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Esta antigua fábrica de cemento resguarda el perfecto balance entre el diseño y la Naturaleza

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 04/10/2017

"Esta fábrica de cemento, la cual data del primer período de la industrialización de Cataluña, no se construyó de un solo golpe"

Es especialmente hermoso ver cómo Eros, dios del amor y energía psíquica que transmite vida, puede encarnar en cualquier objeto olvidado, destrozado y roído por el tiempo. En ocasiones la naturaleza se encarga de regresar a la vida espacios inhabitados; en otras, se requiere de la mano del hombre para lograr instaurar su belleza. Un ejemplo del regreso de Eros ante la creatividad de un hombre es La Fábrica. 

Se trata de una antigua fábrica de cemento que había estado abandonada desde la segunda guerra mundial en un inesperado rincón en las afueras de Barcelona, en Cataluña. Fue en 1973 que el arquitecto Ricardo Bofill se encontró ahí mismo un mundo de posibilidades, y llenó de Eros lo que el tiempo había dejado abandonado. 

Bofill ha tardado casi 45 años en transformar esta antigua máquina de contaminación, regresándole a la naturaleza lo que le corresponde. Mientras que el interior se ha convertido en un hogar adornado por un peculiar follaje, el exterior se ha vuelto un adorno de la vegetación de la región. En palabras de Bofill: “Tengo la impresión de vivir… en un universo cerrado que me protege del exterior y la cotidianidad.. […] La vida continúa en una constante secuencia, con una muy pequeña diferencia entre trabajo y divertimento”.

De alguna manera, La Fábrica ha sido una fuente de inspiración y creatividad a cualquiera que la visite, pues no sólo se inspira la energía trascendental y mística de Eros sino que también se evidencia la posibilidad de la resiliencia en cada elemento de la naturaleza:

Esta fábrica de cemento, la cual data del primer período de la industrialización de Cataluña, no se construyó de un solo golpe, sino que fue mediante una serie de adiciones en función de las crecientes demandas de las cadenas de producción […] 

Al mantener la vista moviéndose como un caleidoscopio, fuimos capaces de imaginar futuros espacios y de encontrar diferentes tendencias visuales y estéticas que coexistieron desde la primera guerra mundial: surrealismo en unas escaleras paradójicas que no llevan a ningún lugar; lo absurdo de algunos elementos colgando sobre vacíos; espacios enormes e inútiles con proporciones extrañas pero que resultan mágicas por su tensión y desproporciones. 

Es abstracción en volúmenes puros, los cuales se encontraron en crisis durante las épocas más difíciles. La brutalidad en un tratamiento abrupto y calidades esculturales de los materiales. 

Estas son algunas fotografías de este mágico e histórico lugar: 

El zoroastrismo tenía la costumbre de realizar funerales abiertos en promontorios, los cuales hoy son bellas reliquias

El zoroastrismo (también conocido como mazdeísmo) es una de las religiones más importantes en la historia de la humanidad, aunque no es tan conocida actualmente en Occidente, salvo por algunos famosos como Freddie Mercury y Nietzsche, quienes vieron virtud en su sistema e inspiración en su gran profeta, Zoroastro. Esta religión podría ser uno de los primeros monoteísmos en la historia, con un énfasis en la dualidad de la luz y la oscuridad. El zoroastrismo ha influido enormemente en el islam y el misticismo sufí, que tienen en Irán uno de sus centros neurálgicos. 

Una de las costumbres más hermosas de esta religión es la práctica de funerales a cielo abierto en las llamadas "torres de silencio" o dakhma. Los zoroastros de Yazd usaban promontorios como fosas para llevar a cabo funerales abiertos, colocando a sus muertos para que fueran devorados por aves de rapiña. Esta costumbre, con sus propios matices, sigue presente actualmente en algunos lugares de los Himalayas.

Según el zoroastrismo, los animales y los elementos aceleran la descomposición llevándose todo lo impuro, en un proceso de transformación que es importante para la comunidad.

Esta práctica funeraria ya no se realiza, pero originalmente se colocaban los cuerpos en círculos concéntricos con los pies apuntando al centro; los niños en la parte interior del anillo, luego las mujeres y finalmente los hombres. Una vez que los cuerpos habían sido despedazados y los huesos debilitados, estos últimos eran llevados a una fosa central.