optimismo exacerbado lleva a que la persona no sea capaz de percibir lo que otra persona siente cuando se trata de una emoción muy distinta a la suya

Tomar una buena actitud ante la vida es, sin duda, benéfico para afrontar sus días y momentos complicados. Sin embargo, en esta línea, raya una ligera división que podría resultar, más bien, contraproducente: la negación. En este frenesí de ver todo lo que sucede con "buenos ojos", quizá, más bien, hay cosas que estás bloqueando, que no quieres ver, incluso sobre ti mismo.

En un reciente estudio, publicado en Public Library of Science (PLOS), se encontró que los participantes con una personalidad o actitud más positiva tendieron a reaccionar más a los estímulos de personas que veían en videos cuando se encontraban en un humor más positivo. No obstante, su nivel de empatía disminuía cuando los protagonistas del video mostraban emociones más tristes o negativas. En todos los videos vistos, las personas hablababan de sus vidas.

Los participantes más optimistas encontraron difícil reconocer el tono emocional de un discurso altamente negativo, en el cual un participante describió la muerte de un padre.

Quizá un optimismo alto requiere de una dosis de negación, o de "cegación" ante estímulos que lo disminuyan. Curiosamente, suele creerse que el optimismo, o mejor dicho, las personas altamente positivas, son aquellas con la capacidad de verle el mejor lado a las situaciones. Pero ¿y si más bien se trata de un bloqueo? ¿No habría de llamársele de otro modo?

Como siempre, lo mejor pareciera estar en el equilibrio. Sí, en esta vida es necesaria una dosis diaria de actitud, aunque la negación ciertamente no nos ayudará a evolucionar más rápido, sobre todo considerando que la empatía es un recurso altamente evolutivo. Y tampoco será muy útil para deshacerte de tus propios asuntos sin resolver. 

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Salud

Por: pijamaSurf - 04/04/2017

Entender que las emociones negativas y “malos” momentos son parte de la vida, curiosamente resulta liberador para la mente

El aparato de la felicidad como lo conocemos ahora, es en realidad bastante nuevo. Durante milenios, generaciones y generaciones asumían con naturalidad que esta vida, entendida como felicidad plena, es una utopía y, más contracultural aún (o al menos así suena hoy), eso no le quitaba lo bello ni hacía que no mereciera ser vivida.

Como ejemplo tenemos fragmentos de los huehuetlatolli, la palabra antigua de los mexicas, donde en algunas cartas de un padre dirigidas a su hija se muestra cómo en la cosmovisión de dicha cultura éste era un mundo de obstáculos y también de sufrimientos, y no por ello un lugar exento de felicidad, es decir, que el enfrentar períodos o momentos de tristeza, frustración, miedo, etc., es simplemente parte de la vida.

Hoy, sin embargo, con la maquinaria que nos obliga irremediablemente a ser felices todo el tiempo (y además demostrarlo obsesivamente en las redes sociales) pareciera que los sentimientos “negativos” se vuelven aún más frustrantes, ya que les hemos negado el derecho a la normalidad --por cierto, por primera vez en la historia. Lo anterior genera sociedades obsesionadas con sentirse bien todo el tiempo, como si ello fuese un sinónimo de felicidad.

Estudios recientes han confirmado la sabiduría del conocimiento milenario de que la felicidad plena es una utopía, e incluso se ha advertido que la aceptación de las emociones negativas como parte de la vida no sólo nos prepara para los momentos malos (algo así como hacían los estoicos), sino que este entendimiento es también crucial para la salud mental.

Un estudio de la Universidad de la Tecnología de Queensland en Australia, hecho en el 2009 y liderado por el psicólogo David J. Kavanagh, encontró que los pacientes con problemas de alcohol y drogas que evitaban los pensamientos que les conducían a tomar fueron más propensos a hacerlo. Es decir, reprimir los pensamientos que molestan genera que no puedan sanarse.

Por su parte, otra investigación de la Universidad de Florida, realizada en el 2012 por Eric L. Garland, arrojó resultados muy interesantes también con pacientes con dependencia al alcohol. Midiendo sus niveles de estrés por medio de su ritmo cardíaco se descubrió que los pacientes que evadían pensamientos incómodos o dolorosos sufrían más estrés que aquellos que simplemente afrontaban el pensamiento y lo dejaban transcurrir hasta que cesara por sí mismo (algo muy parecido a lo que ocurre con la meditación).

Aceptar el dolor nos provee de herramientas psicológicas para afrontar la existencia. En cambio, obsesionarnos con la idea de que somos raros por no sentirnos felices todo el tiempo nos está ocasionando severos daños psicológicos.